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sábado, 27 de febrero de 2021

LA ARGENTINA PIERDE CAPITAL HUMANO

27 de febrero de 2021. Marcelo Elizondo. PARA LA NACION

Publicó The Economist que un récord de 20.000 argentinos inició en 2020 trámites para radicarse en Uruguay. Otras fuentes afirman que más de 2000 lo hicieron en Paraguay. Y según el Ieral durante 2020 se cuadruplicaron las búsquedas de los argentinos en Google sobre “emigrar” en comparación con el promedio 2011-2018. Parece estar produciéndose la pérdida del principal capital del siglo XXI: las personas. Hay 1.150.000 argentinos registrados como residentes en el exterior, pero cuando comenzó el siglo XXI la cantidad era la mitad (555.000). Nuestro país es proveedor al exterior de personas calificadas: se estima que casi 200.000 profesionales argentinos actúan en posiciones de cierta relevancia en el extranjero. Por caso, se dice que el 30% de los argentinos en Estados Unidos posee una licenciatura y 30.000 son ingenieros o científicos. La cuestión no es menor: la sociedad del conocimiento requiere, antes que dinero o máquinas, personas preparadas.

Los pronósticos de una reversión de la globalización motivada por la pandemia de Covid-19 son rechazados por la realidad. Pero una globalidad adaptada muestra patrones actualizados: rotundo cambio tecnológico, empresas desnacionalizadas, nueva geopolítica, alianzas entre países forjadas sobre exigentes estándares cualitativos y decisiva relevancia de “personas globales”.

Vivimos una globalización integral y sistémica (que se consolidará con la salida de la pandemia) que puede ser denominada “globalización hexagonal”. Una vorágine que integra seis flujos: el comercio internacional de bienes (que se redujo menos de lo previsto en 2020 y ya recupera fuerzas) y la inversión extranjera directa; pero también el comercio internacional de servicios (más dinámico que el de bienes), flujos de financiamiento internacional (que apuntalan proyectos innovadores) y dos movimientos propios de la época: el tráfico internacional de datos, conocimiento e información (que creció 1500 veces en diez años) y las modernísimas migraciones (físicas y especialmente virtuales).

Señala el World Intellectual Property Report en “La geografía de la innovación” que están consolidándose las global innovation networks, que son redes internacionales de empresas, instituciones y personas que construyen el desarrollo tecnológico mundial. Y que en ellas las innovaciones son creadas por grupos de personas (75% del total) y no por individuos aislados. Más del 80% de todas las patentes o productos innovativos registrados en el planeta está generado por inventores o investigadores que operan en equipos de trabajo que son multiorigen. Ahora la globalización se apoya en “redes complejas de valor” (complex value networks) en las que interactúan estaciones intensivas en conocimiento ubicadas en aglomeraciones locales con condiciones apropiadas. Esas “estaciones” no son necesariamente países, sino ciudades y regiones y se caracterizan por atraer personas globales superpreparadas.

Hay una cualidad de la nueva globalidad: las migraciones funcionales. Y no solo las físicas. En el planeta se computan unos 300 millones de migrantes físicos, de los cuales dos tercios son migrantes laborales. La India es el país del que más han salido y Estados Unidos el que más ha recibido. Pero a ello debe añadírsele que crece –y se acelerará en la pospandemia– la cantidad de telemigrantes. Dice Richard Baldwing (en The Globotics Upheavel) que la presente fase de la globalización es la del telecommuting: personas que trabajan desde sus ciudades para organizaciones ubicadas en otro país.

Escribe Ricardo Hausmann que la nueva tecnología como conocimiento cobra tres formas: conocimiento inserto en nuevas herramientas; conocimiento codificado en fórmulas, algoritmos y manuales; y conocimiento tácito o know-how. Y agrega que mientras el primero se produce en países ricos, el segundo está disponible y es comprable, pero el tercero es esencial y requiere “desplazar cerebros” a través de migraciones, integraciones de equipos y hasta viajes de negocios. Los migrantes (especialmente los virtuales) están cambiando el mundo. Y están consolidando nuevos soportes: en 2020 hubo más de 40.000 millones de dispositivos conectados a internet en el globo. Se vincularon por ellos 4700 millones de personas, de las cuales 80% tienen más de 25 años (edad laboral).

Se está gestando la globalización de los trabajadores. Dice Derek Thomson que la expresión “vives donde trabajas” es crecientemente una antigua perogrullada. Ambos tipos de migraciones son crecientemente relevantes. Por un lado, las economías prósperas muestran una cantidad de trabajadores inmigrantes alta: representan 20,6% del total en América del Norte y 17,8% en Europa del Norte. Pero además en el mundo hay ya 50 millones de personas trabajando online desde un país hacia otro de manera regular (nómades digitales). Y también 15 millones de estudiantes internacionales online. Por eso ya ciertos países (desde Georgia o Estonia en Europa hasta Barbados y Bermudas en el Caribe) ofrecen visas de teletrabajo: permisos para que personas con tareas remotas se instalen para trabajar desde allí hacia el exterior. A la vez, crecientemente empresas internacionales invitan a inscribirse en sus programas de teletrabajo foráneo.

Expresa en el BID Laura Ripani que el trabajo pasa primero de la oficina a la casa, de allí a la oficina móvil y ahora ya se mueve a la oficina virtual; y que ello cambia organizaciones y espacios. Esto y las migraciones virtuales, totales o parciales, van de la mano. Miles de personas han mantenido reuniones internacionales por plataformas digitales en 2020 (Zoom registró más de 300 millones de reuniones diarias).

Lo que se requiere entonces es atraer y no distraer. Es preciso seducir talento, evitar fugas de los más formados y preparar mejor a través de atributos globales, cultura trasnacional y habilidad móvil. El mejor futuro es el de las sociedades que crean capital intelectual y no el de los que alejan a los ilusionados. ¿Estamos en la Argentina también en esto yendo a contramano? Nuestro aislamiento económico externo dificulta la participación de empresas en las redes internacionales y la obstrucción a diversos flujos de la globalización hexagonal desalienta la acción suprafronteriza.

Más aún: según la OCDE, el 19% de los argentinos de entre 25 y 34 años tiene un título universitario y en América Latina solo Brasil tiene menos recibidos en ese rango etario (17%). Son pocos para este nuevo tiempo. Pero peor es observar la tendencia: si se mide la finalización de los estudios universitarios hasta la edad de 64 años, la Argentina cuenta con el 21% de su población con título universitario y el panorama allí se da vuelta: nuestro país queda por encima de Chile (13%), México y Costa Rica (ambos con 15%). O sea: con el tiempo la proporción de graduados decrece. Los países compiten en la atracción de talento que aporta más que el capital financiero o las máquinas. Por ello las noticias sobre los muchos interesados en irse de la Argentina no merecen solo referencias sentimentales ni meras adiciones en estadísticas migratorias.

domingo, 17 de mayo de 2020

CLAUDIO CABRERA, REDACCIÓN DE THE NEW YORK TIMES: "LA NOTICIA DEL CORONAVIRUS NOS SACÓ DE LA NORMA"


"Nuestra responsabilidad principal es impulsar el crecimiento de la audiencia del NYT a través de las búsquedas y asistir a la Redacción para que sus contenidos sean más relevantes""Nuestra responsabilidad principal es impulsar el crecimiento de la audiencia del NYT a través de las búsquedas y asistir a la Redacción para que sus contenidos sean más relevantes"
Crédito: The New York Times. Gastón Roitberg. 28 de abril de 2020.

Claudio Cabrera es de origen dominicano, vive en Inwood -el vecindario más norteño de la isla de Manhattan, en Nueva York- y trabaja como subdirector de tráfico y responsable de SEO (posicionamiento en buscadores o Search Engine Optimization , en inglés) de The New York Times , un medio que es siempre admirado por su fórmula periodística, un faro para la innovación y el negocio editorial (su modelo de suscripción es el más exitoso a nivel mundial con más de 5 millones de abonados digitales). Cabrera es el líder de un equipo que , en tiempos de aceleración de la producción y el consumo de contenidos digitales por la pandemia de coronavirus , resulta clave para ubicar las noticias del Times en los primeros resultados de búsqueda y direccionar tráfico de calidad hacia su portada.

"Nuestra responsabilidad principal es impulsar el crecimiento de la audiencia del NTY a través de la búsqueda y asistir al staff de la redacción en el desarrollo de ideas editoriales que sirvan al interés de los lectores a lo largo de toda la web", dice el periodista en su perfil profesional . En el Times, dos de sus directivos más importantes (el Publisher, A.G. Sulzberger , y el CEO, Mark Thompson ) tomaron el 10 de marzo pasado la decisión de enviar a sus hogares a los 4300 empleados, 1700 de ellos del staff de redacción. Es que Nueva York es una de las megalópolis con mayor número de infectados y muertos: casi 150.000 contagios y 11.500 fallecidos. Fue una medida replicada por casi todos los medios de los países más afectados por el Covid-19.

En contacto con LA NACION a través de Google Docs ("su mejor amigo", dice, para mantenerse al día con las historias que está siguiendo "y para trabajar con las diferentes secciones en la planificación editorial"), Cabrera detalla algunas claves de la estrategia editorial del Times en tiempos de pandemia y comparte consejos bien prácticos para este momento de teletrabajo y labor sin pausa en las redacciones del mundo.

En función de llevar el contenido del Times a otras plataformas, ¿a dónde están apuntando?
Nos enfocamos en dos áreas para cubrir esta pandemia global desde una perspectiva de SEO (posicionamiento del contenido en Google). Primero, ¿cómo ganamos la competencia de visibilidad diaria en la búsqueda, manteniendo nuestros principios periodísticos centrales? Pudimos hacer eso. Segundo, nuestro énfasis en la cobertura en vivo, que ha sido una de nuestras principales áreas de crecimiento durante el último año; y cómo nos organizamos para brindarle a nuestra redacción las mejores prácticas para tener una presencia visible en el carrusel de historias principales de Google, tanto en dispositivos desktop como en dispositivos móviles. También queríamos apoyarnos en el periodismo de servicio para la cobertura de este tema. Es porque los usuarios se hacen muchas preguntas en un contexto en el que existen numerosas incógnitas.

Qué particular lo que ocurre con los contenidos bien prácticos para la vida cotidiana, tan afectada por la pandemia?

Este periodismo de servicio no solo ha sido de interés para las audiencias en inglés, sino también en otros idiomas como español, italiano, francés y chino. Las mismas preguntas que la gente hace aquí en los EE. UU. sobre el virus son las que se hacen en otros lugares. Y nos enfocamos estratégicamente en temas específicos que son importantes para responder a la expectativa del público y también para llegar a una audiencia más amplia.

¿Cómo se organizan internamente en la redacción y su propio equipo para que el trabajo continúe con cierta normalidad?
Slack es nuestra principal herramienta de comunicación. Nos pudimos comunicar efectivamente desde casa y mucho mejor a medida que ha pasado más tiempo. Realizamos actividades de entrenamiento para la redacción en Google Hangout de la misma manera que lo haríamos en persona en nuestras oficinas.

¿Cuál sería su consejo para otros medios de comunicación a fin de producir contenido digital diferencial para evitar la oferta commoditie ?
En el Times trabajamos para llegar a los lectores con una variedad de oportunidades para interactuar con nuestras diferentes piezas de periodismo. Para una gran historia, casi siempre tendremos una historia principal, internamente llamada ledeall . También a menudo tenemos coberturas en vivo: en el caso de coronavirus pusimos online una sesión informativa en vivo sobre el tema todos los días desde el 23 de enero. Y ahora es nuestra sesión informativa de mayor duración en la historia del Times. También invertimos tiempo y recursos para producir periodismo de servicio en forma de explainers que trabajan para responder preguntas y resolver problemas para nuestros lectores.

Parece una excelente oportunidad para innovar también en nuevos formatos
Todos estos son formatos de historia importantes para compartir con los lectores. También valoramos profundamente las historias humanas que profundizan en determinadas comunidades, en las personas y en situaciones particulares, incluso las que parecen más pequeñas. Escribimos historias sobre grupos religiosos que pueden tener diferentes puntos de vista sobre el virus. También escribimos notas de profundidad sobre la experiencia de las mujeres embarazadas durante esta crisis. Cómo afecta desproporcionadamente a las personas de color. Llevamos a los televidentes a uno de los hospitales más afectados de Brooklyn a través de un video y contamos la historia de una mujer que dio positivo por Covid-19 y ha estado cuidando a sus seis hijos. La historia de este virus toca todos los aspectos de la vida, incluido el acceso a la atención médica y la desigualdad.

¿Cuál cree que es el mayor aprendizaje que esta crisis de salud deja para los medios y los periodistas?
Esta historia nos sacó mucho de la norma. La mayoría de los miembros de nuestro staff está trabajando desde su casa, muchos pueden tener niños que cuidar y pueden estar lidiando con la enfermedad en sus vidas personales. En todo caso, en el negocio de las noticias, siempre se nos enseña a estar "activos". Pero todos necesitamos descansos, no solo vacaciones, sino también descansos mentales. Trabajar en esta historia te afecta y el Times ha puesto en marcha recursos para ayudar a los empleados y sus familias.

¿Y cómo están manejando esas situaciones personales?

Si los empleados necesitan tiempo libre, se les recomienda que lo tomen. Esta no es solo una historia que estamos cubriendo, sino que también la estamos viviendo. Es algo único en ese sentido. También tratamos de reservar algunos momentos de distracción y distensión en estos tiempos difíciles. Las llamamos digital happy hours y es allí donde, después de que termina el día de trabajo, saltamos a una videoconferencia con una docena o más de personas y solo hablamos de la vida y hacemos bromas. También intentamos divertimos en este momento tan desafiante para todos.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

CÓMO DARLE ORDEN A NUESTRAS LECTURAS DIGITALES


Martina Rua. PARA LA NACION. 9 de noviembre de 2019 

Hace unos días se cumplieron 50 años de la creación de Internet, esa ventana al mundo que puso la información global al alcance de un par de clics. Tener acceso a videos, notas, fotos, artículos útiles para nuestro trabajo, películas o redes sociales es sumamente fácil. Ahora, que no se pierdan dentro de las 36 pestañas de la compu abiertas, ventanas superpuestas del navegador, cientos de chats, fotos y links ya es otro tema más complejo.

La escena se repite: estás en el colectivo mirando Twitter y ves que tu revista favorita publicó una historia larga e interesante, arrancás por los primeros párrafos, pero llega el momento de bajar. ¿Cómo ordenar esa masa que crece sin pausa de cosas interesantes que queremos leer "cuando tengamos tiempo"?

Recetas universales no hay, como para todo lo relativo a la productividad, pero hay un mix de opciones para que pruebes y mezcles como mejor te resulte.

Vamos desde las más "pro" hasta las más caseras. Sé que somos muchos los nostálgicos que seguimos extrañando al agregador de noticias (RSS) Google Reader, una herramienta que nos organizó allá por 2005 cuando todavía estábamos sorprendidos de la cantidad de fuentes que nos permitía conocer la web.

Si bien las aplicaciones se multiplicaron, voy a proponerles las más usadas y las que sobreviven en mi celular sin que las borre, aunque no las use de manera metódica.

Pocket es una gran opción. Es una app y también una extensión que se puede agregar al navegador, permite guardar todo tipo de links, subrayar lo que más nos interesa y poner etiquetas por temática. Además, funciona como red social ya que podemos seguir a otros usuarios para ver sus lecturas, al mismo tiempo que pueden seguir nuestros videos y artículos guardados.

Otras opciones muy similares, pero sin ser red social son Instapaper, Readability o Paperspan, todas con un diseño simple e intuitivo donde las imágenes nos ayudan a encontrar rápidamente lo que guardamos.

Dentro de las redes sociales, la que por su naturaleza es ideal para conocer y seleccionar información es Twitter. Luego de años de usar el botón de "me gusta" para guardar tuits para más tarde, desde hace algunos años existe la opción "elementos guardados" o "bookmarks" para recopilar todo lo que quieras leer luego.

Por mi trabajo, Twitter es una de mis principales fuentes de acceso a personas e instituciones que me interesan, por lo que uso muchísimo esta opción a la hora de intentar ordenar mis lecturas digitales.

Otra casera, pera infalible es la de mandarnos mails a nosotros mismos. Levante la mano el que se mandó un correo, le vibró el teléfono y fue a la casilla a ver qué había llegado. Vamos, no me dejen sola. En este momento de los 58 mails sin leer de mi casilla tengo 18 que me los "auto mandé". No me juzguen.

Otra que hago mucho es tomar capturas de pantalla, pero esto requiere luego ir a sitio de donde las tomé y hacer clic, por lo que implica más pasos que copiar los links. Ahora mismo tengo 400 capturas de pantalla en el celu. Sí, júzguenme.

En ascenso
Pero la estrella del momento para el soliloquio digital es WhatsApp y los grupos "con nosotros mismos". Ajá, a esto hemos llegado. Para tenerlo, armás un grupo de dos personas y luego quitás al "intruso" y te quedás charlando con vos mismo. Avisale al otro así no piensa que te atacaron los malos modales.

Una vez solos, empieza la auto conversación, elegí una foto y un nombre y recordá que verás ese contacto todos los días. Poner una frase cómica y alentadora es la mejor opción.

Hice la consulta en Twitter para conocer los más originales y de 300 respuestas elegí un par para ustedes. La imagen más usada es la del hombre araña por duplicado señalándose mutuamente. Los mejores nombres: "Sigo acá", "Yo-Ismo", "Dory", "Yo-yo", "I me mine", "El diván", "FMI (for my information)", "Gemelo Malvado", "Me, Myself and I", "Mrs Hyde", "Asuntos internos", entre otras locuras. Me reí fuerte con muchos.

La información a la que podemos acceder no parará de crecer, llegará de cada vez más plataformas y con más formatos. Poder priorizar la información, elegirla y curarla según nuestros intereses o necesidades laborales es un trabajo de artesano que, como tal, lleva un período de adquisición de hábitos, pruebas y contrapruebas hasta encontrar el mejor mix de herramientas para leer, mirar o escuchar los contenidos de la mejor manera posible.

Sonido recomendado para leer esta columna: "Ceremony", de New Order.

domingo, 13 de octubre de 2019

EN BUSCA DEL BIENESTAR DIGITAL

Martina Rua. 13 de octubre de 2019 
Movimientos globales, ONG y las propias empresas están repensando la relación de las personas con las tecnologías y su incidencia en la calidad de vida. Con educación y diseño consciente, se empieza a hacer foco en el uso reflexivo e intencional de estas herramientas

Este año terminará con 4500 millones de personas en el mundo con acceso a internet y se espera que en los próximos seis años el número escale hasta los 6000 millones, quienes, con la llegada de la tecnología de conectividad 5G, podrán navegar a velocidades hasta 10 veces mayor a la experiencia más rápida actual. Con dos décadas conectados y con internet avanzando en los aspectos más diversos de nuestra vida, la incidencia de su impacto en nuestra salud y costumbres es el centro de un cuerpo creciente de investigaciones que advierten sobre la necesidad de reflexionar y generar un entorno más sano e intencional en esa conectividad. Lo que se busca es una tecnología más humana con foco en el bienestar digital de las personas.

De hecho, los mismos usuarios se encuentran muchas veces atrapados en un uso que, advierten, puede ser nocivo, pero que no saben cómo modificar: cuidado de datos personales, consumo y difusión de información falsa, uso excesivo de redes sociales, conexión permanente y ansiedad son algunos de los temas que saltan del mundo digital con un impacto real en nuestra calidad de vida y relaciones.

Tristan Harris es quien lidera esta conversación a nivel global y lo hace con el convencimiento del converso. Exdiseñador especializado en ética de aplicaciones de Google, es el fundador del movimiento Time Well Spent y de la organización The Humane Tech Center, focalizados en la evangelización y desarrollo de una tecnología más humana. Según Harris, lo que estamos viviendo es una cacofonía de tecnologías extractivas que generan una degradación humana (human downgrading), y es ahora el momento de refundar la manera en la que mediamos con ellas, a través de la modificación de su diseño.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ángel Boligan
LA NACION revista habló con Harris sobre la misión de su centro: "El modelo de uso gratis de las aplicaciones, en el modelo más caro del mundo, genera una economía de atención extractiva. Las redes sociales han creado un Frankenstein digital al aprovecharse de las debilidades humanas (miedo, indignación, vanidad) y la tecnología ha degradado nuestro bienestar", sentencia. Para Harris, que en sus comienzos fue uno de los integrantes del Laboratorio de Tecnologías para la Persuasión de la Universidad de Stanford, catalizar de manera completa el bienestar digital requiere trabajo específico. "Necesitamos ser profundamente sofisticados, no solo con la tecnología, sino también con la naturaleza humana y las formas en que uno impacta al otro. Los tecnólogos deben abordar la innovación y el diseño con la conciencia de proteger las formas en que somos manipulados; necesitamos más atención sobre lo que protege y cura la naturaleza humana y los sistemas sociales", dice. Desde su centro, ofrecen una guía de diseño de productos gratuita para explorar y evaluar cómo la tecnología nos afecta a nivel individual, relacional y social.

El segundo punto que aborda Harris es cómo se está desarrollando la inteligencia artificial (IA). "La IA tiene que ser para el humano, no una IA abrumadora. Hoy ya tiene un poder asimétrico sobre las vulnerabilidades humanas. Necesitamos convertir eso en IA para que actúe en nuestro interés haciéndolos fiduciarios a nuestros valores, lo que significa prohibir los modelos comerciales de publicidad que se extraen de esa relación íntima", describe. Y el tercer aspecto por tener en cuenta es el de los incentivos regenerativos humanos. "Debemos abandonar el fracking de atención de la gente, desarrollar un nuevo conjunto de incentivos que aceleren una competencia en el mercado para solucionar estos problemas. Guardianes de la tecnología como Apple y Google pueden alentar a las aplicaciones a competir por nuestra confianza, no por nuestra atención, al remodelar las tiendas de aplicaciones, los modelos de negocios y la interacción entre aplicaciones que compiten en pantallas de inicio y notificaciones", propone Harris. También cita a los inversores, accionistas, políticos, periodistas y usuarios en general, todos actores necesarios para gestionar una nueva era digital.

"Reconocer esta manipulación y nuestros sesgos es el primer paso. El uso del móvil difiere de otras tecnologías anteriores, porque ahora es la primera vez que lo tenemos con nosotros todo el tiempo y a toda hora; el consumo es personal, la oferta de contenidos es ilimitada y además es multifunción", dice Santiago Bilinkis, autor del libro Guía para sobrevivir al presente, atrapados en la era digital (Sudamericana, 2019), donde buscar alertar y explicar el funcionamiento de estas tecnologías y sus implicancias en nuestras vidas.

Queremos que Instagram sea un entorno positivo e inclusivo. Que el tiempo de uso sea intencional
Natalia Paiva, directora de políticas públicas de Instagram para América latina
Para Bilinkis, una parte de la solución pasa por hacernos las preguntas correctas para entender el negocio detrás de las aplicaciones que usamos, cómo son creados los algoritmos para poder exigir transparencia en la información. "Estamos dentro de un sonambulismo tecnológico que, a través de filtros, distorsiona la realidad y genera ansiedad. Para los padres es un nuevo terreno en el cual guiar a nuestros hijos, donde ellos son nativos y nosotros, a veces, estamos tan empantanados como ellos. Reconocerlo y traerlo a la conversación familiar es parte de la solución", dice. La preocupación por el d iseño de los algoritmos es tal que investigadores como Mark J. Nitzberg, director del Center for Human-Compatible IA de la Universidad de Berkeley, está proponiendo que el desarrollo y diseño de apps tenga que atravesar una especie de fases de tests clínicos, como deben hacerlo las drogas antes de convertirse en medicamentos comerciales.

Los dueños de la pelota
Una de las redes sociales más cuestionadas en cuanto al efecto que causa en sus usuarios es Instagram. Diversos estudios, como el elaborado por la Real Sociedad Británica de Salud Pública en 1500 jóvenes de entre 14 y 24 años, la han clasificado como la más nociva para la salud mental de los jóvenes por conducir a sentimientos de inadecuación y ansiedad con su imagen. La empresa de Zuckerberg está al tanto, y en el primer semestre de este año presentó una serie de propuestas en su marco de bienestar digital. Natalia Paiva, directora de políticas públicas de Instagram para América Latina, explica cuál es la estrategia: "Queremos que Instagram sea un entorno positivo e inclusivo para nuestra comunidad. Que el tiempo de uso sea intencional, que es un concepto que tiene mucho que ver con el bienestar, y no es solo desde lo moral, porque debemos, sino que es estrategia a largo plazo. Si los usuarios no tienen una buena experiencia, no tendremos futuro como plataforma de creación y expresión", dice.

Instagram tiene tres pilares en su estrategia de digital wellbeing: desde cómo ofrece la información de sus políticas de uso, herramientas para que las personas puedan controlar la experiencia y las asociaciones a nivel local con organizaciones, expertos en salud mental y tecnología en cada país donde tiene presencia. Por ejemplo, desde este año la red permite silenciar palabras, hashtags y emojis con los que el usuario no quiere encontrarse, como también configurar el tiempo que se quiere usar la red mediante alertas que avisan cuando se alcanzó el límite. Por otra parte, si alguien busca un hashtag con palabras sensibles como d epresión, ansiedad, angustia o suicidio, aparece una ventana con propuestas para que el usuario le pida ayuda a un amigo o institución especializada.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ángel Boligan
Un cambio relevante es la prueba que Instagram está haciendo en siete países para que la cantidad de me gusta (expresados en corazones) y reproducciones no estén a la vista de todos, con el fin de evitar que los usuarios suban material por el solo hecho de ver la acumulación de aprobaciones ajenas. "Queremos que las personas se concentren más en la calidad de sus conexiones que en sus métricas de performance", dice Paiva desde San Pablo, Brasil, uno de los países que está haciendo la prueba. Facebook está evaluando hacer lo mismo en su plataforma, y también este año dio a conocer un paquete de funcionalidades para darle al usuario mayor poder sobre su información y la que consume.

Consultada por la tardanza de las empresas en presentar estas herramientas, teniendo en cuenta que muchos usuarios ya cumplieron hasta una década usando Instagram o Facebook, Paiva contesta que "la idea de la conexión de salud mental y uso de las redes sociales es muy nueva y todos -empresas, científicos, academia y usuarios- estamos intentando entender algo complejo de lo que se aprende todos los días y se intenta responder a los hallazgos que se van presentando de la mejor manera posible".

También desde Google están abordando el tema desde su motor de búsqueda y desde Android, el sistema operativo más usado por los argentinos. En las últimas semanas anunciaron nuevas funcionalidades. "El bienestar digital es el estado de estar totalmente cómodo y contenido por cómo la tecnología se ajusta a nuestra vida, es diferente para cada usuario y cada familia: es el resultado de estar consciente y en control de la tecnología que uno utiliza", describe Matías Fuentes, responsable de Comunicaciones de producto de Google Argentina. A principios de septiembre, YouTube, la plataforma de videos de Google, recibió una multa de 170 millones de dólares por parte de la Federal Trade Commission, debido a las demandas que la acusaban de recolectar datos personales de niños sin el consentimiento de los padres. Por esto, la red decidió quitar las publicidades sugeridas para los niños.

El gigante de Silicon Valley asegura que al entrenar a su asistente virtual y agregar inteligencia artificial a sus productos, genera uso más eficiente y seguro de la plataforma. Android cuenta con el modo Wind Down para desconectarse o el modo Rutina para dormir, que permite mediante la voz configurar una alarma, apagar las luces, reducir el sonido de la música y escuchar el clima del día siguiente. El modo Foco permite seleccionar aquellas aplicaciones que los suelen distraer y silenciarlas cuando esta función está activada.

La virtualidad no es tal, lo virtual es real en lo digital. La ansiedad que genera en un chico es real
Sebastián Bortnik, experto en seguridad informática
Para el control parental ofrece Family Link: a través de funcionalidades que permiten configurar aplicaciones, el contenido y el tiempo en pantalla, los padres pueden definir pautas digitales para sus hijos. Tanto la calidad como la cantidad de tiempo que los chicos están conectados es un tema que se está estudiando desde la comunidad médica. Por ejemplo, en la American College of Cardiology (ACC) Latin American Conference 2019, que se celebró del 25 al 27 de julio en Cartagena, se presentó un paper que reveló que los jóvenes que utilizan más de cinco horas al día los teléfonos inteligentes tienen mayor probabilidad de sobrepeso y obesidad, lo que obliga a replantear estrategias y hasta usar la tecnología como aliada para promover la actividad física en ese segmento etario. En junio de 2018, la OMS incluyó entre los trastornos mentales la adicción a los videojuegos.

En esta revolución digital, la infancia está en el centro del cambio en un país como Argentina, que está en el top 10 de personas conectadas más tiempo a internet, con ocho horas al día. "Las tecnologías producen percepciones ambivalentes y reacciones binarias en padres y adultos en general: por un lado, los medios digitales se perciben como indispensables en vistas de la mejor preparación para el futuro, y por el otro, crece la preocupación por el bienestar digital de niños y niñas. Esta confusión genera desconcierto en la búsqueda del balance y menos claridad en temas de crianza digital. Cada vez son más los adultos que expresan la necesidad de mejorar la experiencia de la vida conectados propias y de sus hijos", cuenta Mariela Reinman, directora de la ONG Chicos.net

Si bien son varias las problemáticas relacionadas con los hábitos y los medios digitales (temas de convivencia, manipulación de la información y noticias falsas, grooming, autopercepción), para Reinman, el bienestar digital hace referencia a dos grandes temas: tiempo de uso y privacidad. La experta explica que el tiempo de pantallas no es malo o bueno en sí mismo. Además, no hay una oposición radical entre lo digital y lo físico. Todo se está mezclando, chicos y jóvenes usan las redes para encontrarse en el mundo físico y viceversa. "Más que limitar cuantitativamente, deberíamos prestar atención al tipo de actividad que realizan chicas y chicos, promoviendo aquellas más creativas y desplazando el consumo pasivo por el uso activo: utilizar dispositivos para diseñar arte digital, música, editar videos, crear historias, programar, entre muchas otras propuestas".

Fuente: LA NACION - Crédito: Ángel Boligan
El segundo tema es el de la privacidad, que tiene una doble lógica: lo que los chicos deciden publicar (y es importante reflexionar con ellos la distinción entre público, privado e íntimo) y, por otro lado, la privacidad de nuestros datos como usuarios de tecnología, es decir, qué entregamos a cambio de qué. "Cada vez somos más conscientes de la información que generamos y ofrecemos cuando realizamos actividades en internet. Cada me gusta, cada compartir, las geolocalizaciones. constituyen algoritmos complejos que almacenan una inmensa cantidad de datos sobre gustos, perfiles, preferencias. Es importante que los niños sepan desde temprana edad que internet parece gratuito, pero no lo es: el uso se paga con información personal. Esto es muy relevante para la internet actual y futura: internet de las cosas e inteligencia artificial", cierra Reinman.

Marco digital
La regulación es uno de los componentes indispensables, pero no suficientes para la construcción de una interacción más saludable con la tecnología. Por ejemplo, en Estados Unidos, el senador republicano Josh Hawley está proponiendo leyes contra los elementos adictivos presentes en las redes sociales. Se busca poner límites a la industria tecnológica para que sus productos sean menos manipulativos. En palabras de Tristan Harris, sería regular la economía de atención extractiva. "Cuando hablamos de regulación, nos referimos a limitar las estrategias que se diseñan y perfeccionan para captar la atención de los usuarios. Hay una relación directa entre atención del usuario y crecimiento, revenue y éxito de las empresas, y entonces allí surgen preguntas y conflictos éticos y psicológicos", dice la directora de Chicos.net.

Las plataformas crecen monetizando nuestra atención. El autoplay y las predicciones de YouTube y Netflix, la tecnología persuasiva, el modelo de recompensas de las redes sociales, que incentiva a pasar más tiempo conectados consumiendo publicidad y cediendo datos personales. Todo esto exige nuevas regulaciones hacia la humanización de los modelos de negocios. Otra de las voces más críticas al modelo actual es la de Jaron Lanier, científico computacional considerado el padre de la realidad virtual, que propone rever desde cero los modelos de negocios de plataformas como Google y Facebook y pensar si no sería más sano pagar por suscripciones que el modelo publicitario actual.

Concientizar sobre que lo digital es real es una de las principales preocupaciones para Sebastián Bortnik, experto en seguridad informática y uno de los fundadores de la ONG Argentina Cibersegura, que ha recorrido infinidad de escuelas los últimos 10 años para crear conciencia sobre temas de bienestar digital. "Cualquier padre podría decir que quiere que su hijo crezca sano y seguro, por lo que se trata de pensar el paralelismo también con el uso de las tecnologías. Nos preocupan las amenazas de la vida real, como la seguridad en la calle y que los hijos coman sano, pero todo esto debe ser trasversal a la vida digital", dice. Según Bortnik, uno de los principales mitos que alejan a los adultos de procurar un uso adecuado es lo que escucha de muchos padres: "Mi hijo la tiene mucho más clara que yo", lo que genera una falsa sensación de sanidad y seguridad que dista mucho de plasmarse en el uso que hacen los chicos. Pero es peligroso creer que no hay que hacer crianza en concientización. "Por otra parte, la virtualidad no es tal, lo virtual es real en lo digital. La ansiedad que genera en un chico es real y con la idea de lo virtual nos comportamos como si eso no existiera. Los chicos aprenden a partir del ejemplo y el diálogo", describe Bortnik.

Fuente: LA NACION - Crédito: Ángel Boligan
Para abordar el bienestar digital a través de voces que resulten atractivas para los adolescentes, Unicef y el gobierno de la provincia de Buenos Aires lanzaron el concurso Rap Digital, apadrinado por Dozer, el actual campeón argentino de freestyle de la competencia de gallos, en el que se invita a los adolescentes a reflexionar sobre su rol en cuidar la huella digital.

Unicef también publicó una guía de sensibilización sobre convivencia digital y otra llamada Chic@s conectados, para entender sus hábitos de conexión. "A veces, pensar un buen uso con los chicos no es fácil, porque los adultos tomamos el tema del lado equivocado. Si vamos y les decimos no me gusta que estés todo el día con el jueguito y hablando solo, mientras que estuvo en un juego de estrategia con dos de sus grandes amigos, no nos toman en serio", completa Bortnik.

Para Ezequiel Passeron, director de la ONG Faro Digital, existe un uso abusivo de las pantallas digitales y es necesario tomar decisiones normativas para poder regular el diseño de estas aplicaciones en pos de los derechos de las personas. "Y consideramos que la reglamentación debe darse a nivel global o regional, ya que limitarlo a nuestro país sería casi inútil por el alcance de estas tecnologías", advierte.

Desde Faro Digital trabajan en el uso responsable y reflexivo de las tecnologías digitales, tanto en los talleres con jóvenes como en las capacitaciones con adultos en general (familias y docentes). El objetivo es dar información y herramientas para que las personas puedan ser conscientes en la utilización de las plataformas digitales y romper la naturalización con la que se suelen usar estos dispositivos. "Una de las metodologías que aplicamos en nuestros talleres es la de codiseño, que nos permite poner en el centro a las personas y escuchar sus percepciones y construcciones de sentido. Esto nos posibilitó identificar ciertas complicaciones a la hora de hacer un uso equilibrado de lo digital. Algo que no solo sucede entre los más chicos, sino también en los adultos, quienes manifiestan estar cada vez más pendientes del celular", explica Passeron. Cuando trabajan temas como bienestar digital o desconexión notan que el público encuentra un espacio de reflexión genuino para un tema que por lo general les cuesta conceptualizar, por la propia vorágine del día a día. Y en esos momentos de compartir con otros lo que les sucede a diario respecto de sus vínculos con lo digital, aparecen cuestiones de mucha preocupación y alerta. Es decir, hay consciencia acerca de la problemática, pero no estrategias para modificarla.

"Las posibles soluciones ante esta problemática deben ser integrales y contemplar distintas variables (no es algo que se resuelva con una ley o con una app), pero lo que sí deben tener como horizonte es el cuidado y el respeto por los derechos humanos de las personas, y no solamente el desarrollo económico de las tecnologías digitales", dice el titular de Faro Digital, que señala como fundamental la creación de instancias de educación crítica respecto de los medios de comunicación digitales.

El bienestar digital está hoy en boca de todos los actores del ecosistema de internet y su construcción será el resultado de los esfuerzos de cada uno: empresas que deben ser transparentes y diseñar sus productos de manera responsable, gobiernos que deben velar por el desarrollo de este ecosistema y proponer políticas que acompañen en la era digital, ONG que controlen y evangelicen sobre una conexión sana y usuarios que hagan un uso más reflexivo, intencional y responsable. En la suma de todos esos esfuerzos es posible que nazca una tecnología más humana.

domingo, 8 de septiembre de 2019

DISEÑO DE FUTUROS: QUÉ "COSAS COMUNES" DEL PRESENTE NOS VAN A AVERGONZAR EN EL FUTURO


Sebastián Campanario. 8 de septiembre de 2019
 
"Cómo me gustaría ser una madre en los años 80, darles a mis hijos Chikenitos sin culpa con el noticiero de la tele como sonido de fondo", escribió semanas atrás, a la hora de la cena, una tuitera con hijos chicos. El "sin culpa" de hace 20 o 30 años para la clase media también incluía no ponerse el cinturón de seguridad en el auto (y hasta llevar un vehículo atiborrado de personas, por encima de lo permitido). O comprar cigarrillos de chocolates para volver cool y aspiracional este hábito desde la niñez (en una época en la que las principales compañías de tabaco se publicitaban como "la marca más elegida por los médicos"). O, después de cenar, poner a Olmedo o Benny Hill, con sus chistes homofóbicos o cosificadores de mujeres.

Así como hace relativamente poco tiempo muchas conductas, hábitos y decisiones que nos resultaban normales hoy nos parecen inadmisibles, es seguro que de aquí a unos años varias de las cuestiones que hoy consideramos "naturales" nos resulten extrañas. Y probablemente en un lapso menor al descripto en el primer párrafo, porque la dinámica de cambio se está acelerando. Las redes sociales, por ejemplo, amplifican y le dan velocidad a la formación de nuevos consensos o tomas de conciencia.

"En un futuro más cercano de lo que pensamos nos vamos a avergonzar y nos van a parecer insólitas conductas que tenemos hoy como naturales", cuenta a LA NACION Edwin Rager, un estratega de marcas que reside en Bogotá y que participa en distintos proyectos de diseño de futuro. Rager planteó días atrás esta discusión en sus redes y armó una lista con el aporte de distintos lectores y especialistas. Muchas de los comentarios respecto de qué temas nos avergonzarán tienen que ver con la llamada flecha de cambio ambiental: "la poca importancia que se le da a la crisis climática", "que aceptemos que la comida barata sea ultraprocesada y envuelta en mil envases de plástico y lo orgánico, un lujo para ricos", "que la mayor parte de la gente no separe la basura", "el consumo diario de carne", etcétera.

Relacionado con este vector, las costumbres alimenticias están llenas de hábitos que probablemente nos resultarán extraños dentro de pocos años. El exceso de azúcar o comida chatarra, el desperdicio de alimentos o producir mucho más de lo que termina ingiriendo la población (como sucede en la actualidad). La consideración hacia los animales va en esta misma línea: los zoológicos tienden a ser una excentricidad de décadas pasadas (como hoy consideramos a las ferias del siglo XlX que exhibían a humanos raros en jaulas) y, según una de las conversaciones que tuvo Rager, tal vez la exposición de la Sociedad Rural deba reconvertirse drásticamente si pretende que los vientos de cambio no se la lleven puesta.

La conciencia acerca de los costos cognitivos del exceso de exposición a smartphones y pantallas en general también se traducirán en hábitos que pronto pueden ser vistos como vergonzantes. En algunos sitios sociales de clase media alta de países desarrollados ya empieza a estar mal considerado el uso intermitente del celular, no por una cuestión de etiqueta sino como una señal de ignorancia ante el daño a la concentración, a la higiene de sueño, a la memoria y a la salud mental en general.

Lo que nos sucedió con los juguetes estigmatizadores "para nenes y para nenas por separado", que hoy ya casi no se toleran, tal vez pronto suceda en otras áreas: estarán mal vistas las profesiones vinculadas a un género en particular. La naturalización de la discriminación etaria (a adultos mayores) también podrá desvanecerse en la década que viene, con consecuencias enormes para los negocios, las marcas y las políticas públicas.

Buena parte de las sugerencias para la lista de Rager tuvieron que ver con la estructura familiar tradicional: cada vez veremos menos historias en libros, cine y TV basadas en un matrimonio con dos o tres hijos. La escritora y periodista Tamara Tenenbaum, autora del best seller El Fin del Amor (Editorial Ariel), criticó recientemente a la serie de la BBC Years And Years, que imagina un futuro cercano en Londres, en el que todos se siguen casando con anillos y jurando amor eterno. "Hay más modernidad y diversidad familiar en Villa Crespo de 2019, donde vivo, que en el futuro de la vanguardia inglesa", planteó la escritora y colaboradora de LA NACION.

¿El fin de la intuición?
¿Qué novedades podrán traer, a nivel económico, estos cambios de eje sobre lo que nos resulta natural o normal hoy? Muchísimas, seguramente. Un informe reciente de la oficina de prospectiva del gobierno británico muestra cómo se aceleró en los últimos meses -más de lo previsto- el uso del dinero electrónico: los billetes y monedas serán pronto rarezas del pasado, lo mismo que las llaves para entrar al auto o al hogar (se usarán sistemas más seguros de reconocimiento facial).

Para el experto en diseño de futuros Alejandro Repetto, la irrupción de Internet de las Cosas combinada con ciencia de datos e Inteligencia Artificial confluirá en un futuro cercano en el que muy probablemente no se usen más técnicas de muestreo para obtener datos. "Eso es bastante fuerte en términos comerciales. Si podés poner sensores de todo, medís, no extrapolás y ahí se acaban un par de versos. Es la lógica de cambio de negocios que se dio en los medios de TV versus Internet, en la TV extrapolan la audiencia y la targetean más o menos; en Internet sabés exactamente quién te vio", plantea Repetto, ingeniero y representante en la Argentina del Institute for the Future.

"Hay que imaginarse lo que esto significa para el comercio minorista, para el mercado inmobiliario, para las ciudades. El valor de los departamentos o los alquileres de los negocios van a ser más transparentes, porque se va a saber exactamente cuál es el público que pasa. Un poco lo pensamos como la caída de la intuición", agrega.

Para Julián Bulgheroni, vicepresidente para América Latina de Kedge, una consultora especializada en diseño de futuros, "es apasionante ver cómo el zeitgeist de las sociedades condiciona los usos y costumbres, lo estándar, lo socialmente aceptado y todo aquello que comúnmente definimos como "normal". Cuando a lo normal lo analizamos sobre una línea de tiempo de largo plazo nos damos cuenta de que sencillamente es una constante evolutiva relativa que, con el simple paso del tiempo, se modifica de forma diaria e imperceptible".

El denominado "diseño de futuros", que estudian varios de los consultados para esta nota, se define como "una disciplina de planificación de largo plazo que combina innovación, creatividad y estrategia y que permite, a través de la identificación de señales tempranas de la actualidad, construir patrones y clusters de trabajo que se combinan entre sí para comenzar a visualizar probables futuros."

En el campo del liderazgo, el mercado de trabajo y las empresas, entre las cosas y hábitos que muy pronto nos resultarán extraños estarán, enumera Bulgheroni, "las estructuras piramidales jerárquicas, la división de tareas y la secuenciación del trabajo, las descripciones laborales fijas, el control de horarios, los líderes omnipotentes y la centralización de las decisiones".

En muchas industrias, los elementos del párrafo anterior ya son vergonzantes hoy. Como en la serie Years and Years, el futuro cercano se funde con el presente, en un flujo que se vuelve indistinguible.

REDES SOCIALES: LOS SIGNOS DE SATURACIÓN


Algunos síntomas podrían indicar la necesidad de un descanso temporal... o indefinido

Las vacaciones son necesarias para desconectar como una necesidad física y mental, pero vayamos donde vayamos, las redes sociales van con nosotros. Pese a esta realidad, los expertos coinciden en que sería mucho más sano tomarse unas vacaciones de las redes. También recomiendan hacer pausas más a menudo, que podrían llegar a ser incluso indefinidas, si lo creemos necesario. Según la socióloga Lara Herrero, “merece la pena plantearse si hacemos buen uso de este tipo de herramientas, cuando ni siquiera somos capaces de desconectar en un momento de descanso”. Cansancio digital .

Si tenemos claro que hay momentos en el trabajo en el que nos sentimos agotados y necesitamos parar, con las redes sociales ocurre lo mismo. Aunque están pensadas para ser una herramienta de ocio, se han convertido también en una herramienta laboral para muchos. Y para quienes solo lo tienen como un divertimento, si no tienen cuidado, también les acaba exigiendo un tiempo de dedicación que puede resultar estresante.

En este sentido, no se trata solo de ser capaces de irnos de vacaciones sin subir una foto. Se trata de vivir la experiencia real sin la influencia de lo digital, también en las relaciones humanas. A veces estamos más pendientes de las personas que están al otro lado de la pantalla que de las que tenemos enfrente. Ya no solo por quedar como maleducados con tendencia al phubbing, sino porque también necesitamos desconectar de los memes de los grupos de Whatsapp, y los dramas del primer mundo resumidos en audios de 10 minutos. No es casualidad que las redes hayan creado la opción de silenciar o dejar de seguir a nuestros contactos, al menos, durante una temporada.

En este punto, la psicóloga Susana Moraga insiste en que hay síntomas que pueden alertar de la necesidad de una desconexión digital, tales como “whatsapear cruzando la calle, estar con el móvil en la mesa mientras comemos en familia o buscar constantemente excusas para volver a conectarnos”. Teniendo en cuenta todo esto, queda por saber cuándo necesitaremos hacer una desconexión. Refrescás todo el tiempo en busca de nuevos likes.

No solo se trata de subir la foto, se trata de subirte la autoestima acumulando ‘me gusta’, y por eso no podés dejar de actualizar compulsivamente en busca de nuevas notificaciones, que no siempre llegan. Es hora de parar. “Si los likes marcan tu autoestima deberías reforzar esta y desintoxicarte de las redes sociales. Las redes son una herramienta de comunicación, no de control”, expone la psicóloga Susana Moraga. Siempre estás en línea.

Todo el tiempo estás conectado, sin importar la hora o el lugar. “Otra vez nos encontramos ante la necesidad de aprobación de los demás. Estar ‘en línea’ significa que estamos conectados y disponibles, lo que hace que paliemos nuestra soledad. Además, surge el miedo a perderse algún acontecimiento importante”, aporta Moraga. En este sentido, desconectar una temporada nos ayudará a entender que en realidad no pasa nada por no estar siempre conectados, y quizás podamos volver con una conducta más sana. Un comentario negativo te arruina el día.

Discutir con un amigo nos puede dejar con un mal sabor de boca el resto del día, pero discutir con un total desconocido, por un tema que en el fondo no nos importa tanto, a través de Twitter, no debería ser una tragedia, y si lo es, es que quizás algo vaya mal. “Cualquiera puede opinar, así que cualquiera puede tomárselo a risa y quitar peso al asunto”, aporta Lara Herrero. Las redes te roban el sueño.

No solo los problemas de las redes nos agobian antes de dormir, sino que el móvil es lo primero que miramos al levantarnos, y lo último al acostarnos. Tanto que al final nos dormimos mucho más tarde de lo previsto y vamos acumulando horas de sueño, lo que se nota rindiendo menos en el trabajo o estando más ariscos en casa. “Las personas que abusan de las redes sociales son más propensas a sufrir trastornos de sueño, como insomnio. Se duerme menos y el sueño también es de peor calidad”, aclara Susana Moraga. En estos casos es necesario hacer una desconexión temporal para mejorar estos hábitos, pero esta deberá ser indefinida si hemos llegado al punto de “revisar el móvil de madrugada para consultar si se tiene alguna notificación”.

No solo es subir la foto, es subirte la autoestima acumulando likes.
Fuente: La Nación