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lunes, 24 de abril de 2023

BILL GATES: IMPACTO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN LA EDUCACIÓN

Bill Gates, fundador y ex CEO de Microsoft, estuvo presente en la Cumbre ASU+GSV en San Diego y habló sobre el impacto que tendrá la inteligencia artificial (IA) en los sectores educativos. Además, afirmó que la IA será "un tutor tan bueno como cualquier humano" y que las inversiones "del sector privado jugarán un papel clave". Por otro lado, advirtió sobre los peligros que traerá la automatización. ¿Cómo impactará la inteligencia artificial en la educación según Bill Gates? Bill Gates afirmó que la IA "creará nuevos niveles de equidad", ya que los estudiantes podrán acceder a una educación de calidad independientemente de los recursos económicos que tengan. A su vez, sumó que la tecnología ayudará a los estudiantes que "no puedan pagar tutorías privadas individuales". "La tecnología finalmente llenará ese vacío", añadió el CEO de Microsoft. Bill Gates considera que la IA "sorprenderá mucho la forma en que ayuda con la lectura". Además, dijo que "podría funcionar como un asistente de lectura e investigación". Pese al gran avance de las inteligencias artificiales como ChatGPT, el magnate considera que "aún no son tan sólidos en matemáticas". El multimillonario cree que la IA es especialmente útil en la "lectura y escritura". Pero que "dentro de los próximos 18 meses también para las matemáticas". "Soy bastante optimista de que el campo de la educación mejorará", cerró Bill Gates, CEO de Microsoft. ¿Qué consejos dio Bill Gates para alcanzar el éxito? 1. Aprender de manera constante Bill Gates incorpora el hábito de aprender algo nuevo todos los días. Además, tiene como objetivo leer alrededor de 50 libros al año y le dedica una hora al día para leer y aprender. 2. Controlar los gastos A pesar de ser uno de los hombres más ricos del mundo, Gates tiene un plan de gastos muy claro. En una entrevista realizada en 1998, contó que deseaba "tener suficiente dinero en el banco" para pagar su salario anual, aunque no se lo paguen, y que se atiene a eso "la mayor parte del tiempo". Por esto, el magnate invierte en educación, ya que considera que es el activo más rentable y beneficioso a largo plazo. 3. Mantener una rutina Bill Gates es reconocido por su perfecta organización diaria. El CEO de Microsoft divide todas sus actividades en un período de tiempo específico para no quedarse atascado en distracciones excesivas o evasiones.No perder el tiempo 4. No perder el tiempo El magnate aconsejó no desaprovechar oportunidades ni perder tiempo revisando redes sociales, ya que los considera problemas muy comunes en la sociedad actual. En su caso, trabajó desde que era adolescente y consiguió arrancar aquellos momentos que no le permitían enfocarse en su objetivo. 5. Confiar en el trabajo Una cualidad que todo el mundo reconoce en Bill Gates es que confía mucho en su trabajo. El ex esposo de Melinda Gates ama lo que hace y por ende alcana sus metas. "Tenés que contar cada día la historia de lo que hacer y, en mi caso, es trabajar con la gente más inteligente", manifestó en 1998. "Trabajar en nuevos problemas. La competencia, el progreso, la investigación hacen el campo. Creo que estoy en el campo más apasionante que existe", sumó.

sábado, 27 de febrero de 2021

LA ARGENTINA PIERDE CAPITAL HUMANO

27 de febrero de 2021. Marcelo Elizondo. PARA LA NACION

Publicó The Economist que un récord de 20.000 argentinos inició en 2020 trámites para radicarse en Uruguay. Otras fuentes afirman que más de 2000 lo hicieron en Paraguay. Y según el Ieral durante 2020 se cuadruplicaron las búsquedas de los argentinos en Google sobre “emigrar” en comparación con el promedio 2011-2018. Parece estar produciéndose la pérdida del principal capital del siglo XXI: las personas. Hay 1.150.000 argentinos registrados como residentes en el exterior, pero cuando comenzó el siglo XXI la cantidad era la mitad (555.000). Nuestro país es proveedor al exterior de personas calificadas: se estima que casi 200.000 profesionales argentinos actúan en posiciones de cierta relevancia en el extranjero. Por caso, se dice que el 30% de los argentinos en Estados Unidos posee una licenciatura y 30.000 son ingenieros o científicos. La cuestión no es menor: la sociedad del conocimiento requiere, antes que dinero o máquinas, personas preparadas.

Los pronósticos de una reversión de la globalización motivada por la pandemia de Covid-19 son rechazados por la realidad. Pero una globalidad adaptada muestra patrones actualizados: rotundo cambio tecnológico, empresas desnacionalizadas, nueva geopolítica, alianzas entre países forjadas sobre exigentes estándares cualitativos y decisiva relevancia de “personas globales”.

Vivimos una globalización integral y sistémica (que se consolidará con la salida de la pandemia) que puede ser denominada “globalización hexagonal”. Una vorágine que integra seis flujos: el comercio internacional de bienes (que se redujo menos de lo previsto en 2020 y ya recupera fuerzas) y la inversión extranjera directa; pero también el comercio internacional de servicios (más dinámico que el de bienes), flujos de financiamiento internacional (que apuntalan proyectos innovadores) y dos movimientos propios de la época: el tráfico internacional de datos, conocimiento e información (que creció 1500 veces en diez años) y las modernísimas migraciones (físicas y especialmente virtuales).

Señala el World Intellectual Property Report en “La geografía de la innovación” que están consolidándose las global innovation networks, que son redes internacionales de empresas, instituciones y personas que construyen el desarrollo tecnológico mundial. Y que en ellas las innovaciones son creadas por grupos de personas (75% del total) y no por individuos aislados. Más del 80% de todas las patentes o productos innovativos registrados en el planeta está generado por inventores o investigadores que operan en equipos de trabajo que son multiorigen. Ahora la globalización se apoya en “redes complejas de valor” (complex value networks) en las que interactúan estaciones intensivas en conocimiento ubicadas en aglomeraciones locales con condiciones apropiadas. Esas “estaciones” no son necesariamente países, sino ciudades y regiones y se caracterizan por atraer personas globales superpreparadas.

Hay una cualidad de la nueva globalidad: las migraciones funcionales. Y no solo las físicas. En el planeta se computan unos 300 millones de migrantes físicos, de los cuales dos tercios son migrantes laborales. La India es el país del que más han salido y Estados Unidos el que más ha recibido. Pero a ello debe añadírsele que crece –y se acelerará en la pospandemia– la cantidad de telemigrantes. Dice Richard Baldwing (en The Globotics Upheavel) que la presente fase de la globalización es la del telecommuting: personas que trabajan desde sus ciudades para organizaciones ubicadas en otro país.

Escribe Ricardo Hausmann que la nueva tecnología como conocimiento cobra tres formas: conocimiento inserto en nuevas herramientas; conocimiento codificado en fórmulas, algoritmos y manuales; y conocimiento tácito o know-how. Y agrega que mientras el primero se produce en países ricos, el segundo está disponible y es comprable, pero el tercero es esencial y requiere “desplazar cerebros” a través de migraciones, integraciones de equipos y hasta viajes de negocios. Los migrantes (especialmente los virtuales) están cambiando el mundo. Y están consolidando nuevos soportes: en 2020 hubo más de 40.000 millones de dispositivos conectados a internet en el globo. Se vincularon por ellos 4700 millones de personas, de las cuales 80% tienen más de 25 años (edad laboral).

Se está gestando la globalización de los trabajadores. Dice Derek Thomson que la expresión “vives donde trabajas” es crecientemente una antigua perogrullada. Ambos tipos de migraciones son crecientemente relevantes. Por un lado, las economías prósperas muestran una cantidad de trabajadores inmigrantes alta: representan 20,6% del total en América del Norte y 17,8% en Europa del Norte. Pero además en el mundo hay ya 50 millones de personas trabajando online desde un país hacia otro de manera regular (nómades digitales). Y también 15 millones de estudiantes internacionales online. Por eso ya ciertos países (desde Georgia o Estonia en Europa hasta Barbados y Bermudas en el Caribe) ofrecen visas de teletrabajo: permisos para que personas con tareas remotas se instalen para trabajar desde allí hacia el exterior. A la vez, crecientemente empresas internacionales invitan a inscribirse en sus programas de teletrabajo foráneo.

Expresa en el BID Laura Ripani que el trabajo pasa primero de la oficina a la casa, de allí a la oficina móvil y ahora ya se mueve a la oficina virtual; y que ello cambia organizaciones y espacios. Esto y las migraciones virtuales, totales o parciales, van de la mano. Miles de personas han mantenido reuniones internacionales por plataformas digitales en 2020 (Zoom registró más de 300 millones de reuniones diarias).

Lo que se requiere entonces es atraer y no distraer. Es preciso seducir talento, evitar fugas de los más formados y preparar mejor a través de atributos globales, cultura trasnacional y habilidad móvil. El mejor futuro es el de las sociedades que crean capital intelectual y no el de los que alejan a los ilusionados. ¿Estamos en la Argentina también en esto yendo a contramano? Nuestro aislamiento económico externo dificulta la participación de empresas en las redes internacionales y la obstrucción a diversos flujos de la globalización hexagonal desalienta la acción suprafronteriza.

Más aún: según la OCDE, el 19% de los argentinos de entre 25 y 34 años tiene un título universitario y en América Latina solo Brasil tiene menos recibidos en ese rango etario (17%). Son pocos para este nuevo tiempo. Pero peor es observar la tendencia: si se mide la finalización de los estudios universitarios hasta la edad de 64 años, la Argentina cuenta con el 21% de su población con título universitario y el panorama allí se da vuelta: nuestro país queda por encima de Chile (13%), México y Costa Rica (ambos con 15%). O sea: con el tiempo la proporción de graduados decrece. Los países compiten en la atracción de talento que aporta más que el capital financiero o las máquinas. Por ello las noticias sobre los muchos interesados en irse de la Argentina no merecen solo referencias sentimentales ni meras adiciones en estadísticas migratorias.

martes, 29 de septiembre de 2020

LAS DOS ÚNICAS DESTREZAS QUE NECESITARÁS PARA EL RESTO DE TU VIDA, SEGÚN YUVAL NOAH HARARI

El historiador y filósofo autor de “Sapiens: De animales a dioses” advirtió que la revolución tecnológica no será un evento sino una serie constante, y dos habilidades principales marcarán la diferencia entre sobrevivir y sucumbir a las perturbaciones sucesivas en el trabajo, las relaciones y la política.

27 de Septiembre de 2020

“La gente imagina la revolución de la inteligencia artificial y la automatización como un evento único, pero vamos a enfrentar una cadena de revoluciones”, advirtió Yuval Noah Harari La revolución tecnológica es el tema indiscutible del siglo XXI: aun en un mundo polarizado como el contemporáneo, al menos sobre eso existe un acuerdo. Sin embargo, y paradójicamente, es quizá el tema que peor se comprende, observó Yuval Noah Harari.

Tanto para los optimistas como para los pesimistas la revolución tecnológica parecería ser un acontecimiento que ponga al mundo de cabeza, tan concreto como la Revolución Francesa. Hasta podría tener una fecha. “Pero ese escenario es altamente improbable”, objetó el historiador y filósofo israelí. "La revolución de la inteligencia artificial y la automatización no será un evento único sino una cadena de revoluciones cada vez mayores. Así que la verdadera gran pregunta —argumentó— es psicológica: como seres humanos, ¿tenemos la estabilidad mental y la inteligencia emocional para reinventarnos repetidamente?”

 Yuval Noah Harari planteó cinco cuestiones centrales del futuro inmediato en diálogo con Tom Bilyeu para Impact Theory.

Si se piensa en la rigurosa educación formal del siglo XX, con sus distintos niveles académicos de gran costo y exigencia, estas dos destrezas, que ni siquiera se enseñan, parecen poca cosa. Sin embargo, insistió Harari, en diálogo con Tom Bilyeu, marcarán la diferencia entre los que se adaptan y los que sucumben al escenario de variabilidad constante que presenta el siglo XXI.

Tanto para los que juegan en el equipo de Los Supersónicos —quienes siempre soñaron con un porvenir radiante de máquinas— como para los que advirtieron sobre un destino más similar a 1984 y otras distopías futuristas, la fantasía de la Gran Revolución presenta una crisis, un período de reajuste y una nueva armonía. “Todos los conductores de camiones, los taxistas, los médicos, lo que sea, se quedan sin trabajo en 2025”, puso como ejemplo Harari; pasamos unos años difíciles, hasta que nos acostumbramos y finalmente llegamos a un mundo feliz de inteligencia artificial, con un nuevo equilibrio”.

 Final. Dichoso o amargo, pero final.

Difícilmente suceda de ese modo, argumentó el autor de Sapiens: De animales a dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI, tres volúmenes sobre la evolución de la humanidad “que se leen como una trilogía”, elogió Bilyeu, orador motivacional y cofundador y CEO de Impact Theory University. Porque “no estamos siquiera cerca del potencial máximo de la inteligencia artificial”.

“La velocidad a la que se desarrolla sólo se va a acelerar, probablemente. Así que lo que realmente vamos a enfrentar es una sucesión de revoluciones en el mercado laboral, en las relaciones, en la política y en otros ámbitos de la vida”. Una serie: “Tendremos una gran perturbación en 2025, sí. Y tendremos una mayor en 2035, y tendremos una aun mayor en 2045. Y así”.

Harari —uno de los pensadores más originales, a la vez que accesibles, del presente: sus libros superaron los 27,5 millones de ejemplares en 60 idiomas— cree que los individuos y los gobiernos ignoran cuestiones cruciales como esta y ha asumido como su misión “traer más claridad a la conversación pública sobre lo que sucede en el mundo”, explicó a Bilyeu para un episodio de Impact Theory que ya vieron 1,5 millones de personas.

“Creo que demasiado de nuestra conversación pública se aboca a los temas equivocados o es en extremo confusa y opaca", siguió. "Nos inunda una cantidad enorme de información y no sabemos cómo entenderla. Para mí es importante orientar la atención de la gente hacia las preguntas principales. Trato de brindar algunas respuestas, también, pero no me importa mucho si no concuerdan conmigo en lo que respecta a las soluciones. Lo que importa es que estemos de acuerdo en las preguntas”.

 El historiador y filósofo israelí tiene la singularidad de ser uno de los pensadores más originales y respetados del presente y a la vez uno de los más accesibles y populares

Entre ellas se destacan las macrohistóricas, porque este profesor de la Universidad de Jerusalén es, por su formación original, un historiador: la relación que hay entre el desarrollo de la humanidad y la biología del hombre; la diferencia entre el Homo sapiens y otros animales; el vínculo entre la tecnología, la cultura y la naturaleza; la deriva de la historia y la realización del individuo; los desafíos de la sociedad contemporánea, sobre todo la guerra nuclear, el cambio climático y las perturbaciones sociales que causan los saltos tecnológicos.

 En esta conversación de 40 minutos destacó cinco asuntos que son, en su opinión, las claves del porvenir inmediato de la humanidad.

1) Nadie sabe cómo será el trabajo en 2040

Cuando Bilyeu le preguntó por el futuro del mercado laboral en esas circunstancias, Harari ironizó que, si alguien se las da de gurú y asegura que será de tal manera y hay que prepararse haciendo determinada cosa, conviene aplicar un poco de sano escepticismo. “Lo primero que tenemos que comprender es que nadie sabe realmente cómo va a ser el mercado laboral en 2040”, dijo.

“Tú eras un conductor de camiones y ya no eres necesario —siguió—, pero se creó una nueva demanda de instructores de yoga”. Y así el camionero de 40 años se reinventa, aplica los saberes que le puedan servir de su experiencia antigua y adquiere nuevos conocimientos. “Es muy difícil, pero de algún modo lo logras”, agregó. “Entonces, 10 años más tarde, ya no hacen falta instructores de yoga”.

En efecto, en la “cadena de revoluciones cada vez mayores” que se avecinan, es muy difícil no pensar que surgirá una aplicación perfecta, conectada al cuerpo mediante sensores biométricos, que controlan la actividad completa del organismo en la secuencia de poses de una práctica de yoga. “Ningún instructor humano de yoga puede competir con eso. Te quedas sin trabajo”, imaginó el escenario más probable.

“Te tienes que reinventar otra vez, como diseñador de juegos virtuales. Y de algún modo lo logras. Pero 10 años más tarde… también esto se ha automatizado. Te tienes que volver a reinventar".

2) La casa de bloques de piedra vs. la carpa

Bilyeu quiso saber, dado que es imposible estimar qué demandará el mercado de trabajo en apenas 20 años, qué puede hacer una persona para prepararse. Pero Harari reorientó su inquietud: ya no existe, como a comienzos del siglo XX, una opción segura de profesión. Se sabrá sobre la marcha, aventuró; mientras tanto, la mejor inversión no es en —por ejemplo— una carrera determinada sino “en inteligencia emocional y en equilibrio mental, y en esta clase de habilidades sobre cómo continuar cambiando, como seguir aprendiendo".

“No estamos siquiera cerca del potencial máximo de la inteligencia artificial”, dijo Harari. “Lo que realmente vamos a enfrentar es una sucesión de revoluciones en el mercado laboral, en las relaciones, en la política” (Nicolás Stulberg)

¿Y eso cómo se adquiere? En principio, no se estudia: “No tenemos una universidad de flexibilidad mental”. Son herramientas para cultivar curse uno derecho o ballet: “Hay que tener presente que mucho de lo que hoy aprendemos podría dejar de ser relevante en 20 o 30 años así que, sea lo que sea aquello que uno haga, también tendría que invertir en el desarrollo de la inteligencia emocional, el equilibrio mental y la capacidad de mantenerse cambiando y aprendiendo y reinventándose a lo largo de la vida”.

Ofreció una imagen como comparación: “Si en el pasado la educación se parecía a construir una casa de materiales sólidos, como la piedra, y con cimientos profundos, ahora se parece más a construir una carpa que se pueda doblar y llevar a otro lugar con rapidez y sencillez”.

3) El ser humano ya es un sistema hackeable

Harari destacó que otra gran consecuencia de la aceleración tecnológica es que el ser humano se ha convertido en “un animal hackeable”. Es algo que ningún sistema totalitario del siglo XX logró: “Aun si el KGB o la Gestapo te seguían 24 horas por día, escuchando cada conversación que tenías, observando a cada persona con la que te encontrabas, no tenían el conocimiento biológico suficiente para comprender qué sucedía dentro de ti. Y por cierto no tenían el poder de computación necesario para entender siquiera los datos que sí lograban obtener”.

Hoy, en cambio, existe la tecnología que permite descifrar a los humanos como sistema, “saber qué pensamos para anticipar nuestras elecciones, para manipular nuestro deseos humanos de maneras que nunca antes fueron posibles”, sintetizó.

¿Qué hace falta para hackear a un ser humano? Solamente dos cosas, aunque son dos cosas complejas: “Un montón de datos, en particular datos biométricos, no solo sobre dónde vamos y qué compramos, sino qué sucede dentro de nuestros cuerpos y dentro de nuestras mentes, y mucho poder de computación para comprender todos esos datos”, enumeró.

“Esto nunca antes fue posible en la historia”, subrayó. Pero aquello que el KGB o la Gestapo no lograron, que fue entender de verdad a una persona, al punto de predecir sus elecciones y manipular sus deseos, hoy es posible. “Lo que el KGB no pudo hacer, hoy las corporaciones y los gobiernos comienzan a poder hacerlo”, argumentó.

“Lo primero que tenemos que comprender es que nadie sabe realmente cómo va a ser el mercado laboral en 2040”, dijo Harari, por lo cual la flexibilidad es una característica clave a cultivar

“Esto se debe a la fusión entre la revolución en biotecnología (por la que cada vez somos mejores a la hora de entender lo que sucede dentro de nosotros, en el cuerpo y en el cerebro) y la revolución simultánea en tecnología informática (que nos da el poder de computación necesario). Cuando sumamos las dos cosas, logramos la capacidad de crear algoritmos que me entienden mejor de lo que yo me comprendo a mí mismo. Estos algoritmos no sólo pueden predecir mis elecciones: también pueden manipular mis deseos y, básicamente, venderme cualquier cosa, ya sea un producto o un político".

4) Conócete a ti mismo (porque el algoritmo ya te conoce bien)

A diferencia de la mente humana, que “es una máquina que produce relatos constantemente” —y sobre todo un relato muy importante, que es la identidad—, la tecnología recoge datos del sistema humano. Eso hace que, más temprano que tarde, los algoritmos puedan conocer a una persona mucho más de lo que ella se conoce a sí misma, algo que tampoco había sucedido nunca antes en la historia, subrayó.

“El yo es un relato, no es algo real”, resumió. “Si tomamos el perfil que la gente crea sobre sí misma en Facebook o Instagram, debería ser obvio: no refleja su existencia real. Por ejemplo, el porcentaje de tiempo que uno aparece sonriendo en la cuenta de Instagram es mucho mayor al porcentaje de tiempo que uno sonríe en la vida real”.

En esa forma de “tercerización del cerebro”, como describió a la mejora en la capacidad de construir relatos que ofrecen las plataformas sociales, se produce una separación significativa: allí donde los algoritmos sólo ven datos, el ser humano “tiende a cometer un error fundamental”, calificó, que es pensar que él realmente es ese relato que ha construido.

Aquello que el KGB o la Gestapo no lograron, que es hackear a una persona, hoy es posible. “Hoy las corporaciones y los Gobiernos comienzan a poder hacerlo”, argumentó Harari

“Una de las cosas más importantes de mi vida, y creo que más importantes de mi carrera científica, fue comprender de lo poco que sé sobre mí mismo”, puso como ejemplo. “Yo tenía 21 años cuando finalmente comprendí que era gay, y cuando lo pienso me resulta completamente asombroso, porque tendría que haber sido algo obvio a los 16 años, los 15 años, y un algoritmo lo habría advertido rápidamente”. Y hoy se podría crear un algoritmo como ese, que —por ejemplo— siga el movimiento ocular cuando una persona ve a otras, y sistematice dónde va su mirada, en quién se concentra. “Debería ser muy sencillo. Un algoritmo así podría haber dicho, cuando yo tenía 15 años, que yo era gay”, agregó.

Las implicaciones de eso son extraordinarias. Y no son solamente positivas, ni remotamente de dirección única. “Realmente depende de dónde vive uno y qué se hace con esa información. En algunos países, uno puede meterse en problemas con la policía y con el Gobierno”, señaló por caso. Y en otros, quizá una persona no sabe que es gay pero las corporaciones sí, “y lo quieren entender porque necesitan saber qué clase de publicidades mostrarle”.

Ante esos costados negativos, ante las consecuencias múltiples de la pérdida de privacidad —y hasta de intimidad de pensamientos y emociones de profundidad extrema—, ¿por qué querría la gente continuar con este progreso tecnológico?

5) Nuevos enemigos: la salud y la privacidad

La respuesta es simple, arrojó Harari como un golpe de realidad: “Porque tiene un lado bueno, mejorar el cuidado de la salud”. Que es lo más parecido que puede haber a la inmortalidad: comprar años de vida y de calidad de vida.

"Hoy es posible crear algoritmos que me entienden mejor de lo que yo me comprendo a mí mismo", alertó Harari. "Pueden predecir mis elecciones y manipular mis deseos" (Nicolás Stulberg)

“Es tremendamente tentador —desarrolló— porque la tecnología nos puede brindar el mejor cuidado de la salud de la historia, algo que va realmente mucho más allá de cualquier cosa que hayamos visto hasta ahora. Esto puede significar que quizá en 30 años la persona más pobre del planeta puede obtener mejor atención médica en su teléfono celular que la persona más rica de hoy obtiene en los mejores hospitales y con los mejores médicos”.

Dio el ejemplo de la detección temprana del cáncer.

“El proceso usual sucede por medio de la mente, no se lo pueda tercerizar. En la mayoría de los casos hay un momento crucial, cuando uno siente que algo en su cuerpo está mal, y va a un médico y a otro, y hace un estudio y otro hasta que finalmente se descubre que tiene cáncer. Como se basa en nuestros propios sentimientos —en este caso, de dolor— con mucha frecuencia cuando comenzamos a percibirlo es tarde, el cáncer se ha expandido. Y acaso no es demasiado tarde, pero tratarlo va a ser costoso y doloroso y complejo”.

¿Qué pasaría si se pudiera tercerizar esa percepción, emplear un algoritmo que controle la salud mediante sensores biométricos? “Podría descubrir este cáncer cuando es apenas un puñado de células que comienzan a dividirse y proliferar”, postuló Harari. “Y es mucho más fácil, y barato e indoloro, ocuparse en esa instancia que de dos años más tarde, cuando ya es un gran problema. Creo que todo el mundo aceptaría esto”.

Y en eso, cree, radica la gran tentación, aunque tenga un reverso oscuro. “Una de las grandes batallas del siglo XXI se va a librar entre la privacidad y la salud”, aseguró. “Y creo que la salud va a ganar. La mayoría de la gente va a estar dispuesta a renunciar a una importante cantidad de privacidad a cambio de un mejor cuidado de la salud”.

Y allí, arriesgó, es donde el sapiens vuelve a intervenir con las herramientas de la historia, que lo distinguen: “Necesitamos tratar de disfrutar de ambas cosas, de crear un sistema que nos dé gran cuidado de la salud pero sin poner en peligro nuestra privacidad”. Y Harari concluye, como es característico de su pensamiento, con un interrogante: “Que podamos, o no, lograr ese equilibrio, es una pregunta política enorme”.

martes, 28 de julio de 2020

LA UNESCO ADVIERTE SOBRE LA FALTA DE HABILIDADES COMO PENSAMIENTO CRÍTICO Y CREATIVIDAD EN LOS CURRÍCULOS ARGENTINOS


Según un nuevo informe, las llamadas "competencias para el siglo XXI" no están presentes en los programas nacionales. Su correlato en las aulas
Por Maximiliano Fernandez. 28 de Julio de 2020

Pensamiento crítico, resolución de problemas, creatividad, manejo de la tecnología. Son solo algunas de las mentadas “habilidades para el siglo XXI”, muy en boga desde hace años en el discurso de la innovación educativa. Ahora, un nuevo informe de la Unesco al que accedió Infobae advierte que en los currículos argentinos esas competencias brillan por su ausencia.

La Unesco engloba esas habilidades dentro de lo que llama “educación para la ciudadanía mundial” (ECM), que tiene como objetivo “inculcar a las personas, a lo largo de toda la vida, los valores, las actitudes y los comportamientos que constituyen la base de una ciudadanía mundial responsable”. De los 39 conceptos que identifica el organismo, solo 21 figuran en los núcleos de aprendizajes prioritarios (NAPs) de tercer y sexto grado, los cursos analizados.

El informe divide los 39 conceptos en cinco categorías: Elementos constitutivos de la ciudadanía, Valores sobre cómo vivir juntos, Globalización y diversidad, Habilidades y Equidad de Género. El diseño curricular argentino sobresale en la categoría de ciudadanía: hay presencia de valores como democracia, derechos, identidad, igualdad. Pero hace agua en lo relativo a habilidades: no aparece el pensamiento crítico, la toma de decisiones, la resolución de problemas, entre otras.

Si bien equidad de género figura como ausente, aclaran los expertos consultados, sí se sumó una fuerte carga de contenidos en esa línea en los últimos años, en especial a partir de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral. Sucede que el diseño curricular oficial de primaria data de 2005.

“A la luz de estos resultados, se espera que los diferentes actores educativos de Argentina revisen los conceptos ausentes, evalúen cómo conectar los instrumentos curriculares con la Agenda 2030, y dispongan de orientaciones y material pedagógico para que maestros y maestras puedan integrar estas temáticas en sus aulas, con el fin de que todo estudiante pueda desarrollar los valores de la educación para la ciudadanía Mundial y el desarrollo sostenible”, señaló a Infobae Carlos Henríquez, coodinador general del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación de la Oficina Regional de Unesco.

Henríquez remarcó que Argentina, al igual que la mayoría de los países vecinos, todavía bajos resultados en las pruebas de lengua y matemática. “Sin resolver estas competencias básicas será difícil avanzar hacia las habilidades del siglo XXI. Este es un gran desafío que enfrentan todos los países de nuestra región”, consideró.

En la comparación con la media de Latinoamérica y el Caribe, Argentina presenta condiciones similares. En el currículo local aparecen todas las nociones con mayor presencia regional (por encima del 80%) a excepción de pensamiento crítico. Sin embargo, se advierten varias ausencias en otros valores que figuran en al menos la mitad de los currículos latinoamericanos, como responsabilidad, creatividad, tolerancia y pensamiento reflexivo.

“Llaman la atención algunas ausencias en los documentos analizados, pues no se abordan conceptos del ámbito de habilidades relevantes para el ejercicio de la ciudadanía mundial”, remarca el informe.

En esa línea, Juan María Segura, consultor en gestión educativa, reflexionó: “Argentina muestra una notoria debilidad en el área de las competencias del siglo XXI. A pesar de que existen desde hace décadas metodologías de aprendizaje que favorecen su desarrollo, nuestro país aún no ha logrado ni crear equipos pedagógicos expertos en esos nuevos saberes, ni ha logrado hacerle un espacio estructural dentro de la currícula oficial. Así, la decisión de cualquier escuela de sumar metodologías innovadoras termina siendo una ‘pulseada’ entre el tiempo curricular de la metodología ingresante versus el contenido que deba ser reemplazado”.

Segura considera que no se trata solo de una omisión curricular, sino “de una gran irresponsabilidad de la política educativa”. “Graduar alumnos débiles en estas áreas críticas para el mundo del trabajo y la producción es restringir el potencial de expresión de los niños, dificultar su tránsito por los niveles educativos subsiguientes, y, en última instancia, limitar las oportunidades de movilidad social. Sin estas competencias, estaremos graduando ciudadanos mal equipados”.

Lo que dice el currículo y lo que pasa en el aula
En la práctica, muchas veces lo que dicen los papeles oficiales no encuentra un correlato. Los docentes se apropian a su manera del currículo y capacidades que están fuera de los documentos ingresan en la dinámica escolar. Y lo mismo viceversa.

“En Argentina, los NAPs son referencia para los diseños curriculares provinciales y pocas veces son la consulta directa de los docentes. Esto siempre teniendo presente que lo que verdaderamente encuadra y posibilita los aprendizajes de los estudiantes es el currículum real, el que se vive en las aulas (o en las pantallas, en este momento)”, explicó Irene Kit, presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos.

El estudio de la Unesco divide entre presencia declarativa y programática, la cual supone más chances de ser incluida en el aula. “Más allá de estar presentes en las enunciaciones declarativas en muchos diseños curriculares provinciales, las habilidades de pensamiento, de creatividad, de opinión personal y de relacionamiento pueden llegar a pasar inadvertidas en las programáticas. Esa ausencia es un problema porque en la parte programática se define, en un grado importante, las indicaciones que se dan en relación con el uso del tiempo”, planteó Kit.

La especialista dio un ejemplo concreto, enmarcado en este momento de educación remota. “Concitar un debate sobre el comercio justo en el mundo, si interesa a los estudiantes, puede ser un tema apasionante, que atraviese varios espacios curriculares y requiera un tiempo para desplegarse y madurar, pongamos tres semanas. Ello implicaría aceptar que, para que ese proceso ocurra, otros contenidos que estaban planificados sean postergados o reducidos. Eso nos cuesta mucho a los docentes porque a su vez hay una mirada de control sobre el programa preestablecido, que nos pone rígidos y poco creativos. ¿Cómo podríamos generar creatividad y juicio crítico, cuando todo está tan determinado de antemano, fragmentado y organizado de modo tal que la vida no pueda entrar?”.



viernes, 17 de julio de 2020

POR LA ALTA DEMANDA LABORAL, NACE UNA CARRERA DE BIG DATA Y GESTIÓN


Se trata de una licenciatura creada por el ITBA para formar profesionales orientados al análisis de datos y la toma de decisiones. El instituto busca resolver el «desacople» entre la formación profesional y la demanda de empresas, sector público y ONGs.
Por la alta demanda de profesionales especializados, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) creó una nueva carrera orientada al análisis de datos y la gestión. Se trata de la Licenciatura en Analítica Empresarial y Social, cuyo programa comenzará en marzo de 2018 y apunta a formar un perfil cada vez más solicitado en el ámbito privado, estatal y sin fines de lucro, pero que escasea en el mercado laboral.
Con ese fin, el instituto decidió impulsar una propuesta curricular flexible que combina el uso de la tecnología, la toma de decisiones y el manejo de información para que el profesional pueda liderar procesos de innovación y estar preparado para la gestión con una mirada estratégica. La idea es que pueda impulsar el cambio tecnológico y la búsqueda de oportunidades de negocios o proyectos a partir del análisis de los datos.
La carrera fue presentada el martes en la sede del ITBA en Puerto Madero, donde un panel de especialistas, autoridades y representantes de la institución compartieron casos de éxito donde el uso de datos fue clave para la toma de decisiones. Además, reflexionaron sobre las oportunidades laborales y el profesional del futuro.
«La analítica, entendida como la toma de decisión basada en datos, genera decisiones digitales que se están convirtiendo en la razón del éxito o fracaso de las instituciones. Y esto se cumple en la sociedad en general, desde la gestión de ONGs, pasando por gobierno y empresas hasta el emprendimiento tecnológico que se está gestando en este momento en algún lugar del país», señaló el ‎director de la Escuela de Ingeniería y Gestión del ITBA, Andrés Agres.
Durante la actividad, los participantes destacaron la importancia del análisis de datos en un escenario en el que el cambio tecnológico demanda empleados preparados para realizar tareas más complejas y calificadas. «El análisis de grandes volúmenes de información es un proceso que llegó para quedarse. Y la demanda de profesionales en el área tenderá a ser cada vez mayor«, señaló Alejandro Vaisman, director del Centro XData (ITBA).
En tanto, el director Nacional de Datos e Información Pública de Presidencia de la Nación, Gonzalo Iglesias, analizo el impacto social de los datos al señalar que «en Argentina la capacidad creativa y la diversidad cultural son dos factores fundamentales». «El mayor desafío es conectar el sector público y privado con la sociedad civil«, añadió.
En el último panel, dedicado a la gestión y análisis de datos como clave para el profesional del futuro, participaron Andrés González, socio líder de Consultoría en Transformación Organizacional y Gestión de Talento de Accenture; Guillermo Calvi, director de Desarrollo de Producto de Mercado Libre; y Juan Vidaguren, director de la Licenciatura en Analítica Empresarial y Social (ITBA).
Los panelistas coincidieron en la importancia en la descentralización de datos, la creatividad y el aprendizaje, para resolver el «cuello de botella» entre lo que necesitan las empresas y la formación de los profesionales.
«El concepto que más guía nuestro día a día es cómo conectar gustos, perfiles y experiencias distintas. Estamos viviendo la paradoja de estar conectados todo el tiempo, pero a la vez el riesgo de no hacerlo adecuadamente», señaló González.
Y agregó: «La licenciatura brinda la oportunidad de ir a crear, no esperar. Los estudiantes pueden elegir su propia aventura, y sumergirse en un tema que representa hoy en día un valor agregado”.
Calvi describió una suerte de «desacople» en los perfiles de los profesionales a la hora de manejar datos y adoptar una estrategia de negocios. «Los datos nos golpean la puerta para elegir el mejor rumbo pero no tomamos las decisiones. Hasta ahora no existía una carrera específica para que la gente forme parte del equipo y tome las mejores decisiones», aseguró.
Todo eso, continuó Vidaguren, impulsó la creación de la nueva carrera. «Juntamos dos mundos en solo perfil que no existía», afirmó.
La carrera
Fundamentada en el análisis masivo de datos para la toma de decisiones de negocio y en áreas estratégicas como la movilidad, educación, salud y medio ambiente, la carrera propone la formación de profesionales con una fuerte capacidad analítica, utilizando tecnología y datos para detectar oportunidades y establecer el rumbo estratégico de las organizaciones.
 «A través de un método de enseñanza centrado en la participación activa del alumno, la Lic. en Analítica Empresarial y Social articula las oportunidades de negocio con las tendencias económicas, sociales y culturales, para crear e implementar modelos de decisión basados en grandes volúmenes de datos. Esto brinda a los estudiantes la posibilidad de optimizar los procesos de toma de decisión e implementar soluciones que mejoren la calidad de vida de la sociedad», afirmó Juan Vidaguren, director de la carrera.
El objetivo de la licenciatura es formar profesionales altamente preparados para la gestión en el ámbito empresarial y social; en función de una fuerte capacidad analítica, utilizando la tecnología y, sobre todo, el manejo de datos, para proponer soluciones, detectar oportunidades y establecer el rumbo estratégico de todo tipo de organizaciones.
De ese modo, el graduado podrá desempeñarse junto a los ejecutivos del negocio para asegurar que cuenten con la información concreta indispensable para definir estrategias y tomar decisiones a partir del procesamiento de grandes volúmenes de datos.
Los profesionales serán agentes de cambio: dirigirán la transformación que la industria y la investigación necesitan con creatividad, innovación y un claro liderazgo. Además, su amplia formación les brindará herramientas para desempeñarse en organizaciones sin fines de lucro o gubernamentales y, de esta manera, generar cambios de impacto social.
El contenido del plan de estudios está orientado a que el estudiante comprenda tanto las problemáticas de la empresa como la de sociedad general. Además, ofrece contenido electivo para que cada estudiante pueda desarrollarse en la actividad de su interés. La cursada está organizada en un plan flexible de 8 cuatrimestres.

sábado, 6 de junio de 2020

LOS DESAFÍOS DE LA EDUCACIÓN DIGITAL


Por Eugenia Mitchelstein y Pablo J. Boczkowski
6 de Junio de 2020
La pandemia de coronavirus y las medidas de aislamiento que se tomaron en muchos países revelaron las desigualdades que existen en las escuelas. En Argentina, uno de cada cinco estudiantes de escuelas primarias no tiene acceso a internet en su casa, y casi un cuarto no cuenta con una computadora. En México, solo el 40 por ciento de los hogares tiene acceso a una PC. En los Estados Unidos, siete millones de alumnos de nivel primario y secundario no cuentan con acceso a internet en sus hogares.

Aunque la inequidad en el acceso a las herramientas digitales no es un fenómeno nuevo, la suspensión de clases presenciales en gran parte del mundo la hizo más evidente que nunca. Para analizar este tema, hablamos con cuatro especialistas en educación y tecnología de instituciones líderes de Estados Unidos y Europa.

Danah Boyd es investigadora principal en Microsoft Research, y fundadora y presidenta de Data & Society. Para ella, “la desigualdad es sistémica, no está enraizada en la tecnología sino que se amplifica a través de ella... cuando las escuelas entregan tecnología, a menudo asumen de forma ingenua que esto cerrará la brecha. Si un estudiante no tiene internet en casa, el dispositivo es inútil. Si el estudiante tiene miedo de ser asaltado en el camino de la escuela, la tecnología puede presentar nuevos riesgos". Boyd agrega: “No podemos esperar que las escuelas resuelvan problemas sistémicos con una sola intervención. (...) La clave es pensar realmente en los diferentes estudiantes y adaptar las intervenciones que pueden ayudar a aliviar las desigualdades estructurales”.

La desigualdad estructural también se hace evidente en cómo algunos docentes valoran distintas actividades de los estudiantes. Sonia Livingstone, profesora de Comunicación y Medios en London School of Economics and Political Science, reflexiona sobre la investigación para su libro The Class: Living and Learning in the Digital Age (La Clase: Vivir y Aprender en la Era Digital), escrito junto a Julian Sefton-Green: “Esperábamos encontrar que la escuela dedicaba esfuerzos a superar las desigualdades pero, en cambio, encontramos maestros que elogiaban a los estudiantes que aprendían música clásica en el piano pero no a los que aprendían un instrumento folclórico”.

Sonia Livingstone comenta que “los niños de clase media tenían en sus casas la computadora y la conectividad que necesitaban para profundizar intereses escolares e individuales, mientras que los niños más pobres a menudo carecían de esos recursos”.

Jessica Taylor Piotrowski, profesora de Comunicación en la Universidad de Ámsterdam, propone: “Si un sistema escolar cuenta con la infraestructura para integrar smartphones a las lecciones y actividades de clase, pueden ser una gran opción para un aprendizaje más personalizado (...) Esta infraestructura incluye tener una red segura, presupuesto para contenido, desarrollo profesional para maestros y acceso inclusivo para todos los estudiantes”.

Pero Taylor Piotrowski explica: “Sin estos recursos, es probable que se produzca más interrupción que integración; en ese caso, parece que prohibir o limitar el uso es una opción mucho más razonable. El uso limitado debería estar acompañado por alfabetización digital (para maestros, padres y estudiantes) para ayudar a garantizar un uso inteligente”.

Piotrowski, además, duda “si se le puede pedir más a los docentes, que ya están sobrecargados con demasiados estudiantes, recursos insuficientes en el aula y oportunidades insuficientes para el desarrollo profesional”.

La desigualdad va más allá del acceso a los dispositivos. Mizuko Ito, profesora en la Universidad de California en Irvine, sostiene que un factor adicional es “la falta de aprecio de los adultos por el aprendizaje que los jóvenes pueden obtener mientras se dedican a sus intereses usando los recursos de las redes y los medios digitales". "Esta percepción ha cambiado con la crisis de COVID-19, que ha traído gran parte de la vida social y el aprendizaje en línea, pero los adultos han estigmatizado la participación digital de los jóvenes”, explica.

Según Ito, “esto significa que, incluso cuando los jóvenes aprenden lectura, matemática y resolución de problemas en comunidades de gaming y fandom, por ejemplo, los adultos tienden a ver estas actividades como una pérdida de tiempo" . "Esto es particularmente cierto para los intereses de los jóvenes que no forman parte de la cultura dominante y la cultura pop de las adolescentes, así que es importante reconocer ese sesgo”, agrega.

Livingstone coincide: “En The Class vimos una y otra vez cómo los jóvenes se perdían la oportunidad de perseguir sus propios intereses y profundizar su aprendizaje (...) especialmente en relación con sus actividades digitales, que los adultos descartaban o menospreciaban sin tomarse la molestia de descubrir por qué los jóvenes las encuentran interesantes o placenteras. Escuchar a los niños parece difícil para los adultos, pero es crucial”.

¿Qué cambios se podrían introducir en la educación digital? boyd cree “que los estudiantes necesitan comprender las diversas lógicas que sustentan nuestro mundo sociotécnico: cómo las presiones externas pervierten las herramientas que utilizamos; (...) por qué los periodistas están obsesionados con los clics; cómo se diseña y vende la publicidad digital (...); cómo se puede manipular la economía de la atención (...)?”.

Por ello, agrega: “El árbol nos tapa el bosque si nos enfocamos en enseñar a los estudiantes a programar. Al invertir la perspectiva para comprender las lógicas que sostienen el ecosistema digital, podemos ayudar a los estudiantes a comprender cómo está estructurado el mundo”.

Por su parte, Livingstone se pregunta: “¿No podrían las escuelas pensar en formas de abrir los recursos de la escuela a la comunidad, creando oportunidades extracurriculares para que los jóvenes persigan sus propios intereses (¿Fotografía? ¿Hacer gifs y memes? ¿Convertirse en un YouTuber?). ¡Quizás hasta puedan enseñar algo a sus padres y maestros!”.

Ito explica que esto “no significa que las escuelas tengan que transformar su plan de estudios tradicional, pero incluso algo como patrocinar un club de anime o un equipo de e-sports en la escuela, o incluso un maestro que tome o comparta un interés en la cultura popular con los estudiantes puede marcar la diferencia”.

Esto es clave, según Ito, porque “la escuela es mucho más que un sistema formal, y para los jóvenes, las relaciones y la pertenencia son esenciales para que les vaya bien en la escuela”.

La alfabetización digital también incluye fomentar oportunidades para la desconexión. Taylor Piotrowski que la escuela es un buen lugar para enseñar autorregulación. “Los medios son un espacio maravilloso para aprender, participar, conectarse y entretenerse. Y no deseo demonizarlos ni tratarlos como problemáticos. Pero como todo, el equilibrio es importante”.

Esta investigadora agrega que “expertos en medios y juventud hablan de una dieta mediática (similar a una dieta nutricional), y aunque quizás sea un ejemplo anticuado, todavía funciona. Si podemos modelar una relación saludable con los medios en nuestro mundo siempre conectado, podemos recorrer un largo camino para ayudar a los chicos y chicas a activar y desarrollar sus procesos de autorregulación”.

Boyd concuerda con que el uso inteligente y saludable es crucial: “La misma tecnología puede ser una herramienta o una distracción (...). Las herramientas deben introducirse en el aula de una manera pedagógicamente sólida donde puedan ayudar a los estudiantes a aprender mejor o alcanzar otras metas”.

Para Boyd, “las escuelas deberían ayudar a capacitar a los estudiantes para que sean independientes". “Esto significa ayudarlos a trabajar con la tecnología como herramienta en lugar de simplemente presentarla como una distracción. Después de todo, los estudiantes usarán sus teléfonos cuando salgan de la clase y si queremos ayudar a producir personas que puedan aprender durante toda su vida, deben desarrollar una relación saludable con sus dispositivos, herramientas y juguetes”, agrega.

La educación digital tiene por delante los desafíos de reducir la desigualdad en el acceso a los dispositivos, fomentar la creatividad en los modos de uso, y ayudar al desarrollo de un vínculo sano con los mismos. Esta enseñanza ayudaría no solo a los y las estudiantes, sino también a docentes, padres, madres y la sociedad en su conjunto. La vida, después de todo, es un aprendizaje continuo.

viernes, 3 de abril de 2020

LA BIOLOGÍA ESTÁ ACELERANDO LA DIGITALIZACIÓN DEL MUNDO


El coronavirus está multiplicando exponencialmente nuestra dependencia de los dispositivos y de las grandes empresas tecnológicas (de Google a Netflix). La revolución está siendo completada por una pandemia.
Por Jorge Carrión. 29 de marzo de 2020
Crédito: Glenn Harvey

BARCELONA — Somos un matrimonio con dos hijos pequeños y nuestra rutina durante el encierro podría resumirse así. Después de desayunar, consultamos el Google Drive del colegio para ver las actividades educativas que realizaremos durante el día. La sesión de gimnasia la hacemos mirando tutoriales de YouTube. Los dibujos animados los encontramos en Netflix o en Movistar+; las series y las películas, sobre todo en HBO y Filmin. Mi pareja y yo nos turnamos para impartir clases a través de Zoom. Con la familia y los amigos nos comunicamos —y nos cuidamos— gracias a WhatsApp.

La paradoja es evidente: la biología —y no la tecnología— está acelerando la digitalización del mundo. Un virus que afecta a los cuerpos y que se transmite cara a cara o por la superficie de los objetos está multiplicando exponencialmente nuestra dependencia de los dispositivos. Un fenómeno biológico nos está hundiendo en la virtualidad. Si al ritmo del año pasado la transición digital se hubiera completado —digamos— en treinta o cuarenta años, es muy probable que tras la pandemia ese plazo se reduzca drásticamente.

En La estructura de las revoluciones científicas, el filósofo de la ciencia Thomas S. Kuhn afirmó que las crisis son prerrequisitos de las revoluciones y distinguió entre el cambio acumulativo y el revolucionario. Nunca antes en la historia de la humanidad había ocurrido una pandemia de contagio tan vertiginoso. Es probable que la acumulación exponencial de conocimiento complejo durante estos meses en los campos de la biotecnología, la informática, la robótica, la estadística, la ingeniería de sistemas o de datos complete en un tiempo récord la revolución tecnológica que ya estábamos viviendo.

Cuando las emergencias sanitaria, funeraria y psicológica terminen, en plena crisis económica, deberemos evaluar cómo hemos modificado nuestra relación con el mundo físico y con el virtual. Y recordar que también un virus informático podría paralizar la realidad. Porque en un futuro más o menos próximo la inteligencia artificial sufrirá sus propias epidemias.

Aunque no sabemos ni qué pasará mañana, podemos proseguir con ese ejercicio de imaginación. Si la crisis no acaba paralizando también la industria y la investigación tecnológicas, la descomunal inyección de dinero y de macrodatos que le está proporcionando a empresas como Google, Amazon, Facebook o Netflix va a impulsar todavía más el desarrollo de la inteligencia algorítmica. Y es verosímil pensar que, cuando hagamos un balance colectivo de la gestión de una epidemia que la informática detectó antes que la Organización Mundial de la Salud, no será extraño que se decida dar más poder de decisión a las máquinas. Mientras tanto, se habrá incrementado exponencialmente nuestra dependencia de las interfaces.

Dos son los catalizadores de esa inesperada y vertiginosa aceleración de nuestra dimensión digital. La economía, por un lado, porque la cuarentena ha amenazado la subsistencia de innumerables empresas de entretenimiento, cultura, turismo o moda, al tiempo que ha supuesto la llegada de un enorme capital a las plataformas tecnológicas. El fin de semana pasado, en España, el consumo de contenidos en Movistar+ creció un 47 por ciento con respecto al anterior y cada uno de ambos días los usuarios superaron los 42 millones de horas en la plataforma. Durante la emergencia ha crecido en este país un 80 por ciento el tráfico en internet.

En relación directa y por el otro lado, la sociología está impulsando también la digitalización. Durante el encierro, los niños se están acostumbrando a recibir información y conocimiento a través de las computadoras; se está monitorizando a través del móvil la temperatura o la geolocalización de los afectados por el virus; los abuelos están descargando incluso las aplicaciones a las que eran reticentes; todo el mundo se ha familiarizado con Skype, Google Hangouts o FaceTime; y hasta millones de fanáticos del deporte —ante la suspensión mundial de los campeonatos— se han empezado a aficionar a las competiciones de deportes electrónicos.

Los beneficios económicos y las nuevas costumbres convergen en la memoria emocional de cada uno de nosotros. La facturación de las corporaciones tecnológicas no es solo monetaria, también es sentimental. Seremos cientos de millones quienes anclaremos para siempre nuestro recuerdo de la cuarentena en los vídeos, películas, series, canciones, mensajes de texto, fotos o videoconferencias que vivimos a través de media docena de gigantescas empresas de logística digital.

En estos momentos los modelos de gestión con éxito de la epidemia son, sobre todo, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong y Taiwan. Comparten el uso de aplicaciones de seguimiento de los ciudadanos que han estado en zonas de contagio o que padecen la enfermedad. China ha comprobado durante las últimas semanas que su sistema de reconocimiento facial no es efectivo en situaciones de uso masivo de mascarillas, de modo que ya debe de estar perfeccionando herramientas de identificación a partir de los ojos y la frente. Mientras tanto el mundo se prepara para implementar nuevas estrategias de biocontrol. Cuando esta pesadilla termine, es muy plausible que no solo se haya alejado de la esfera de nuestros hábitos y afectos la relación con los libros en papel, con las clases presenciales, con el trabajo en la oficina o con los espectáculos en vivo y en directo, sino que también estemos mucho más cerca de que los gobiernos accedan a nuestras coordenadas y a nuestro ADN, o que deleguen parte de sus decisiones en inteligencias artificiales.

¿Quién está más capacitado para gestionar una pandemia, la OMS, la ONU y los gobiernos nacionales o un macrosistema algorítmico? Supongo que la respuesta es, de momento, ni uno ni el otro: un diálogo entre la política, los expertos y la supercomputadoras. Pero está claro que estamos acelerando hacia lo que los teóricos de la inteligencia artificial han llamado el éxtasis computacional: ese momento en que la inteligencia algorítmica trascenderá la humanidad. El empujón, inesperado, lo está dando el COVID-19, tal vez porque, aunque su naturaleza sea biológica, es metafóricamente el primer virus cyborg. Se propaga con la misma facilidad por los cuerpos que por las pantallas. Y está revolucionando las dos dimensiones que constituyen nuestra frágil realidad.

Jorge Carrión (@jorgecarrion21) es escritor y crítico cultural. Es autor de la trilogía de ficción Los muertos, Los huérfanos y Los turistas. Su libro más reciente es Contra Amazon.

lunes, 18 de noviembre de 2019

QUÉ ES LA INICIATIVA "BRAIN", EL MISTERIOSO VIAJE AL CEREBRO HUMANO QUE ENCABEZA EE. UU.


El plan fue lanzado por Obama en 2013. Estará listo para 2028. Las posibilidades detrás de este proyecto son insondables y rozan la ciencia ficción.
Juan Décima. Clarín. Mundo

Fue el 2 de abril de 2013 cuando el entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama anunció el lanzamiento de la Iniciativa BRAIN en el East Room de la Casa Blanca. El objetivo del proyecto (brain quiere decir cerebro en inglés) era tan ambicioso como vasto: 15 años de duración, un presupuesto total estimado en 4.500 millones de dólares y laboratorios distribuidos alrededor de todo el mundo, todos trabajando en pos de mapear toda la actividad neuronal del cerebro, y entender cómo funciona el más misterioso de los órganos.

Desde la posibilidad de tratar el Parkinson y el Alzheimer​ hasta la creación de prótesis que permitan vincular el cerebro directamente a Internet, los potenciales avances que se adivinan detrás del éxito de BRAIN se asoman como capaces de solucionar algunos de los problemas más insondables de la medicina, como así también de alterar el paradigma de lo que se entiende es un ser humano.

“El proyecto BRAIN es importantísimo porque está enfocado en crear herramientas, las cuales les van a permitir a los científicos hacer descubrimientos importantes", afirma Rafael Yuste (56), un neurobiólogo español que actualmente trabaja en el Universidad de Columbia en Nueva York, Estados Unidos. Además de ser uno de los investigadores más citados del mundo en el campo de la neurociencia, es uno de los ideólogos de la Iniciativa BRAIN, que quiere decir Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies (Investigación del cerebro a través del avance de neurotecnologías innovadoras).

"Los enviones más importantes para la ciencia se los dan las tecnologías. Los científicos podemos creer que somos claves, pero en realidad, sólo podemos ver lo que nuestras herramientas nos permiten”, explicó Yuste en diálogo con Clarín durante su reciente paso por Buenos Aires, donde llegó invitado por el programa Argentina 2030 de la Jefatura de Gabinete de Ministros del gobierno nacional. “Gracias a esta tecnología, vamos a entender cómo funciona el cerebro, y el cerebro genera la mente humana. Tal vez no seremos nosotros los que lleguemos a hacerlo, pero esto va a permitirle a las nuevas generaciones profundizar investigaciones y estudios sobre la neurociencia”, completa.

No hace falta ser científico para notar que, en los últimos tiempos, la neurociencia está en todas partes. Desde el marketing y la economía hasta la autoayuda, no pareciera haber disciplina que no esté encandilada por la “moda neuro”. Tampoco es difícil entender por qué: es evidente que la clave para entender los aspectos centrales del comportamiento humano está en el cerebro, el órgano más fascinante y misterioso de todos. Y si bien ha habido avances en los últimos años que han alimentado esta suerte de pasión por la ciencia, el tema es que aún no se sabe a ciencia cierta cómo funciona. Sin embargo, para científicos e investigadores del campo, la posibilidad de descifrar el “lenguaje” del cerebro es un horizonte que se atisba como algo que está cada vez más cerca.

La neurociencia es el campo de la ciencia que estudia el sistema nervioso y la interacción entre las diferentes partes del cerebro que dan lugar a las bases biológicas de la cognición. El “padre” de la neurociencia moderna es el médico e investigador español Santiago Ramón y Cajal, quien obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1906 junto al italiano Camillo Golgi por su trabajo sobre la estructura del sistema nervioso. Es decir que, como disciplina autónoma, es relativamente nueva.

“Era una ciencia secundaria, después de física, la química y la biología molecular. Ahora ha madurado, es como un niño que creció, y está listo para tomar su lugar. El proyecto BRAIN fue un momento crucial en este proceso de consolidación”, explica Yuste, quien no tiene dudas de que la neurociencia va a terminar siendo “la ciencia central de la humanidad”. “Podría llegar a ser una disciplina que se mueva en pie de igualdad con la física y la química”, opina.

Un misterio a resolver
La iniciativa BRAIN está modelado en base al proyecto del Genoma Humano, una iniciativa científica global que se lanzó con el objetivo de identificar los cerca de 25000 genes que componen el ADN humano. Hay alrededor de 500 laboratorios alrededor del mundo haciendo investigaciones en el marco de BRAIN, que está en el quinto año de los 15 que se prevé que durará. Se calcula que el presupuesto final del proyecto rondará los 6000 millones de dólares. Según Yuste, la iniciativa está llegando a su “velocidad crucero”, una suerte de punto medio de su recorrido.

Los objetivos generales del proyecto se pueden dividir en tres grandes grupos: mapear la actividad neuronal, asistir en la cura de condiciones neurológicas y contribuir a la creación de nuevos modelos teóricos e informáticos. El primer objetivo se refiere a la posibilidad de registrar la actividad de las 70 mil millones de neuronas se estima tiene el cerebro. La neurona es la célula principal del sistema nervioso, y es la encargada de recibir, procesas y transmitir información a través de señales químicas y eléctricas. El funcionamiento del cerebro es tan complejo que hasta ahora sólo se ha podido registrar la actividad de grupos pequeños de neuronas al mismo tiempo.

El segundo objetivo es el que tiene una aplicación más directa y palpable. Entender el funcionamiento del cerebro podría derivar en la posibilidad de entender qué es una depresión, un retraso mental o una enfermedad neuronal. Potencialmente, podría asistir en el tratamiento de condiciones como el Alzheimer o el Parkinson. El tercer objetivo se refiere a cómo develar el funcionamiento del cerebro podría redundar en mejoras a la inteligencia artificial, y a los modelos informáticos.

 “Estas herramientas pueden ayudarnos a develar cómo los cerebros hacen cálculos, y es casi seguro que usan algoritmos mucho más sofisticados que las que actualmente usa la inteligencia artificial. Y con un gasto energético muchísimo menor”, explica Yuste, quien acota a su vez que la inteligencia artificial funciona en base a cómo se pensaba que funcionaba el cerebro en la década del 70. O sea, un modelo perimido.

“Algunas de las computadoras más poderosas en la actualidad necesitan una central eléctrica propia para operar. En cambio, una hormiga, con un cerebro de un miligramo, hace unas operaciones de altísima complejidad con un gasto energético mínimo. En el caso del cerebro humano, el gasto energético es similar al de un foco de luz. La naturaleza descubrió algo hace 700 millones de años que nos puede enseñar, y es algo que seguramente puede revolucionar la industria informática”, remata.

Nuevos riesgos y nuevos derechos
De no mediar inconvenientes, la evolución de la iniciativa BRAIN llevaría primero a la creación de tecnologías que permitirían entender el funcionamiento del cerebro, lo que a su vez abriría el camino a que se pueda directamente intervenir y manipular la actividad cerebral. Esto redundaría en beneficios para los tratamientos médicos de condiciones neurológicas, pero también abriría la puerta a que se pudiesen aplicar “mejoras” a personas que no tienen problemas de ningún tipo.

“La mente es el cerebro, el tema es que no lo entendemos. Pero una vez que nuestras herramientas y tecnologías nos permitan estudiar el cerebro, vamos a poder entender y manipular los pensamientos de la gente. Por eso, tenemos que ser muy responsables, sobre todos los científicos como yo”, acota Yuste, quien ya ha hecho una propuesta para tratar de lidiar con esta cuestión. Junto con otros 25 especialistas del campo, postuló una serie de reglas éticas en la revista Nature que servirían para regular la aplicación de estas tecnologías. Les dieron el nombre de neuroderechos, y el objetivo es que en última instancia sean incorporados a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

“La idea es que haya una protección que sirva para proteger nuestras propiedades más esenciales. Esto es inédito en la historia, porque a nadie se le pudo haber ocurrido que algún día seríamos capaces de intervenir y manipular la actividad mental, y que las características básicas del ser humano pudieran ser modificadas”, explica para explicar el porqué de su determinación.

Los cinco derechos son los siguientes:
Derecho a la privacidad mental: Esto se refiere no a los datos que uno pone en el celular, sino a la información que está en las neuronas. Los datos de las neuronas generan la mente, y por eso deben estar regulados con un rigor legal que prohíba comercializarlos. Tendría un rigor legal similar al que regula los órganos humanos. No se puede comprar o vender un riñón. Sí se puede donar un órgano, y ese sería el mismo caso para los datos neuronales.

El segundo y el tercero están interrelacionados: son el derecho a la identidad personal y al libre albedrío. Tiene que ver con las interfases cerebro-computadora que se están desarrollando en el proyecto BRAIN, y abren la puerta a maneras más eficientes de conectar los cerebros de los pacientes a la red. Esto sería de gran utilidad para pacientes parapléjicos, ya que podrían llegar a operar brazos y piernas robóticas a través de una interfase cerebro-computadora.

También podría ayudar a ciegos. Actualmente se están desarrollando prótesis inalámbricas que se podrían implantar debajo del cráneo. Conectadas a una cámara, estas prótesis podrían estimular la actividad neuronal de una forma similar a cómo trabaja la visión. Este avance tecnológico, sin embargo, también permitirá la creación de prótesis que conecten el cerebro de personas sin ningún tipo de discapacidad directamente a Internet.

“Cuánto más conectado uno esté, menos atributos humanos tendrá. Cuanto más dependa de la red para tomar decisiones, menos libre albedrío tendrá. La sensación de identidad personal, el ‘yo’ y el libre albedrío, la capacidad de tener agencia, son derechos humanos fundamentales. La única razón por la cual no están consagradas oficialmente es porque a nadie jamás se le ocurrió que ese tipo de instancias pudieran ser modificadas artificialmente. ¿Quién podría haber pensado alguna vez que una persona no tendría capacidad de decisión propia?”, explica Yuste para fundamentar el porqué de la inclusión de este derecho.

Derecho al acceso equitativo: Al igual que los trasplantes de órganos, lo que se busca es que estas tecnologías sirvan para mejorar la vida de pacientes discapacitados. Si se permite a cualquiera instalarse un electrodo en la cabeza con la cual conectarse a Internet, las personas podrían tener acceso a algoritmos que les aumenten sus funciones cognitivas.

“Se podría tener acceso a un traductor de todos los idiomas; acceso instantáneo a la bolsa de Wall Street. Las ventajas económicas y sociales de estar conectado directamente a la web serán siderales. Esto significa que podría haber personas cognitivamente ‘aumentadas’, y otras que no. Una fractura social entre dos tipos de seres humanos, entre quienes tienen acceso a esta tecnología, y quienes no”, detalla Yuste, que sostiene que la decisión respecto a quien recibe este tipo de implantes deberá tomarse en base a “argumentos médicos, y no económicos o sociales”.

Derecho a la no discriminación, o al resguardo de los sesgos de los algoritmos: las prótesis que se instalarán en los pacientes funcionarán con algoritmos de inteligencia artificial creados por programadores e ingenieros de software. Es sabido que los algoritmos reflejan sesgos, que son los sesgos inconscientes de las personas que las crean. Si eso termina en dispositivos dentro del cerebro humano, se corre el riesgo de que las personas terminen con esos mismos sesgos. Al manipular el cerebro de las personas, hay que tener un celo máximo de que lo que ingresa allí esté limpio.

domingo, 20 de octubre de 2019

COPYRIGHT EN JAQUE: EL FUTURO DEL LIBRO ELECTRÓNICO SE JUEGA EN LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS DE EEUU


Estas instituciones están pasando de un modelo basado en la propiedad de copias físicas a otro gobernado por la letra chica de los acuerdos de licencia; qué limitaciones implica esa conversión
Steven Melendez. 19 de octubre de 2019

Si no ha visitado una biblioteca pública últimamente, quizás no haya advertido que ya no necesita ir físicamente para sacar un libro o una película. Miles de bibliotecas públicas ahora permiten a sus miembros descargar libros electrónicos a sus celulares, tabletas y lectores. También prestan audiolibros digitales y ofrecen películas que se descargan por streaming. Al igual que otros materiales de las bibliotecas públicas, por lo general están disponibles gratuitamente para cualquiera que sea socio.

Pero una biblioteca o un individuo en realidad no puede poseer materiales digitales del modo en el que posee un libro impreso o una película en DVD o en VHS. Los usuarios de libros, música y video electrónicos han visto cómo sus colecciones quedaron inutilizadas cuando editoriales y distribuidoras apagan sus servidores.

En lo que respecta a las bibliotecas, hay acuerdos de licencia en general establecidos por las editoriales que determinan cuándo y cómo uno puede tomar materiales prestados y algunos de esos acuerdos están forzando a las bibliotecas públicas que tienen presupuestos limitados a hacer elecciones difíciles respecto de lo que ofrecen al público.

Al buscar las bibliotecas y las editoriales adaptarse a un mercado en cambio, los usuarios de bibliotecas pueden encontrarse con que, lo que en un tiempo era un recurso gratuito excelente para leer y ver, está afectado por acuerdos y políticas sectoriales que están fuera de su control.

Mientras que de acuerdo con muchos indicadores las ventas de libros electrónicos en general se han amesetado en los últimos años, sigue en aumento el uso de libros electrónicos a través de bibliotecas. Rakuten Overdrive, la mayor plataforma que provee de libros electrónicos a usuarios de bibliotecas, informó que sus clientes de bibliotecas de todo el mundo tomaron prestados 274 millones de libros digitales en 2018, un 22% más que el año anterior, incluyendo su app popular Libby. Los audiolibros digitales prestados a través de AudioDrive similarmente dieron un salto del 28% a 107 millones, según la compañía.

Por el lado del video, Kanopy, un servicio de streaming que ofrece a los usuarios de bibliotecas acceso a un catálogo rico en películas independientes y extranjeras se ha expandido a nuevas bibliotecas en los últimos años y conquistado un público creciente de usuarios interesados en su catálogo. La compañía dice que más de 14.000 títulos individuales han pasado por su servicio este año y el total de vistas creció un 47% desde 2018. El servicio convenció a menudo a la gente de que se hiciera socia de una biblioteca, lo que es requerido para su uso, e incluso atrae a algunos espectadores con conexiones a Internet lentas o directamente inexistentes en su hogar, dice la CEO Olivia Humphrey. "Realmente van a la biblioteca pública para ver Kanopy", dice.

Pero mientras la gente cada vez más recurre a las bibliotecas para sacar libros electrónicos y alquilar películas, esos servicios pueden ya no ser viables para las editoriales o accesibles para las bibliotecas. Este verano boreal, el gigante editorial Macmillan anunció que a partir del 1º de noviembre las bibliotecas solo podrán comprar una copia digital de cada libro en las primeras ocho semanas desde su lanzamiento.

Ese límite se aplicará por igual a bibliotecas de una sola locación en pequeñas ciudades y a sistemas de bibliotecas urbanas con múltiples filiales, lo que significa que solo una diminuta fracción de los lectores en las jurisdicciones más grandes podrían tomar prestado el libro digital durante ese período. Generalmente, las bibliotecas pueden llegar a comprar cientos de copias digitales de un libro que se espera que sea un best seller.

La decisión de Macmillan provocó críticas de bibliotecas importantes y de la asociación de bibliotecas de Estados Unidos, que lanzó un petitorio online reclamando a Macmillan que no implemente esa política. El petitorio ya recolectó más de 89.000 firmas, pero la editorial no ha anunciado cambios en el programa hasta ahora. La compañía no quiso hacer comentarios.

Este cambio podría alargar muchísimo la espera por libros populares. En este momento los bibliotecarios dicen que por lo general tratan de comprar suficientes copias como para que la cantidad de libros en espera sea manejable. Por ejemplo, Ed Brown, representante para Información Pública de la biblioteca pública de Nashville, donde se anunció el mes pasado el petitorio, dice que su biblioteca trata de tener al menos una copia por cada seis solicitantes de un libro. Eso hace que el tiempo de espera no supere los tres meses y medio. Pero la nueva política de Macmillan haría que eso resulte imposible en los primeros meses después del lanzamiento de un libro. "Si estamos limitados a una copia de un libro electrónico, nos preocupa que nuestros socios podrían tener que esperar hasta un año para sacar un libro popular", dice.

Un problema para los bibliotecarios, dice Steve Potash, fundador y CEO de OverDrive, es que los socios pueden suponer que es su culpa que un libro muy esperado no esté disponible. Los costos del vídeo por streaming también han sido un problema para algunas bibliotecas. Kanopy cobra a las bibliotecas públicas US$2 por cada vista de un video, la mitad de lo cual va a los dueños de la propiedad intelectual. En junio los tres sistemas de bibliotecas más importantes de la ciudad de Nueva York anunciaron que dejarían de ofrecer Kanopy a sus socios. "Creemos que la biblioteca no puede cubrir el costo de Kanopy y que se utiliza mejor nuestros recursos comprando colecciones de libros impresos y electrónicos para las que hay más demanda", dijo en una declaración Caryl Matute, jefa interina de la biblioteca pública de Nueva York.

Humphrey dice que la compañía ha ofrecido paneles de control detallados para el seguimiento y determinar cuántas películas cada socio puede ver por mes. La compañía sigue dialogando con la biblioteca de Nueva York para comprender cómo responder mejor a sus necesidades, dijo. La biblioteca pública de Nueva York no quiso hacer comentarios al respecto.

Los usuarios de bibliotecas no siempre comprenden que los modelos de negocio para distintos tipos de materiales digitales siguen en evolución y a menudo pueden ser muy distintos de la manera en que las bibliotecas distribuyen libros impresos o DVD.

Históricamente, las bibliotecas compraban materiales a través de distribuidores que a menudo les cobraban menos que lo que pagan lectores individuales en una librería. Bajo las leyes de Estados Unidos, las bibliotecas (y los individuos que compran libros) por lo general tienen derecho a prestar sus libros físicos por tanto tiempo y tantas veces como quieran, sin ningún pago adicional al autor o el editor.

Pero la historia es diferente con los libros electrónicos: las editoriales dictan los términos bajo los cuales cada libro electrónico puede ser prestado. Algunos libros electrónicos, como algunos que se ofrecen exclusivamente a través del lector Kindle de Amazon, simplemente no están disponibles para que las bibliotecas los ofrezcan a ningún precio, dice Patrick Losinski, CEO de la biblioteca metropolitana de Columbus, Ohio. Amazon no quiso hacer comentarios.

Muchos títulos que son ofrecidos por editoriales importantes vienen con acuerdos de licencia que requieren que cada copia virtual sea comprada nuevamente después de que haya sido prestada una cantidad de veces -digamos, 26 préstamos- o después de un cierto lapso de tiempo, explica el CEO de OverDrive.

Eso hace más complicado el préstamo de libros electrónicos para las bibliotecas, dado que no pueden dejar simplemente a esos libros electrónicos en un estante hasta que se desgastan. Tienen que decidir cuándo se justifica volver a comprar libros electrónicos más antiguos, incluso si mantienen sus colecciones impresas aún populares y compran copias de nuevas ediciones en ambos formatos.

"No hemos advertido realmente una declinación del uso de las colecciones impresas por la gente", dice Ron Suszek, administrador de servicios de biblioteca de la biblioteca pública de San Antonio. "Ha sido difícil para nosotros justificar la recompra de contenido digital".

Las bibliotecas pueden estar menos dispuestas a apostar a autores nuevos si le preocupa que sus libros pueden ser solicitados sólo unas pocas veces antes de expirar y desaparecer de los estantes digitales, dice Potash. "Esto va a reducir la exposición de sus autores", dice.

Una posibilidad sería que el Congreso, que controla la Ley de Derechos de Autor, cree algún tipo de sistema estándar para prestar libros electrónicos. En algunos países, los autores y a veces los editoriales reciben pagos del Estado cuando sus libros son prestados por las bibliotecas, y los detalles varían de un país a otro. Pero tal modalidad nunca ha sido aprobada en EE.UU. y no está claro cuánto apetito hay para que eso cambie en el futuro próximo.

Desde hace mucho tiempo, las bibliotecas públicas son un recurso valioso de las comunidades, a las que cualquier persona puede tener acceso a libros y otros medios sin costo y solo con ser socio. Pero al subir el contenido online y pasar de un modelo basado en la propiedad de copias físicas a otro gobernado por la letra chica de los acuerdos de licencia, pueden verse cada vez más limitadas en lo que ofrecen al público.
Traducción Gabriel Zadunaisky