domingo, 12 de febrero de 2017

Las "subastas de estados emocionales" y el marketing que se viene

Con el auge de Internet de las Cosas, la información sobre los hábitos y hasta estados fisiológicos aporta una nueva herramienta a las empresas a la hora de vender sus productos a los consumidores.
Escena uno, en un futuro cercano: el contacto vía voz con sistemas de inteligencia artificial que intentarán vendernos cosas ya no tendrá un timbre artificial y robótico, sino que imitará el tono de la voz a la que le tengamos más confianza. Un algoritmo podrá, por ejemplo, buscar en YouTube un video de nuestra madre o de nuestro padre hablando, y a partir de allí construir un mensaje comercial que tenga más chances de ser exitoso.
Escena dos: una cadena de cafeterías le paga a Nintendo para que coloque un Pokémon de los muy difíciles de conseguir justo en la entrada de sus locales, en un día de frío y lluvia. Las probabilidades de entrar a consumir una bebida caliente allí, con la satisfacción del Pokémon cazado, aumentan.
Escena tres: en varios países del mundo, el voto no es obligatorio. Un candidato con dinero para la campaña tiene cada vez más recursos tecnológicos para inducir estados de ánimo y comportamientos en las horas previas a la elección, en lugares donde hay alta correlación entre asistencia y voto por un determinado partido. Por ejemplo, arreglando para que una cadena emita ese día una maratón de una serie muy popular, con instrumentos muy a medida de los gustos y las preferencias de cada votante.
"Cada experiencia que vivimos impacta en nuestro estado de ánimo y comportamiento, y cada día que pasa, a medida que el océano digital se vuelve el medio en el cual vivimos, es más fácil controlar esas experiencias, optimizarlas, reconfigurarlas y personalizarlas. La disponibilidad de esta caja de herramientas va a cambiar radicalmente las prácticas de marketing en un futuro cercano", asegura Marcelo Rinesi, científico de datos y tecnólogo, quien días atrás realizó una presentación sobre "El futuro del marketing" en el Instituto Baikal.
Rinesi cruza la disponibilidad de ciertas tecnologías -particularmente, de las vinculadas a la inteligencia artificial- con los modelos de negocios hipotéticos para obtener rentabilidad de ellas. Cuando ambos caminos se cruzan, crecen las probabilidades de ocurrencia.
Por caso, Rinesi se imagina que pronto "todo lo que no rompa las leyes de la física o de los mercados estará sujeto a una subasta digital, en la que distintas marcas ofrecerán cada vez más dinero para generar distintos estados de ánimo que induzcan una determinada decisión de consumo". Si una compañía de música sabe que la nostalgia lleva a determinada persona a una mayor propensión a comprar temas musicales, podrá acordar con la red social de esa persona para que le muestre en primer lugar la foto de un hijo cuando era bebe, o de una pareja con la cual se separó hace un tiempo. "El primer paso que vemos hoy es que si estamos leyendo un artículo sobre una helada en determinado lugar, aparezca un aviso de una marca de estufas. El segundo, que ya es completamente factible, es inducirnos a leer sobre heladas, colocando esos textos en lugares más destacados, o reforzando y visibilizando más los párrafos sobre una neumonía de Hillary Clinton en una nota sobre las elecciones en los Estados Unidos."
Con el auge de Internet de las Cosas, la información sobre nuestros hábitos y hasta estados fisiológicos crece exponencialmente. Según un reporte de IDC de hace tres semanas, en 2020 habrá disponible en Internet información por el equivalente a 44 zettabytes (un zettabyte es un 10 elevado a la 21). El mayor salto se dará en categorías de datos sobre nuestro ciclo de vida con IoT y en conversaciones en plataformas de chat que podrán ser analizados por sistemas computacionales cognitivos. Hasta 2003, estima Deloitte, se generaron dos exabytes de información. En 2011 se creó ese volumen en dos días, en 2020 se tardará diez minutos. Un reloj que suba online nuestros signos vitales podrá indicarle a una marca que no nos ofrezca nada en la hora posterior a comer unas pastas, porque habrá menores chances de compra. "Cada pedazo de información nuestra que tenga alguien está potencialmente disponible para otro jugador que pueda hacer dinero con él", dice Rinesi.
Uno podría señalar que no hay nada demasiado nuevo: la publicidad desde sus inicios tiene su componente de subliminalidad, en el sentido de convencer a los consumidores de que hagan determinada compra sin que sientan que los están presionando a hacerlo. Y también el marketing desde hace años presume de conocer a los consumidores mejor que ellos mismos. La cadena Target en Estados Unidos "sabe" cuando una mujer está embarazada antes de que se haga el test, sólo por los cambios inconscientes en su patrón de consumo. Y ataca con más promociones a personas a las que presume se están mudando o tuvieron un bebe, porque en estos períodos de cambio es más probable que modifiquen sus hábitos de consumo, explica Charles Duhigg en El poder de los hábitos.
Lo que provoca la disponibilidad de infinita información en Internet junto con los avances en inteligencia artificial es un contexto en donde estos mecanismos subliminales se potencial al extremo. Rinesi cree que los que tienen mayores chances de dominar este nuevo mundo son los diseñados de software que trabajan en la interfaz de la programación, el hardware y las respuestas cognitivas. Hay un área que está desarrollando una particular maestría en esta frontera: la de los desarrolladores de videogames. "En este terreno, por ejemplo, es común armar grados de dificultad con una dinámica de «elástico»: el juego «se deja» ganar alguna vez para aumentar nuestro entusiasmo, pero luego se vuelve más difícil. Todo sin que nos demos cuenta, para maximizar nuestro tiempo expuestos a ese programa."
¿Significará esto el final de la profesión de marketing más tradicional? Rinesi remarca que la difusión de tecnologías funciona por "capas" y no por sustitución: todavía hay telegramas o gente que anda a caballo. Seguirá habiendo avisos tal como los conocemos, pero la parte del león de la demanda se jugará en mecanismos más eficientes como los que se describieron anteriormente en la nota.
Una postura de abogado del diablo en esta visión podría destacar que la tecnología sigue siendo una herramienta, y que la creatividad y el conocimiento de las sutilezas del comportamiento humano seguirán siendo el diferencial. Hoy Wunderman, la agencia publicitaria con más empleados del país, tiene más expertos en tecnología que creativos, pero su jefatura sigue siendo "marketinera". Para Darío Straschnoy, socio de Carlos Baccetti en Carlos y Darío, no hay mejor época en la historia que ésta para la creatividad, porque es lo más difícil de reemplazar por máquinas.
Al fin y al cabo, el expertise con AI va bajando día a día su demanda de conocimiento específico. Dos semanas atrás, durante la conferencia O Reilly de Inteligencia Artificial en Nueva York, la firma Bonsai anunció que consiguió seis millones de dólares para su proyecto de "democratizar" esta tecnología: que no haya que ser un doctor en computación para entrar a operar en este mundo. Deep Learning para todas y todos.
Rinesi, que también escribe cuentos de ciencia ficción, cree que hay riesgos de un futuro distópico si "el modelo de negocios establece que las ventas se maximizan con un estado emocional de miedo o de tristeza". Esto es, que los incentivos de este nuevo mercado de consumo vayan en contra de la felicidad agregada. Y que un hipotético subastador digital grite: "Angustia a la una?, angustia a las dos?, angustia del consumidor X vendida a la marca Y para que ésta tenga mayores probabilidades de vender su producto o servicio".

Sebastián Campanario. Para La Nación.

El fin de una ilusión? La utopía de Internet que no supimos conseguir

Una sociedad transparente, información libre, control del poder, una vida más simple: la Web anticipaba un mundo ideal que parece quedar cada vez más lejos
La promesa era una sociedad transparente, con ciudadanos "empoderados", información que circula libremente para todos por igual y redes sociales como nuevos espacios de sociabilidad. La realidad más reciente nos devuelve los sorpresivos resultados del Brexit y la elección estadounidense; la "post-verdad" y los "hechos alternativos"; el protagonismo político de los microclimas de Twitter y Facebook.
La promesa era un mundo más seguro, donde el intercambio de información y la comunicación horizontal favorecerían el control del poder y la convivencia, en el que la vida se volvería más simple y relajada gracias a la tecnología. Hoy, la brecha social, económica y cultural no deja de profundizarse, crece la xenofobia y se afianzan los discursos nacionalistas, los piratas informáticos son la nueva pesadilla global y la ansiedad y la dependencia de los aparatos nos vuelven vulnerables.
En sólo 25 años, Internet impregnó todos los órdenes de la vida, creó su propia utopía y ahora parece estar contradiciéndola. ¿Se terminó el romance con las posibilidades democratizadoras de la Red?
Quizás una primera respuesta tenga que empezar por reconocer que, como con casi todo en esta vida, suele haber una brecha entre lo ideal y lo real, entre las expectativas detrás de una innovación tecnológica y lo que ocurre después. Si algo terminamos de aprender en 2016, es que el universo digital no es precisamente la excepción. Si el creador de Internet, Tim Berners Lee, buscaba hacer posible una red de redes que permitiera compartir información científica, esa posibilidad disparó un sinfín de expectativas con respecto a esas posibilidades, muchas de las cuales se frustraron o tomaron la dirección opuesta. ¿Cuánto de aquella tecnoutopía se logró? ¿En qué medida nuestra percepción sobre el potencial de la world wide web ha ido cambiando con el paso del tiempo?
"Internet fue creada, antes de los billonarios y las apps, por personas formadas en ciencia y tecnología, en su mayoría académicos relativamente jóvenes, con un compromiso instintivo muy fuerte con el flujo libre de información y el uso de computadoras para educación y ciencia. Lógicamente, entonces, la promesa inicial de Internet era que levantaría la cantidad y calidad de información a las que las personas tendrían acceso, de manera gratuita y en un espíritu más académico y 'hobbista' que comercial", reconoce Marcelo Rinesi, científico de datos freelance y miembro del Instituto Baikal.
El especialista sostiene que la brecha entre lo que debía ser y lo que es no es infrecuente en el mundo de la tecnología: "Lo que pasó es lo que siempre pasa: el efecto estructural y a largo plazo de una tecnología tiene menos que ver con la intención de los inventores que con el deseo de los usuarios y de quienes regulan o financian proyectos".
"Si uno mira principalmente sitios de papers científicos y blogs de investigadores -continúa-, la Internet que soñaban al principio sí existe: lo que pasa es que también existe la Internet que no se les ocurrió, y que es muchísimo más grande, simplemente porque hay muchísima más gente que quiere otra cosa."
El optimismo generalizado que despertaba Internet cuando era más que nada una promesa decantó también en la creencia de que esa innovación sería capaz, por sí misma, de tener un impacto social determinante. La tecnología, según este supuesto, modificaría a la sociedad.
Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre, sostiene que aquella creencia continúa bastante vigente, aunque fue perdiendo intensidad a lo largo de la última década. "El determinismo tecnoutópico hoy es permanentemente contrastado con la realidad, ya sea en su vertiente optimista, la que sostiene que la tecnología va a solucionar todos los problemas laborales, educativos, políticos, económicos, o la pesimista, sostenida por la idea de que lo que va a sobrevenir es una suerte de oscurantismo", asegura. Y pone como ejemplo el caso de la pérdida de privacidad. "Es el ejemplo más emblemático, ya que sus consecuencias negativas no son responsabilidad de la tecnología en sí misma, sino de un modelo de negocio que se basa en la pérdida de la privacidad. La tecnología es un medio, un facilitador, pero lo que hay detrás es un sistema económico, político y social que ha puesto la vida de las personas en el mercado", se lamenta Busaniche.
Claro que la pérdida de privacidad y la vigilancia de los ciudadanos es un temor de larga data, según puntualiza la investigadora principal del Conicet Susana Finquelievich, quien recuerda que ya en los años ochenta era una factor preocupante. A su entender, las tecnologías de la información y la comunicación incrementaron de una forma notable el poder de vigilancia en las últimas décadas del siglo XX y en lo que va del XXI, generando un sinfín de tensiones sociales.
"Los gobiernos reclaman el derecho de monitorear las actividades de los ciudadanos y los residentes, argumentando cuestiones relacionadas con seguridad y justicia. El ciudadano común, por otro lado, está cada vez más consciente de que sus documentos de identidad, sus tarjetas de crédito y hasta sus tarjetas de transporte, ni hablar de su participación en redes sociales, se usan para seguir sus pasos, sus tendencias de consumo, sus actividades y hasta sus preferencias políticas", grafica Finquelievich, directora del Programa de Investigaciones sobre la Sociedad de la Información del Instituto Gino Germani (Facultad de Ciencias Sociales de la UBA) y autora del libro I-Polis. Ciudades en la era de Internet.
La privacidad habría pasado a ser un concepto de museo, de acuerdo con Silvio Waisbord, profesor de la Escuela de Medios y Asuntos Públicos de la George Washington University. El especialista considera que para ser miembros de una sociedad digital hay que renunciar a lo que se entendía por privacidad. Y por cada ventaja que trae aparejado ser ciudadanos digitales, podríamos enunciar una desventaja.
"Hoy cualquier persona tiene mucho más acceso a información que el que tenía la élite hace unos 30 años -ejemplifica-. Pero el hecho de que haya más acceso a información no nos hace necesariamente personas más informadas, o parte de un colectivo que entiende mejor o es más consciente de los problemas del mundo. Los estudios no demuestran que haya contribuido a eso."
Wikipedia lo hizo
¿Cuáles han sido, entonces, las principales ventajas de estar inmersos en una vida digital? Todas las fuentes consultadas coinciden en una: el acceso a bajo o nulo costo a todo tipo de conocimientos, de fuentes de información y de datos.
"La promesa que mejor se desarrolló y sigue vigente e instituida desde el punto de vista de lo social es la democratización del conocimiento. Wikipedia es la realización de esa promesa. Nos muestra una estructura organizada que permite combinar el voluntariado con los medios digitales y eso cambia la estructura de la sociedad", considera el sociólogo Alejandro Artopoulos, profesor de la Universidad de San Andrés.
¿Una mayor accesibilidad al conocimiento debería redundar en sociedades mejor educadas? No necesariamente. Pero ya no se trataría de un problema eminentemente tecnológico. "En el sistema educativo es en donde más se resiste el avance de las TIC, sencillamente porque amenazan sus bases, o sus fundamentos históricos. Si uno tiene un sistema educativo que reproduce la estructura de una sociedad cerrada, introducir cambios o innovaciones implica perder el control. Requiere un grado de madurez que no tiene cualquier sistema educativo", se lamenta Artopoulos.
Volviendo a las promesas que sí se pudieron cumplir, suele haber bastante consenso respecto de que la censura se ha tornado más difícil; la información, más accesible y la geografía, menos restrictiva. "No coincido con la visión de que alguien mirando el celular durante una charla de amigos está demostrando aislamiento social. Probablemente se está comunicando con (o al menos viendo algo de) una persona por la que se está, al menos, tan interesado como de las que tiene alrededor; Internet no nos hace menos sociables, simplemente agrega nuevas opciones de comunicación intermedias entre ?nada' y ?frente a frente', y resulta que para muchísimas personas eso complementa muy bien las opciones que ya tenían", opina Marcelo Rinesi.
Con él acuerda Waisbord: "Yo no creo que, como decía Bauman, las redes sociales incrementen la soledad. Para mí complejizan la vida en sociedad, así como la noción de identidad personal. Se hace necesaria una suerte de management de la persona pública, porque cuando tenemos presencia digital permanentemente mandamos señales de quiénes somos o, al menos, de quiénes pensamos que somos".
En cualquier caso, lo que es indudable -y quedó en evidencia a lo largo del año último- es que las redes sociales son una poderosa herramienta en términos políticos, económicos, e informativos. "En los años noventa se pensaba que el auge de Internet sería un factor decisivo para que se acabara la ignorancia. Sin embargo, hoy es una fuente inagotable de mitos y teorías conspirativas? amplificada por las redes sociales. Por otra parte, así como podés acceder a la NASA o a medios digitales de todo el mundo, las páginas que difunden pseudociencia y el horóscopo continúan siendo mucho más leídas que sitios que ofrecen análisis, profundidad y conocimiento", reconoce Busaniche.
A medida que el rastreo y análisis de lo que ocurre en las redes sociales se hace más sofisticado, otros fenómenos se hacen visibles. Por ejemplo, que las conversaciones en ellas -lejos de posibilitar diálogos entre posturas diferentes, que amplíen horizontes- no suelen traspasar las fronteras de los micromundos de cada ciudadano. En otras palabras, hablamos con los que piensan como nosotros. O, en términos de comunicación política, se llega con mensajes a los convencidos, del lado que sean.
Rinesi ve un problema social, actual y creciente en la forma en que el acceso a la información, e incluso la difusión de ciertas actividades comerciales, académicas y políticas están convergiendo fuertemente en las redes sociales (y, paralelamente, en los comentarios en los sitios).
"Es absolutamente entendible porque es donde las personas ponen su interés y su tiempo, pero una red social es, en el mejor de los casos, un modo muy limitado de producir y acceder a información y análisis. La definición de una sociedad democrática, ilustrada y empírica es que siempre se votan gobiernos pero nunca se votan hechos. No descubrimos la realidad mediante el intercambio de rumores, sino mediante la observación organizada, el análisis técnico y el debate profundo y estructurado, todas actividades para las que las redes sociales son no sólo ineficientes, sino también contraproducentes", considera.
Pero, a su entender, no todo el panorama es desalentador. "Desde un punto de vista republicano, tener un medio con el que cierta información que podría ser calificada como ?indeseable' para un gobierno se pueda difundir de manera rápida y universal es una poderosa medida de seguridad. Pero cuando se transforma en el mecanismo principal no sólo de socialización sino también de intercambio de información política, económica, ambiental (y en esto los mecanismos económicos de Internet, con el tráfico como factor de viabilidad comercial, son relevantes), las sociedades se vuelven terriblemente vulnerables a lo que en Estados Unidos están llamando en estos días ?fake news.' En pocas palabras, gana el que grita más fuerte y más seguido la mentira más espectacular o que asuste más, y ésa no es la forma de tomar decisiones de forma colectiva. Por ejemplo, elegir presidente", asegura.
Lo que queremos de Internet
En cualquier caso, no habría que perder de vista que todo lo que ocurre en el mundo digital es, en última instancia, la expresión de los intereses y prioridades de una sociedad.
"Uno imaginaba que la sociedad progresaría en términos éticos y morales pero nos encontramos ante una regresión hacia un discurso pacato. Estoy un poco asustada con el recrudecimiento de un conservadurismo moral que no se preveía. Que estemos otra vez discutiendo la exhibición de un pezón femenino o que las empresas que sostienen Facebook, Twitter o Instagram eliminen o censuren imágenes de personas desnudas me parece preocupante y muy peligroso", se alarma Busaniche quien, por otra parte, tampoco está muy convencida acerca de que la promesa de una mayor democratización a caballo de Internet se hubiera cumplido.
"Internet prometía democratización y ésa fue la promesa menos cumplida -considera-. Porque implicaba democratización en el sistema educativo, en el sistema de riqueza, en el sostenimiento de lo público y social, en términos económicos, cosas que Internet, por sí sola, nunca podría haber cambiado. Lo que está ocurriendo es, más bien, todo lo contrario. El mundo está cada vez más concentrado y se percibe cada vez más firme la idea de frontera. La globalización se volvió una realidad para el mundo de las finanzas pero no para las personas. La democratización fue la promesa más falaz."

De todas formas, ya sea más o menos cerca de nuestros sueños, Internet nos facilita la vida de infinitas maneras. Como reconoce Rinesi, hace más fácil que sepamos lo que queremos saber, escuchemos a quien queremos escuchar y digamos lo que queremos decir, aunque en ocasiones no estemos del todo cómodos con lo que resulta que queríamos saber, escuchar y decir. Tal vez, lo que hace falta sea un gesto de adultez colectiva: reconocer que esto que hicimos con Internet, y no lo que nos dijimos que haríamos, es realmente lo que queríamos hacer.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Hartos de las redes

Twitter, Facebook, Instagram, Snapchat, WhatsApp... Muchas personas comenzaron a "apagar" sus perfiles porque sienten que los agobian y estresan
"Un día entré en el Face y creo que borré tres o cuatro contactos de gente superindeseable. Reflexioné dos segundos y dije «no, esto no tiene sentido». Busqué la opción de borrar cuenta, y lo hice. El mismo día cerré también Foursquare y Twitter", cuenta Gabriel Kaptan, camarógrafo de 36 años, que un día se cansó del estrés que le causaban las discusiones sobre política en las redes sociales, y les dijo adiós a aquellas aplicaciones de las que reconoce haber sido un usuario "intenso". Al día siguiente Gabriel no enfermó, tampoco perdió contacto con el mundo ni con sus amigos; muy por el contrario, descubrió que "de repente, ¡tenía tiempo libre!" Lo suyo no era una adicción, pero sí un "pasatiempo" muy absorbente que atravesaba toda su jornada laboral o de fin de semana: "Llegaba del laburo y me sentaba delante de la compu para ver cómo se actualizaba Twitter cada 20 segundos", recuerda. Pero Gabriel no necesitó ayuda terapéutica ni el consejo de ningún gurú del bienestar para darse cuenta de que la tensión y la ansiedad que le generaba la violencia verbal a la que estaba expuesto en las redes era motivo más que suficiente para decir adiós.
Los tiempos cambian rápido. Si hace poco más de una década la novedad era la historia de los primeros usuarios que se conectaban a Facebook, hoy es al revés: ya se empiezan a escuchar las voces de aquellos que se alejan de las redes sociales en busca de un poco de tranquilidad. Para muchos, la vida "virtual" tiene indeseables efectos colaterales sobre la vida "real". Un reciente estudio realizado en Dinamarca por la ONG The Happiness Research Institute halló que a la semana de dejar de usar Facebook los participantes se sintieron más felices y menos preocupados, al mismo tiempo que experimentaron un incremento de su vida social y una mayor satisfacción con su posicionamiento en ella. Por el contrario, los participantes del estudio que siguieron utilizando redes sociales mostraron un riesgo 55% mayor de sufrir estrés.
Pero, ¿qué tiene de estresante la vida dentro de la pantalla? "De a poco las redes sociales se han convertido en ámbitos donde nos dedicamos a juzgar al prójimo en forma terminante por cualquier cosa que diga con la que no estamos de acuerdo, por si habla o interactúa con uno u otro que nos cae mal o que nos parece una porquería, por la falta de esa abusiva corrección política que parece que estos tiempos requieren para pasar el desafío de la blancura de las opiniones aceptables", escribió Mariano Heller esta semana en su columna Hastío de redes, publicada en el portal www.nueva-ciudad.com.ar.
En su columna, Mariano -@marianoheller- advierte ciertos extremos a los que llega hoy la crítica en la red: "Te juzgan no sólo por lo que decís sino también por tus silencios". Y agrega: "En definitiva creo que lo que quiero es cerrar todas las cuentas de redes sociales que tengo, porque lo que durante bastante tiempo fue un ámbito de intercambio muchas veces interesante y rico se convirtió en un lugar espantoso".
Lo paradójico es que a pesar de la aparente corrección política detrás de la cual se embanderan muchos al postear en Facebook o Twitter, la violencia verbal alcanza niveles impensados en el cara a cara. "En algunas redes, como Twitter, el ingenio abre las puertas a la impunidad, a lo que se suma el anonimato que habilita a tirar la piedra y esconder la mano. En este sentido, el nivel de violencia es mayúsculo y eso genera rechazo que, de manera creciente, se irá organizando en una suerte de filosofía que avale el salir de ese universo de pura pelea", opina Miguel Espeche, jefe del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano, que señala que "las intuiciones acerca de lo pernicioso de la violencia disfrazada de «libertad de expresión» validarán que muchos opten por salirse de ese territorio, pero lo harán con crecientes fundamentos desde lo ideológico".
Gabriel Kaptan 
Recuerda a la distancia las agresiones que eran moneda corriente en sus intercambios virtuales: "De repente alguien posteaba una nota en Facebook sobre cualquier cosa, y ahí empezaban las discusiones, en las que todos comentaban y opinaban debajo, tomando posiciones con un nivel de confrontación y de agresión innecesario -dice-. Creo que lo que más me alejó a mí era tener que leer comentarios de amigos de amigos, gente que sin conocerme subestimaba mis opiniones. Recuerdo que en un momento empecé a sentir palpitaciones, como un ataque de ira... «Esto me está afectando la salud, basta, es demasiado», me dije".
Pero como sugiere Adriana Guraieb, psicoterapeuta de la Asociación Psiconalítica Argentina (APA), el nivel de violencia de las discusiones en la Red es inversamente proporcional al real compromiso con el motivo de la disputa. "No poner el cuerpo, no estar frente al otro, muchas veces determina un menor grado de represión en la palabra y menor compromiso en general. De tal modo que los enfrentamientos pueden ser más intensos, aunque también efímeros, sin el compromiso ni las expectativas que significan estar frente a frente", afirma, y agrega: "Las redes sociales son muy buenas para compartir enlaces, imágenes y videos, pero a la hora de una discusión profunda cada uno queda en su zona de confort y tan sólo con un clic se elimina la discusión y, a veces, también la relación".
La vida de los otros
Pero no hace falta hablar de política para que las redes sociales se conviertan en ese conventillo virtual en el que muchos disfrutan asomando la cabeza por encima de la medianera -aquí, basta con ver sucederse en el timeline las fotos compartidas en Twitter, Facebook o Instagram-, para criticar qué hace o qué deja de hacer aquel cuyo jardín parece lucir (filtros mediante) siempre más verde que el propio.
La envidia no es un invento de la Edad Moderna, pero no hay dudas de que hoy se nutre de las imágenes de la vida maravillosa que se exhiben en las redes. La encuesta de The Happiness Research Institute muestra que mientras que siete de cada diez prefieren postear en Facebook fotos de sus más "grandiosas" experiencias, cinco de cada diez reconoce sentir envidia por las "maravillosas" imágenes que los otros postean en esa red.
"Despues de un tiempo variable de observar los triunfos y logros ajenos, esto no hace más que sumir a quien «espía» en una caída de la autoestima y un incremento de la envidia por no tener aquello que el otro posee -resume Adriana Guraieb-. Sentimientos de frustración y soledad son comunes, lo que redunda en una experiencia de profunda insatisfacción".
Afortunadamente, hay quienes ponen el freno a tiempo: "Siempre fui muy activa en redes, de subir fotos y de estar en contacto con mis amigos, pero el quiebre de decir «no quiero más» lo tuve cuando en mi trabajo anterior empezó a haber puterío en torno a si tal gastaba tanta plata, de dónde la sacaba, a partir de las cosas que posteaban en Facebook... -cuenta Daniela Bossio, de 29 años, que hoy es encargada de un registro automotor-. Eso coincidió con el momento en que me echaron del trabajo, y no quería que nadie se entere de nada de mí, era como apagar mi vida".
Daniela asegura que no sólo ganó privacidad, sino también tranquilidad. Reconoce que al haberse apartado de Facebook dejó de lado prácticas que le eran comunes, como stalkear a los chicos con los que salía. "Hoy estoy saliendo con un chico que vive en Mar del Plata y si tuviera Faceboook seguramente estaría viendo qué hace o qué no hace -cuenta-. Él tiene sus amistades allá y prefiero que haga su vida, sin enterarme. Necesito tranquilidad, y eso Facebook no me lo da".
Soledad Murugarren, por su parte, dejó las redes sociales cuando advirtió el tiempo que perdía en función de la mirada de los otros: "Cerré la cuenta a poco tiempo de haber vuelto de un viaje, durante el cual me di cuenta de que pasaba más tiempo sacando fotos para subir a Facebook que disfrutando de lo que hacía -dice esta licenciada en Letras de 35 años-. «¿Qué estoy haciendo?», pensé. Estoy viviendo para el otro. Sentí que me estaba ahogando en mi narcicismo".
Soledad lleva seis meses sin Facebook, en los que se encontró con más tiempo para leer, meditar o hacer gimnasia -"antes, ante cada segundo de aburrimiento entraba a Facebook", recuerda-, y está evaluando salirse de Instagram: "Antes era algo más artístico, ahora se llena de cosas como gente que se filma caminando...".
El uso del tiempo
En algunos casos, los motivos que llevan a algunos a alejarse de las redes sociales son bastante más banales. "Cuando me perdí el capítulo estreno de la séptima temporada de The Walking Dead hice todo lo posible para evitar que me lo «espoileen» hasta que pudiera verlo, lo que recién pude hacer casi una semana después. Es por eso que decidí evitar todas las redes sociales en que era sumamente activo, Twitter principalmente, hasta ver el capítulo -cuenta Agustín Biasotti, de 43 años-. Esa semana, que era particularmente intensa desde lo laboral, descubrí cómo antes había estado perdiendo productividad al chequear Twitter cada cinco minutos."
Esa es la misma razón que llevó a Analía Hernández, arquitecta de 56 años, a alejarse de Facebook, plataforma en la que había abierto un perfil para su estudio: "No entré más a Facebook porque me representaba una pérdida de tiempo -asegura-. Entraba para ver una cosa que necesitaba por trabajo y terminaba viendo fotos del cumpleaños de alguien que ni siquiera me interesaba. Si bien era una página con fines laborales la gente subía cosas personales y se mezclaba todo, se perdía el límite entre lo laboral y lo personal, lo que le saca profesionalismo. Así que me bajé; no cerré la página, pero ya no la visito más".
"Uso frecuentemente las redes sociales por mi trabajo, y noto que a veces me resuelven, facilitan y alivian la tarea cotidiana, pero al mismo tiempo me insumen cada vez más tiempo de lo esperado", cuenta Laura Orsi, médica psicoanalista de la APA, que se lamenta por quedarse a veces pendiente de los likes, comentarios y retuits. "Creo que es inevitable. ¿Hasta qué punto somos capaces de soportar la indiferencia cuando no se genera la respuesta que buscamos?"
El primer capítulo de la nueva temporada de la serie inglesa Black Mirror plantea una distopía donde la valoración de las redes sociales se transforma en un "puntaje real" para la vida de las personas. Y la competencia virtual, en un medio de subsistencia. ¿La distopía futurista que plantea Black Mirror podría ser anticipatoria de lo que nos espera?
Para quienes han nacido al abrigo de las redes sociales, los códigos pero, sobre todo, las necesidades de comunicación por estos medios son otras. "Los adolescentes buscan un espacio de libertad y autonomía, y las redes sociales cumplen esa función, porque desde su percepción allí están sólo sus amigos. Ven a las redes como un territorio propio", advierte Roxana Morduchowicz, autora de Los chicos y las pantallas, que afirma que las redes sociales son el espacio donde los chicos construyen su identidad.
Las redes, es innegable, siguen creciendo y extendiendo ese espacio al que algunos se asoman a espiar, donde otros buscan alguien con quien pelearse, mientras una buena parte -¿la mayoría?- se interrelaciona con amigos y conocidos. Los que se alejan quizás vuelvan, quizás no. "No sabemos cuánto tiempo demorará en acomodarse la hipnosis colectiva que significan las redes sociales, que convocan a mirar más la pantalla que la realidad circundante. No hay que pelearse contra esa hipnosis, sino dejarla que cumpla su ciclo -opina Espeche-. Veremos luego qué queda y qué se diluye".
Producción de Natalí Ini

miércoles, 5 de octubre de 2016

Un corazón en 3D para salvar a un chico

Todo fue euforia. Médicos cordobeses realizaron una operación correctiva de una cardiopatía compleja a un chico de 6 años. Para ensayar diferentes estrategias quirúrgicas hicieron una tomografía computada del paciente y, con los datos recolectados, un equipo de ingenieros y diseñadores imprimió una réplica del corazón 3D del chico. Así lograron reducir los tiempos y riesgos de la intervención, y también hicieron historia: es la primera vez en el país que se valen de un modelo para simplificar una operación.
La intervención, que se hizo en el Hospital de Niños de Córdoba, el 16 pasado, fue un éxito: el paciente, Milton Acuña, recibió el alta médica anteayer. "La impresión 3D ayudó mucho. Es un tipo de tecnología habitual en los Estados Unidos o en países europeos, pero en la Argentina no se había realizado con un corazón", dijo a LA NACION Ignacio Juaneda, cirujano de cardiopatías congénitas del hospital cordobés y uno de los profesionales que estuvo en la operación.
Hace dos años, en los Estados Unidos se conoció uno de los primeros casos en los que se usó un corazón de este tipo para realizar una operación. Fue en el Kosair Children's Hospital de Kentucky, donde los médicos le salvaron la vida a un bebe de sólo 14 meses. El niño había nacido con graves problemas cardíacos, por lo que era vital intervenirlo. Sin embargo, para hacerlo, se requería conocer en detalle su corazón. El equipo médico logró que se imprimiera al doble de su tamaño el órgano del paciente. Así pudieron ser más meticulosos a la hora de operarlo.
En el caso del chico argentino, la intervención implicaba la corrección de una cardiopatía caracterizada por una doble vía de salida de ventrículo derecho. "Había que crear un túnel dentro del corazón. La operación requería, a su vez, que el corazón estuviera detenido, y había que trabajar dentro del órgano. El modelo 3D simplificó todo, porque permitió probar diferentes estrategias antes de la cirugía", explicó Juaneda.
Primero, los médicos realizaron una tomografía del corazón del chico. Luego crearon un modelo en tres dimensiones con un software de animación. La maqueta sirvió de base para crear una réplica exacta del órgano, con una impresora que puede desarrollar objetos tridimensionales por la superposición de capas de material.
La impresión fue hecha por el equipo de la Unidad de Biomodelos 3D del hospital, que dirige Víctor Defagó. La unidad es pionera en el país en la confección de biomodelos 3D. Funciona hace dos años en el hospital, con el respaldo de la Universidad Nacional de Córdoba y el Ministerio de Salud provincial.
El equipo que lidera Defagó está integrado por médicos, ingenieros y diseñadores industriales, y se dedica a hacer réplicas en 3D que reproducen fielmente los órganos de los pacientes, con sus respectivas malformaciones o estructuras dañadas, y en tamaño real. Ya habían hecho réplicas de tráqueas y de columnas vertebrales, pero nunca de un corazón.
"Los usos de esta tecnología son muy diversos. Puede ser utilizada con fines educativos, en universidades, para explicar a los padres y familiares de los pacientes cómo será la operación, y también para crear prótesis", dijo Defagó a la agencia de noticias Télam. Además, una vez en el quirófano, las réplicas funcionan como "guía" para el cirujano. "La pieza puede ser colocada en la mesa de cirugía. Es como si el profesional contara con un mapa en el momento de llevar a cabo la intervención quirúrgica", explicó.
Ése fue el uso que le dio el equipo de cirujanos que operó a Acuña. Además del corazón se imprimió el "parche" que se necesita para confeccionar el túnel dentro del ventrículo derecho. Las piezas impresas se esterilizaron y se llevaron al quirófano. Allí, el corazón sirvió de guía para el procedimiento, y el "parche" impreso se usó de molde para confeccionar el que se terminó utilizando en la operación.
"Fue todo muy efectivo. Es un gran equipo de profesionales", concluyó Juaneda.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Las escritura automática: el próximo Neruda podría ser un robot

En La sinagoga de los iconoclastas, Juan Rodolfo Wilcock imaginó un mecanismo capaz de componer por cuenta propia sentencias "no siempre desprovistas de sentido". Más parecido a una máquina de fábrica que a un poeta, "los rodillos del filósofo mecánico universal", así lo llamó, arrojaron azarosamente frases que fueron apropiadas por "un hormigueante futuro de deshonestos profesores de semiótica y de brillantes poetas de vanguardia", según se lee en ese volumen de hace casi medio siglo. En pleno 2016, Google llevó a la práctica la idea de Wilcock al ordenarle a su sistema de inteligencia artificial (IA) que escriba versos.
Expertos en IA y lingüistas trabajan desde 2011 en Google Brain, una red neuronal que procura imitar el funcionamiento de la mente humana. Para que ganara naturalidad inyectaron en la vena virtual miles de novelas románticas y poemas, según contaron en un paper publicado este año. Tras el aprendizaje le pidieron que escriba poemas; los resultados son gramaticalmente coherentes y de estilo oscuro, si es que una máquina puede bucear melancolías. "No hay nadie más en el mundo/ No hay nadie más a la vista/ Sólo hubo algunos que importan/ Sólo quedan algunos/ Él tenía que estar conmigo/ Ella tenía que estar con él/ Tuve que hacerlo/ Quise matarlo/ Comencé a llorar/ Me volví hacia él."
En vista de los progresos en estas investigaciones, ¿es plausible imaginar que en el futuro un robot sea el ganador del Premio Nobel de Literatura, digamos, en el año 2030? ¿La industria editorial se prepara para postular a las nuevas estrellas de las letras, que ya no serán autores sensibles y de sangre caliente, sino inertes mecanismos cumpliendo la orden de ser creativos?
Tampoco fue un mortal quien escribió "Quebraste mi alma/ el juego de la eternidad/ el espíritu de mis labios". Estas líneas fueron emitidas por unsoftware diseñado por el experto en IA y director de ingeniería en Google, Raymond Kurzweil, que en este caso inoculó en el sistema textos del poeta británico John Keats. Pero ni la obra de Wilcock, ni la ingeniería de Kurzweil, ni los recientes avances de Google son los únicos que se han lanzado a explorar las capacidades creativas de las máquinas.
Pablo Gervás, director de Instituto de Tecnología del Conocimiento de la Universidad Complutense de Madrid, trabaja hace más de 15 años en WASP explorando qué partes de los procesos de composición poética pueden ser modelados desde una computadora. Según Gervás, la clave para no incurrir en comparaciones injustas reside en comprender qué se intenta alcanzar en cada caso. "A nadie le preocupa el vacío humano que pueda tener una calculadora que simplemente modela la capacidad humana de realizar operaciones aritméticas", apunta.
Hay más creatividad mecánica, por caso, en la siguiente sentencia: "La reina se mantuvo de pie, como un castillo firme". La analogía que sigue a la coma tampoco es la estricta creación de un escriba humano, sino de FIGURE8, un diseño de la programadora y matemática Sarah Harmon. "Quería saber si un ordenador es capaz de escribir de un modo que sea hermoso, sorprendente y también significativo", cuenta Harmon y agrega que el sistema opera en forma similar a como lo hacemos los seres humanos. "FIGURE8 busca en su memoria para generar analogías y también puede buscar en la Web para aprender sobre conocimientos culturales pertinentes y cómo otros escriben."
La cooperación hombre-máquina también es defendida por Roberto Cruz, gerente general de Cognitiva para Argentina, Paraguay y Uruguay, quien trabaja en investigación y desarrollo de Watson, el sistema de inteligencia artificial de IBM. "La idea con la que salió a la luz en 2011 es la de un nuevo y poderoso espacio de colaboración entre las personas y los sistemas", comenta antes de abordar las cruzadas de Watson en el terreno creativo. Por caso, este sistema de IA colaboró recientemente en la realización del tráiler de la película Morgan, que se estrenó hace algunas semanas. "La creatividad y la emoción no son características que tenga la tecnología, por lo tanto estaríamos confundiendo su lugar si pensamos que nos pueden reemplazar en el tipo de inteligencia y sensibilidad necesarias para la creación artística. No es el sentido de esta tecnología hacerse pasar por una persona", dice Cruz.
"Odio vida, cuánto odio. Sólo por tu audición se ha desangrado. ¡Ay de mi índice! ¡Oh limón amarillo! Me darás un minuto de mar, vida como de alpistes, la tierra que nos dejará desiertos. Ni las halles, guárdalas en dos cajitas, hermano, como para niñas blancas. Seguro que después de leer este poema."Una vez más asistimos a un texto creado por un ente mecánico, en este caso el mencionado sistema WASP, que aquí creó con la orden de trabajar con octasílabos y tras leer versos del español Miguel Hernández.
Luego de leer este poema, la referente del género Diana Bellesi señaló que tiene imágenes y rupturas preciosas, pero que el conjunto no apunta a nada. "Hace uso de muchas de las operatorias de un poeta, pero el poeta no está y esto ofrece un vacío, no el alma humana que de pronto todo lo llena. Y llamemos alma a lo que hemos nombrado por milenios, o llamemos así a ese misterio que se produce en la interrelación de las partes de la materia orgánica, no importa. Pero sabemos de ese misterio día a día que nos hace decir cosas que no sabemos."

Desde la exótica Shanghai, adonde viajó becada, Ángela Pradelli agrega: "Creo que se escribe por una necesidad, ¿la sentirán las máquinas algún día?" Y aunque la creatividad sigue siendo cosa humana y nos resulta improbable que el próximo Neruda o García Lorca vaya a ser mecánico, ciertas lógicas podrían alterarse. "Como ya ha ocurrido en el ajedrez, a lo mejor se acerca el momento en que las máquinas dejen de aprender de las personas y las personas también puedan empezar a aprender de las máquinas", concluye Gervás.

lunes, 25 de julio de 2016

Entrevista a Rifkn

“Nos encontramos ante el final de las energías fósiles”
El sociólogo y economista Jeremy Rifkin (Denver, 1945) predijo el fin del trabajo mucho antes de que todos los think-thanks del mundo

25 JUL 2016 - 11:12 CEST
“Nos encontramos ante el final de las energías fósiles”
El sociólogo y economista Jeremy Rifkin (Denver, 1945) predijo el fin del trabajo mucho antes de que todos los think-thanks del mundo anunciasen que las máquinas iban a ocupar la mayoría de los puestos de trabajo en la industria. También fue el gran gurú de lo que llama ‘la tercera revolución industrial’, basada en las energías sostenibles y las consecuencias de Internet como la economía colaborativa. Ha trabajado como asesor de numerosos gobiernos, desde China hasta Alemania o España, y también con la Unión Europea. Es autor de casi 20 libros pero, sobre todo, es una de las voces más respetadas en el mundo por lo atinado de sus predicciones. Ha publicado recientemente La sociedad de coste marginal cero (Paidós), donde augura un futuro de energía gratuita que cambiará por completo el modelo de producción y, con ello, la sociedad. Pero no lo plantea como una utopía, sino como una realidad inminente. La entrevista tiene lugar en Dallas, durante el congreso internacional del World Travel & Tourism Council (WTTC).

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Pregunta: Sostiene que en poco tiempo tendremos energía gratuita. ¿Cree que los gigantes de la energía permitirán que eso ocurra?

Respuesta: En el punto en el que estamos es irrelevante lo que estos gigantes digan, porque esto ya está ocurriendo. La segunda revolución industrial ya ha tocado techo y está en pleno declive. El elefante en la habitación es el cambio climático: nos enfrentamos a transformaciones radicales en el planeta en los próximos 50 años, no en dos siglos. Necesitamos un nuevo planteamiento económico y debemos enfrentarnos a la pregunta fundamental sobre cómo producimos.

P: ¿Esta tercera revolución se parece en algo a las anteriores?

R: En todos los grandes cambios económicos han convergido tres factores: el primero son las comunicaciones; el segundo, las nuevas fuentes de energía que impulsan la economía; y el tercero, innovadoras formas de transporte que son más eficaces. Así, la segunda revolución industrial nació en Estados Unidos con la electricidad centralizada, el teléfono, la radio y la televisión, y el petróleo barato de Texas. Henry Ford puso a todo el mundo en la carretera. Esto se prolongó durante un siglo, pero en julio de 2008 todo se vino abajo cuando el precio del crudo alcanzó su máximo histórico, 147 dólares el barril. La economía se vino abajo porque todo dependía de las energías fósiles y nucleares. Con los precios actuales, estas empresas no son competitivas, no se pueden sostener por debajo de los 40 dólares el barril, todas van hacia la bancarrota. Hemos llegado al final de esa segunda revolución industrial, basada en las energías fósiles.

P: ¿Y esto cómo lleva esto a la energía de coste cero?

R: ¿Cómo va a crecer la economía si está conectada a infraestructuras del pasado que alcanzaron a cumbre de su productividad en los años noventa? Se tocó techo y esto es lo que muchos partidos políticos, de izquierdas o derechas, no entienden, aunque los empresarios empiezan a comprenderlo. Por ejemplo, en España se pueden llevar a cabo todas las reformas laborales que se quiera, o crear incentivos para nuevas inversiones, pero no va a haber ninguna diferencia porque las empresas están conectadas a una infraestructura obsoleta.

P: ¿Cómo encajan en esto las nuevas formas de Internet?

R: El capitalismo todavía no sabe cómo hacer frente a esa economía colaborativa. Yo considero que es un nuevo sistema económico, como lo fueron el capitalismo y el socialismo. Está aquí para quedarse, aunque ahora parezca algo muy nebuloso. Ya hemos visto lo que ha pasado en las comunicaciones, ahora veamos qué ocurre con la energía y los transportes. La tecnología digital nos lleva a costes marginales cercanos a cero. La gente joven está produciendo y compartiendo su propia música, el coste de producir con calidad de estudio es casi cero y los jóvenes comparten el resultado casi por nada. Ocurre lo mismo con los vídeos. Los periódicos y las revistas están viviendo eso con las redes sociales. La gente contribuye a Wikipedia por nada, el conocimiento del mundo se está democratizando. Muchos pensaron que eso sólo ocurría en el mundo virtual, no en el real, pero lo que mantengo es que cuando aplicas esto al Internet de las Cosas esa diferencia desaparece. Lo estamos viendo con la energía, el transporte y la logística. Por ejemplo, en Alemania, con cuyo Gobierno trabajo desde hace décadas, la energía eólica y solar está aumentando muy rápidamente con un coste marginal cero. En 10 años será el 40% y en 2040 será el 100%. Es un progreso parecido al de los microchips en las computadoras: en los años 40 había un par de ordenadores y costaban millones de dólares, pero luego vino el chip Intel, y ahora tenemos ordenadores en los teléfonos que cuestan 25 dólares en China, más poderosos que los que se utilizaron para mandar al hombre a la luna. Aún se ignora que va a ocurrir el mismo proceso con la energía solar y eólica: en 1978, un vatio solar costaba 78 dólares, ahora cuesta 50 céntimos. Y en 18 meses costará 35 céntimos.

P: ¿Y cómo se resuelve el problema de la acumulación? Porque esta energía necesita que haya luz o viento…

R: Llegaremos a eso. Una vez que pagas por la infraestructura, luego los costes son cero. El viento o la luz no nos mandan la factura. Existen varios factores fundamentales que determinan que esto funcione, uno de ellos es la conectividad necesaria para el transporte y la logística. Tenemos que hacerlo todos a la vez. Alemania y Dinamarca se están moviendo mucho más rápido que los demás, y lo están logrando. El año pasado, un día hubo tanta energía solar y eólica que tuvimos precios negativos. Es gratis. Insisto: no es una teoría.

P: ¿Qué otros países están en cabeza?

R: China es consciente de que se perdió la primera revolución industrial y parte de la segunda. Estoy viajando constantemente allí y ahora se mueven muy rápido. Invierten mucho dinero en la digitalización de la electricidad, de tal forma que millones de chinos puedan producir su propia energía solar y devolverla a la red. Nadie habla de ello.

P: ¿Qué implicaciones tendrá esto?

R: Cuando tengamos toda esa energía será posible el transporte sin conductor a través de GPS. Los jóvenes están evolucionando de la posesión de vehículos al acceso a la movilidad. Es un cambio gigantesco en el concepto de transporte, acelerado por los negocios de coches compartidos. Las empresas sí son conscientes de que cada vez van a circular menos coches: por cada vehículo compartido, 25 son eliminados. Los coches representan el tercer productor de carbono. Creo que eso acabará por suprimir el 90% de los automóviles y la inmensa mayoría de los que queden serán eléctricos sin conductor. No sólo los vehículos en tierra como coches y trenes, también en el océano.

P: ¿Estos cambios llegarán a tiempo? Porque la contaminación que afecta a las grandes ciudades chinas o en México las está convirtiendo en inhabitables.

R: Sinceramente, no lo sé. El reloj avanza a toda velocidad. Llevo trabajando en eso desde los 70 y ninguno anticipamos el ciclo que se estaba creando. El último estudio, que apareció en Science en marzo, asegura que el deshielo de la Antártida es mucho más rápido de lo que creemos y que las corrientes de agua van a cambiar produciendo tormentas gigantescas en todo el planeta, nunca vistas hasta ahora. Dentro de un siglo, muchas ciudades costeras estarán bajo el agua. La humanidad se enfrenta al momento más decisivo y terrorífico de su historia como especie. Por otro lado, las tecnologías que nos ayudan a combatir esto pueden avanzar mucho en las próximas décadas o años. Incluso más todavía en el mundo en desarrollo porque carece de infraestructuras. Necesitamos tres generaciones totalmente comprometidas, no cometer demasiados errores y un buen liderazgo.

P: Todas sus teorías parecen mucho más fáciles de aplicar en países desarrollados. Las ideas para convertir a Copenhague en la ciudad más verde del mundo no parecen sencillas de replicar en México o Pekín.

R: Estoy trabajando con el Gobierno chino. Lo que digo allí, y también en la UE, es que están construyendo un mundo nuevo, pero siguen invirtiendo en infraestructuras que pertenecen a la segunda revolución industrial, no a la tercera. Hay que cambiar las prioridades. ¿Qué tipo de ciudades estamos construyendo? Con la tercera revolución industrial, no hay ningún motivo por el que no podemos construir ciudades más pequeñas dentro de las grandes urbes, satelitales, y con inmensas reservas ecológicas entre ellas. Podemos llevar a cabo reforestaciones masivas dentro de ciudades de entre medio millón y dos millones de habitantes. Y esto se podrá hacer porque nos podremos mover de un lugar a otro de forma más rápida y limpia. Los coches tal y como los conocemos no estarán aquí en 20 años.

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viernes, 25 de septiembre de 2015

Casa de adobe en 3D


Vuelve la casa de adobe, pero hecha con una impresora 3D

Una compañía italiana creó una impresora de 12 metros de alto que permite construir casas baratas hechas con una pasta hecha de arcilla, agua y fibras vegetales

La firma italiana Big Delta creó una impresora 3D lo suficientemente grande como para hacer una casa. Esto no es novedad; varias compañías están experimentando con algo similar. Pero la diferencia es que aquí usa archilla, barro, cánamo y otros elementos vegetales para hacer la versión del siglo XXI de la casa de adobe, para así aprovechar el bajo costo, la ductilidad y el mínimo impacto ecológico que tiene una vivienda de este tipo.

La impresora tiene 12 metros de alto, con un sistema que mezcla arcilla, agua, fibras vegetales y tierra local para hacer las paredes de la casa.

La presentación en la ciudad italiana de Ravenna es parte del debut del Proyecto Mundial de Salvataje Avanzado (WASP, según sus siglas en inglés) que aspira a resolver el problema de la vivienda en varias partes del mundo con una alternativa que reduzca al mínimo el impacto ecológico y el costo de fabricar las casas, sobre todo en zonas de Africa donde el acceso a la vivienda es un problema masivo.

Los creadores de la impresora deberán probar, ahora, que es un método más rápido o más barato que los tradicionales para suplir la demanda habitacional en Africa y Asia (aunque en América latina y en nuestro país una parte importante de la población también tiene serios problemas para acceder a una vivienda digna).