lunes, 24 de abril de 2023
CHATGPT. LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL YA PUEDE HABLAR, PERO NO SABE DE QUÉ HABLA
BILL GATES: IMPACTO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN LA EDUCACIÓN
TENEMOS DOS VISIONES DEL FUTURO, Y AMBAS SON ATERRADORAS
YUVAL NOAH HARARI: "NO SÉ SI LOS HUMANOS PODRÁN SOBREVIVIR A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL"
sábado, 5 de junio de 2021
ADVERTENCIA DEL PRESIDENTE DE MICROSOFT SOBRE LA I.A.: "LA NOVELA 1984 DE ORWELL PODRÍA SER UNA REALIDAD EN 2024"
Apunta a China y sus inmensos desarrollos. Por qué lo ve peligroso.
Brad Smith, presidente de
Microsoft. Foto Microsoft. 04/06/2021 13:14
“Si los legisladores no protegen al público de la inteligencia artificial (IA), la vida tal y como la describe George Orwell en su novela 1984 podría llegar a ser así en 2024”, advirtió el presidente de Microsoft Brad Smith.
Smith se refirió al uso cada vez mayor que hace China de la inteligencia artificial para monitorear a sus ciudadanos, de ahí el paralelismo con la novela publicada en 1949 por el escritor británico donde hay un “Gran Hermano” que vigila a toda la población.
Smith, quien además de presidir Microsoft es su director legal y técnico, dijo que "será difícil seguir estando al día" ante el rápido avance de dicha tecnología, en declaraciones a BBC. "Si no promulgamos leyes que protejan al público en el futuro, nos encontraremos con que la tecnología avanza y será muy difícil ponernos al día", advirtió con preocupación Smith.
"Recuerdo constantemente las lecciones de George Orwell en su novela 1984", la novela en la que el Estado puede ver lo que hacen sus ciudadanos todo el tiempo.
Smith se refirió a “la ambición de China” en tanto apunta a “convertirse en el líder mundial en inteligencia artificial para 2030”. Lo cierto es que por su infraestructura, el país asiático tiene recursos de sobra para desarrollar un sistema inmenso de vigilancia, muy cuestionado por entidades de todo el mundo y sobre todo la Unión Europea.
De hecho, en 2019, China superó a EE.UU. en el número de patentes obtenidas por instituciones académicas para la innovación en tecnologías de IA. El 54% de los 770 millones de cámaras CCTV del mundo se encuentran en China, según una investigación de Comparitech.
Las declaraciones de Smith tienen un contexto: este jueves, investigadores de la Academia de Inteligencia Artifical de Beijing (BAAI, en sus siglas oficiales en inglés) dieron detalles sobre la segunda versión de Wu Dao, un modelo de Inteligencia Artificial (IA) multimodal diez veces más grande que GPT-3, la más grande hasta la fecha, y capaz de soportar 1.75 billones de parámetros. La BAAI anunció el lanzamiento de su nuevo modelo de aprendizaje profundo Wu Dao 2.0 en su conferencia anual este martes, según informa Engadget, unos meses después de la presentación de la primera versión del modelo, en marzo de este año.
La Academia develó que el modelo fue entrenado con 1,75 billones de parámetros, diez veces más que el modelo de OpenAI, GPT-3, lanzado en mayo de 2020, y hasta ahora "el modelo de lenguaje más grande y avanzado del mundo", según aseguró en septiembre Microsoft, cuando se alió con OpenAI para llegar este modelo a sus soluciones.
El modelo chino es multimodal, lo que supone que puede realizar varias tareas a la vez. Como recogen en Endgaget, este puede escribir ensayos, poemas y coplas en chino tradicional, así como crear textos alternativos en base a una imagen estática e imágenes de carácter cercano al fotorrealismo según descripciones hechas en lenguaje natural.
La BAAI también demostró que la IA puede generar ídolos virtuales ayudado por el chatbot social de Microsoft en China, Xiaolce, además de predecir las estructuras en tres dimensiones de proteínas.
Para entrenar al modelo en tantos parámetros y con tanta rapidez, informa Engadget, los investigadores desarrollaron un sistema de aprendizaje de código abierto denominado FastMoE. Este funciona en PyTorch y es similar al Mixture of Experts de Google, aunque tiene mayor flexibilidad debido a que permitió entrenar a la IA en GPUs convencionales y en supercomputadoras, y se puede ejecutar en hardware estándar.
La Academia indicó en la conferencia que los modelos grandes y los ordenadores de gran computación son el futuro de la Inteligencia Artificial. El presidente de BAAI, el Dr. Zhang Hongjiang, indicó que están construyendo "una planta de energía para el futuro de la IA, con mega datos y gran poder computacional", y que con ello pueden "transformar los datos para alimentar las aplicaciones de IA del futuro".
domingo, 30 de mayo de 2021
UCRONÍAS Y VIAJES A MARTE: LA CARRERA ESPACIAL TIRA DEL CARRO DE LA INNOVACIÓN
30 de mayo de 2021. Sebastián Campanario. PARA LA NACION
¿Qué hubiera pasado si un
determinado suceso del pasado no hubiera ocurrido, o si se hubiera desarrollado
de otra manera? La “historia contrafactual” tiene una amplia tradición en la
academia, con promotores como Niall Ferguson, y también da el pie para un
género literario donde brilló Philip Dick con su novela El hombre en el
castillo. En este libro de 1962 –y en la serie homónima de Amazon de 2015– se
especula con el devenir histórico alternativo si Alemania y Japón ganaban la
Segunda Guerra y se repartían a los Estados Unidos en dos partes.
Otra obra ucrónica más reciente, Para toda la humanidad (2019, Apple TV) se plantea un contrafáctico interesante: qué hubiera pasado si la Unión Soviética llegaba primero con una misión tripulada a la luna. Probablemente toda la trayectoria geopolítica posterior (incluyendo la debacle de la URSS) se habría alterado, lo que muestra lo medular que resultan en la sociedad moderna los hitos espaciales. ¿Qué pasaría si China llegara antes que Estados Unidos con humanos a Marte? ¿Marcaría eso el final del siglo de dominio americano?
En un libro lanzado en 2019, a los 50 años de la llegada del hombre a la Luna, Un paso gigante, el periodista de la revista Fast Company Charles Fishman repasa el legado de “externalidades tecnológicas” que dejó el programa Apollo en los 60 y 70, con avances que se pensaron en primer término para llegar a la Luna pero luego tuvieron un impacto enorme en la tierra. Así como en el campo de la innovación se habla de “moon-shots” (tiros a la luna) para caracterizar a una meta grandiosa, su contraparte “earth-shots” sirve para evaluar cómo esas fronteras tecnológicas que se van corriendo impactan en la Tierra.
Fishman cuenta que a principios de los 60, cuando se inició el programa Apollo, que en su cenit ocupó a más de 400.000 personas (fue por lejos el trabajo colaborativo más ambicioso de la historia de la Humanidad), los Estados Unidos eran un país “tecnológicamente naif”. La carrera espacial fue el origen de invenciones como los filtros de agua, el GPS o componentes claves que hoy usan las cámaras de los celulares.
Pero hay una avenida de innovación vinculada a aquel proceso que realmente “lo cambió todo”. La NASA fue, durante más de una década, el único cliente de la naciente industria de los microchips. Este monopsonio permitió que pudiera crecer desde su fragilidad inicial un sector que luego tomó la velocidad de la famosa “Ley de Moore” y propició la revolución de las computadoras personales, internet, celulares, etcétera.
Con más de 50 despegues programados solamente en los Estados Unidos, 2021 apunta a ser, por la densidad de misiones y la cantidad de novedades, el año más importante para la carrera espacial desde 1969. El plato fuerte se dio en febrero con la llegada simultánea de tres misiones no tripuladas a Marte (de los Estados Unidos, de China y de Emiratos Árabes). Hay pasos claves en el Programa Artemis (que volverá a poner humanos en la Luna desde 2024), iniciativas para llegar más cerca del sol, desviar asteroides y poner en órbita telescopios infinitamente más poderosos que los actuales, entre otros hitos.
En paralelo, la agenda de la cultura pop acompaña con un récord de series y películas de esta temática: en octubre, Tom Cruise viajará al espacio para rodar la primera película de ficción filmada completamente fuera de la Tierra. Como ocurría con quienes pasaron su infancia en los 70 rodeados de posters de naves espaciales en sus habitaciones, lo nerd vuelve a ser cool (y esto no es nada trivial, por ejemplo, para la selección de carreras universitarias)
En este contexto, muchos científicos especulan acerca de cuáles serán las tecnologías que hoy se están empujando “al límite” y que tendrán un impacto en la Tierra del nivel de lo que fue la revolución digital.
“Un área donde veo corrimiento de frontera es en robótica e inteligencia artificial por las misiones no tripuladas a lugares cada vez más lejanos, donde tienen que tomarse decisiones autónomas cada vez más sofisticadas”, cuenta Alejandro Repetto, CTO de Inipop y experto en diseño de futuros. “Lo vemos con todas las iniciativas de Marte, con sensores, robótica y procesado que luego decanta directamente en autos, aviones o electrodomésticos en la Tierra”.
“El otro tema fuerte, que impulsa mucho Elon Musk, tiene que ver con que para poner personas en Marte hace falta producir agua y alimentos en ambientes muy extremos”, continúa Repetto. “Ese tipo de logros son los que luego permitirían plantar soja en el Sahara”, agrega.
Prácticamente todas las tecnologías exponenciales actuales tienen proyectos vinculados a la exploración espacial que empujan sus fronteras. Los contratos inteligentes anclados en blockchain resultan ideales para proyectos logísticos ultrasofisticados, como el minado de asteroides; o la construcción de bases espaciales (además de que los satélites se usan como nodos de esta arquitectura de software). De hecho, la empresa Planetary Resources (de minería de asteroides) fue comprada por ConsenSys (una compañía de blockchain).
El ida y vuelta con la biotecnología también arde. En línea con lo que contaba Repetto, la NASA tiene toda una tradición en transferencias que se aplican tanto a mejora del agua como a mitigación del cambio climático y desafíos alimentarios. La científica Clara Rubinstein cita por ejemplo el caso de la “astropatología”, una subdisciplina emergente que usa algoritmos que se utilizan para identificar cuerpos celestiales en el espacio para hacer lo propio con células patógenas en pacientes con cáncer.
Para el físico ruso Andrei Vazhnov, “hoy en día se volvió más difícil de distinguir aplicaciones terrestres de las espaciales. Por ejemplo, mucho de dinamismo reciente en la industria espacial fue gracias al mercado de lanzar miles de satélites de bajo costo. Estos, si bien es una tecnología espacial, tienen aplicaciones directamente terrestres para provisión de internet o agricultura de precisión”.
Sin embargo, agrega Vazhnov a La Nacion, “creo que en el futuro puede haber casos que en sí tienen un potencial impresionante. Por ejemplo, el SpaceShipTwo de Virgin Galactic esta originalmente pensado como vehículo para turismo espacial pero una vez que los costos bajan puede ofrecer vuelos de ciudad a ciudad con velocidades orbitales.”.
Otras tecnologías “de ciencia ficción” que se planean para la década que viene contemplan, por ejemplo, motores para viajar varias veces más rápido que con los actuales y aspirar, en un futuro, a llegar a algún exoplaneta.
Si queremos conocer algún día una civilización alienígena, tal vez estos viajes largos serán indispensables; porque como dice el chiste de astrónomos “la mejor prueba de que allá afuera hay vida inteligente es que nunca visitaron la Tierra”.
sábado, 29 de mayo de 2021
BYUNG-CHUL HAN. UN FILÓSOFO DE LA ACTUALIDAD PIENSA EL DOLOR Y LA MUERTE
En sus nuevos libros, el autor coreano-alemán advierte sobre los peligros de anestesiar el sufrimiento, como proponen las sociedades contemporáneas, y medita sobre la manera más sabia de asumir la finitud
29 de mayo de 2021. Gustavo
Santiago. PARA LA NACION
El coreano-alemán Byung-Chul Han (Seúl, 1959) es, indudablemente, uno de los principales protagonistas de la actualidad filosófica. El caudal de su producción es tal que aun el lector más atento nunca puede asegurarse de estar al tanto de su último trabajo. Pero, a su vez, Han hace de la actualidad su principal objeto de estudio. Esa dedicación fue lo que lo llevó a ser centro de debates a pocos meses de haberse desatado el Covid-19. Su breve artículo “La emergencia viral y el mundo del mañana” despertó airadas réplicas por ser tomado –erróneamente– como una propuesta de incrementar la vigilancia y el control en Occidente, a semejanza de lo que estaban haciendo algunos países asiáticos que exhibían resultados más eficaces en la gestión de la pandemia. Acallados los ecos de esa disputa, se puede recurrir a dos de sus más recientes publicaciones para intentar pensar en algunos temas que, si bien tienen un largo trayecto en el campo de la filosofía, hoy nos interpelan de un modo particular: el dolor y la muerte.
Una de las aficiones de Han es postular nombres para la sociedad contemporánea. Nos la ha presentado ya como “la sociedad del cansancio”, “la sociedad del rendimiento”, “la sociedad de la transparencia”. Cada nombre destaca un aspecto particular. En La sociedad paliativa propone otro. Su tesis principal es que vivimos en una sociedad que tiene fobia al dolor, que lo evita, lo enmascara, lo anestesia. Y esto genera, según el autor, importantes consecuencias en aspectos de lo humano tan diversos como la política, el arte o el amor. Una política paliativa nunca se atreverá a afrontar cuestiones de fondo, conflictivas, que demanden esfuerzo o generen mal humor en la sociedad. Al contrario, opta por acciones de corto alcance que actúan a modo de “analgésicos, que surten efectos provisionales y que no hacen más que tapar las disfunciones y los desajustes sistemáticos”. En cuanto al arte, lo que se impone es el criterio del “me gusta”. El arte, si quiere resultar rentable, debe adaptarse a un circuito comercial que no busca que las obras interpelen, incomoden, conmuevan. Para ser consumido, el arte debe abjurar del aura. En lo que al amor respecta, se buscan “sensaciones positivas”. Como en otros aspectos de la vida humana, de lo que se trata es de “consumir, disfrutar y vivenciar”, huyendo de cualquier tipo de relación enfática con el otro.
En diversos pasajes del texto, el filósofo se refiere a la pandemia actual. La absolutización de la supervivencia ha llevado a abandonar otros componentes de la vida, como el disfrute, la solidaridad y, en definitiva, el sentido: “Nuestra propia vida, reducida a un proceso biológico, se ha quedado vacía de sentido”. Por otra parte, el estado de excepción instaurado mundialmente a partir de la pandemia hace pensar en un crecimiento alarmante del control biopolítico, que incluya dispositivos de vigilancia digital tanto como mecanismos de control sobre el desplazamiento de los cuerpos. La sociedad paliativa es un libro breve, de lectura ágil, que puede emparentarse con otros textos en los que Han brinda una caracterización de nuestro tiempo.
En Caras de la muerte, otro nuevo título, nos encontramos con un libro más arduo, con capítulos extensos, argumentación más rigurosa y una importante presencia de otros autores. No se trata de un texto de coyuntura (si bien ha sido recientemente publicado en español, apareció en alemán en 2015). Su actualidad se debe, en realidad, a que el tema abordado nunca deja de estar vigente. Como el autor anuncia en el prólogo, su intención ha sido seguir algunas consideraciones realizadas por otros filósofos para intentar aproximarse, como si de asíntotas matemáticas se tratara, al entorno de la muerte. A lo largo del texto, Han irá bocetando diversas “caras” –aspectos, perspectivas, matices– de ella.
Una de las primeras preguntas es: ¿qué se hace ante la muerte? La muerte –de otro, pero también la anticipación de la propia– se presenta como una herida que provoca dolor. La filosofía de Hegel invita a superar la herida, a saltarla, a suturarla mediante la dialéctica. Theodor Adorno habla de una conmoción que lleva a detenerse, a vacilar, que sensibiliza el pensar. En el Heidegger de Ser y tiempo, la muerte es siempre la muerte propia. La de otro cobra relevancia únicamente en referencia a la mía. Para Emmanuel Lévinas, en cambio, la muerte del otro ocupa un lugar clave en la conformación de una ética: “Temer por el otro y su muerte es amar al otro”, pero la muerte propia debe resultar indiferente.
En la discusión con estas y otras posturas, Han va delineando su propia filosofía de la muerte que, por paradójico que pueda parecer, no es otra cosa que una filosofía de vida. Porque posicionarse ante la muerte no es simplemente prepararse para afrontar el punto final de la existencia, sino asumir la finitud que nos hace humanos cada día de nuestra vida: “Una finitud que no habría que entender como límite aniquilador, sino como espacio habitable”. La serenidad ante la muerte propia anunciada se traduce en hospitalidad para aquellos con los que compartimos nuestra vida, nuestra muerte: “Lo humano consistiría en poder compartir la muerte”. Para ello, es necesario dejar de concebirnos como individuos que buscan afirmarse, dominar a los otros, a la naturaleza, a las cosas; incluso, a las palabras. Se trata de abrirse al azar, en lugar de aferrarse y aferrar. Vivir como un “nadie” que no se angustia por su muerte, ni la de los demás, sino que asume su finitud con alegría, que “tendrá que aprender a vivir bajo el signo y a la luz del ‘ya estoy muerto’”.
En La sociedad paliativa, Han advierte acerca del peligro de anestesiar el dolor. En Caras de la muerte nos sugiere caminos para asumirlo –particularmente, el dolor mayor, el de la muerte– pero sin dejarnos doblegar por él. Y esto es algo que en una situación como la actual resulta invaluable.
jueves, 13 de mayo de 2021
INTELIGENCIA ARTIFICIAL PARA EL BIEN SOCIAL: CUANDO EL AVANCE TECNOLÓGICO AYUDA DE VERDAD
Para los próximos años se espera un boom de desarrollos tecnológicos que utilicen la inteligencia artificial (IA) para resolver problemas sociales y ambientales. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, la IA podría aportar hasta un 14 % de riqueza adicional a las economías emergentes de América Latina
Por Axel Marazzi. 13 de Mayo
de 2021
Reducir hasta un 40 % el consumo de agua en la agricultura, detener el avance del virus del Zika en África o predecir inundaciones en la India: la utilización de la IA para resolver los problemas del mundo es un área incipiente, pero llena de oportunidades. Mientras la aplicación de la IA en el mundo privado nos ofrece vehículos que se manejan solos, mejoras en los canales de compra digital y promesas de eficiencia y productividad, su vínculo con el mundo social —de la mano de organizaciones de la sociedad civil y Gobiernos— augura un boom en la solución de problemas ambientales y sociales.
El concepto hoy instalado de “IA para el bien social” (por “AI for Social Good”) ha sido adoptado hasta por los gigantes tecnológicos como Google o Microsoft, que lo aplican a iniciativas, conferencias, informes y talleres. Pero que las grandes tecnológicas hayan empezado ha utilizar este concepto no significa que sea nuevo.
Desde hace más de diez años existen movimientos “tecnooptimistas” como DataKind, Bayes Impact, Data Science for Social Good, AI4ALL o hack4impact, entre otros, que hablan sobre cómo utilizar la tecnología para abordar y resolver algunos de los desafíos más complejos que enfrenta la sociedad. ¿Por qué usar inteligencia artificial? Porque los algoritmos de machine learning pueden detectar, por ejemplo, cómo una solución en un lugar geográfico podría funcionar o no en otro lugar o qué modelos habría que modificar para que sí pudieran ser aplicada con éxito.
Los casos en los que la IA puede resolver estos problemas son extremadamente variables. Desde tecnologías que funcionan como aliadas de médicos para detectar enfermedades con menor margen de error, pasando por aquellas que ayudan a maestros a diseñar planes de estudio personalizados para sus alumnos, hasta las que determinan si hay que incrementar o reducir la frecuencia del transporte público teniendo en cuenta la hora y circulación de los pasajeros para que se viaje mejor y se gaste menos.
Reducir el uso del agua en la agricultura
Un ejemplo de cómo se utiliza la IA para mejorar el ambiente es Kilimo, un emprendimiento argentino nacido en Córdoba que logró hacer un uso más eficiente del agua en la agricultura. Si consideramos que esta actividad consume el 70 % del agua dulce disponible en el mundo, resolver el gasto innecesario tiene una importancia vital.
La plataforma Agtech de Kilimo lleva ahorrados más de 30 billones de litros de agua en 75.000 hectáreas monitoreadas en Latinoamérica, trabajando junto a productores de cultivos intensivos y extensivos de Argentina, Estados Unidos, Chile, Uruguay, Paraguay, México y Perú.
¿Cómo lo hace? Un algoritmo de aprendizaje automático analiza imágenes satelitales, bases de datos históricos y otras informaciones disponibles para estimar el consumo hídrico del cultivo a una semana y ofrecer entonces consejos sobre la cantidad necesaria de riego. La solución propone un balance hídrico mediante un sistema que se alimenta de datos satelitales, climáticos y la caracterización del campo en cuestión. Luego, aplica la metodología de big data para sugerir cuándo y con cuánta agua regar, según una estrategia de riego seleccionada por el agricultor.
El ámbito de la salud es uno de los que más oportunidades presenta para el uso de la IA. IBM, por ejemplo, trabaja en un proyecto que ayuda a frenar el avance del virus del Zika. La iniciativa, realizada en colaboración con el Instituto Cary de Estudios de Ecosistemas, con sede en New York, utiliza técnicas de aprendizaje automático para analizar datos sobre los virus y los primates que los portan para después comparar estos rasgos con 364 especies de primates en todo el mundo. Esto permite producir, finalmente, un mapa interactivo que muestra dónde corren mayor riesgo las personas de contraer la enfermedad.
Uno de los desarrollos que podría tener un inmenso impacto global es el que llevó a cabo AI for Social Good, de Google, para predecir inundaciones. Estas afectan a 250 millones de personas de todo el mundo y generan miles de millones de pérdidas en daños tanto para las personas, los Gobiernos y privados.
Un desarrollo tecnológico de Google puede predecir (y dar aviso) de futuras inundaciones analizando miles datos climáticos y geográficos.
La empresa creó algoritmos que
toman diferentes datos para presentar modelos de predicción para determinar
mejor cuándo y dónde tendrá lugar una inundación. Pero no se queda ahí. También
incorpora esa información en un sistema de alertas para avisarle a la
ciudadanía. Este sistema desde su nacimiento activó decenas de miles de alertas
que fueron vistas por más de 1.500 millones de personas. La primera fue en el
año 2018 para la región de Patna, en India.
Lo bueno es que este tipo de tecnologías pueden extrapolarse. Por ese motivo, desde el buscador ya están desarrollando iniciativas similares para predecir terremotos e incendios forestales.
En el informe La inteligencia artificial al servicio del bien social en América Latina y el Caribe publicado por el BID se señala que: “La IA promete mejorar el diseño de los servicios digitales centrados en las necesidades de las personas y la eficiencia de procesos de importancia vital —como la prestación de servicios sociales y la transparencia en la toma de decisiones públicas— e incentivar la economía mediante aumentos en la productividad”. Y le pone número a la promesa: “Un ejemplo es el impacto que pueda tener en la economía de un país en vías de desarrollo; se estima que la IA podría aportar hasta un 14 % de riqueza adicional a las economías emergentes de América Latina”, explica el informe.
Un camino con inconvenientes
Sin embargo, el avance de la
aplicación de IA para resolver los problemas sociales y ambientales es un
camino que presenta sus inconvenientes. “La sociedad no tiene suficientes
mecanismos adecuados para invertir en este tipo de desarrollos”, explica Saska
Mojsilovic, jefa de inteligencia artificial en IBM Research. “Por lo general,
invertimos en aplicaciones de inteligencia artificial generadoras de ingresos
en lugar de hacerlo en estos problemas sociales, menos cómodos”, asegura.
Según Mojsilovic, todo lo que respecta a la inteligencia artificial aplicada a lo social está todavía en pañales y falta tiempo para que veamos su explosión. Lo bueno es que eso significa que hay cientos de potenciales aplicaciones que pueden ser resueltas entre equipos ayudados a través de la tecnología.
“Muchas organizaciones no gubernamentales y agencias gubernamentales no están todavía utilizando el poder que tiene la inteligencia artificial como sí lo está usando el sector privado. En los próximos diez años veremos un esfuerzo muy grande de aplicar estas tecnologías para el bien social”, comenta en Raconteur y agrega: “Espero que usar la tecnología para atacar problemas relacionados al hambre, las enfermedades y la pobreza nos hagan mejores humanos. Todo se reduce a qué diseñemos y dónde hagamos nuestras inversiones. La tecnología existirá, pero la decisión es nuestra.
Un informe del BID subraya la importancia de la IA para el futuro de América Latina y, al mismo tiempo, señala el largo camino por recorrer en términos de alcanzar un mayor desarrollo e incidencia.
¿Qué hace falta para que
funcione? Lo responde el informe del BID: “El éxito del aprovechamiento de esta
tecnología dependerá de numerosos factores: la existencia de una visión común
con la que se puedan alinear todos los esfuerzos y actores de los ecosistemas
de IA; la dotación de una infraestructura digital facilitada por los Gobiernos
en alianza con el sector privado; la formación de talento local y la
investigación sobre temas pertinentes; la adopción de IA por parte de la
sociedad civil para avanzar en sus objetivos; la decisión de poner al ser
humano en el centro de toda conversación y actividad relacionada con la IA; el
impulso del ecosistema emprendedor y el respeto de marcos y lineamientos éticos
para su desarrollo y uso”.
Dependiendo de cómo se utilice esta tecnología funcionará como nivelador o divisor. Permitirá generar mayor igualdad, inclusividad y ampliación de derechos o, por el contrario, nuevas desigualdades, exclusiones y sesgos. Hace tiempo estamos viendo —por suerte— cómo nacen emprendimientos que, justamente, buscan atacar estas problemáticas, pero para que florezcan hace falta intención e inversión estatal.
Mark Purdy, un asesor independiente en economía y tecnología de Inglaterra, publicó un artículo en Harvard Business Review, donde lo explica con extrema claridad: “La respuesta está en nuestras propias manos. Al tomar medidas ahora para abordar los prejuicios y los riesgos, las empresas y los Gobiernos pueden comenzar a hacer de la inteligencia artificial una verdadera fuerza para el progreso social y la prosperidad económica”, asegura.
miércoles, 28 de abril de 2021
CORONAVIRUS: RANKING DE RESILIENCIA DE BLOOMBERG
Informe a abril de 2021
https://www.bloomberg.com/graphics/covid-resilience-ranking/
domingo, 21 de marzo de 2021
CHINA TECNO. EL NUEVO SILICON VALLEY HABLA MANDARÍN
Con la “súper app” WeChat, la potencia asiática lleva más lejos la vigilancia sobre la población; un fenómeno de implicancias geopolíticas analizado aquí por Simone Pieranni, autor de Espejo rojo.
20 de marzo de 2021. Elisabetta
Piqué
Simone Pieranni habla de China con fascinación, pero también con espanto. “Es como estar enamorado de una mujer malvada”, admite este periodista del diario Il Manifesto, que vivió diez años en la superpotencia asiática, durante los cuales recorrió, estudió y analizó al gigante, e incluso aprendió mandarín. Llegó a conclusiones inquietantes, que resumió en su último libro Espejo rojo. Nuestro futuro se escribe en China (Edhasa).
Allí describe cómo a partir de 2008, año de la crisis financiera de los subprime, de ser la “fábrica del mundo” –es decir, productor de cantidades gigantescas de mercaderías de bajo costo–, China dio un salto hacia el futuro, tras la decisión de invertir en innovación y nuevas tecnologías. Así nació WeChat, algo así como “la app de las apps”, sin la cual uno está fuera del mundo en China. Con ella se puede desde hacer compras hasta iniciar los trámites de divorcio, pasando por otras miles de cosas y actividades. Inteligencia artificial, el 5G, videocámaras para el reconocimiento facial, smart cities. Hoy China exporta todo esto. Y algo más: “En casa utiliza este conocimiento para una función de control social que, si bien siempre existió, con el uso de la tecnología hoy es mucho más fuerte, fácil de implementar y veloz”, dice Pieranni, genovés de 46 años, en una entrevista con La Nación en la redacción de Il Manifesto, en el barrio de Trastevere de esta capital.
–En el libro destacás que
nuestros datos personales se han vuelto el nuevo petróleo.
–Así es, y China es la Arabia
Saudita de los datos. Porque, al margen de que son 1400 millones de personas,
pueden tener datos de cada momento de la vida de una persona. Mientras las
grandes plataformas como Facebook saben todo de vos, pero solo mientras estás
en Facebook, en Instagram o en WhatsApp, y no si bajás al bar a tomar algo, en
WeChat saben siempre qué estás haciendo, incluso si estás offline. El número de
datos que tienen es aún más alto. Y son muy cualitativos, tanto en vista de un
enfoque de tipo comercial como de control social.
–¿Ese es nuestro futuro?
–Esperemos que no. La tesis
del libro es que no debemos considerar una distopía lo que sucede en China,
porque lo mismo podría suceder también en Occidente.
En realidad, en Occidente los
datos ya son utilizados para un montón de cosas y hay cierta fascinación de
parte de varios gobiernos ante el modelo autoritario chino. Cuidado: si miramos
tanto a un modelo autoritario corremos el riesgo de adoptar también nosotros
estrategias de control que no son democráticas.
–El Gran Hermano ya no es una
fantasía.
–Esa es la advertencia de mi
libro: en China pasan estas cosas inquietantes, pero atención, porque algunas
empresas quieren hacer lo que hace China. Facebook, por ejemplo, está
intentando transformarse en algo como WeChat. También nuestras ciudades ya están
hipercontroladas por videocámaras. Es un fenómeno mundial que Shoshana Zubov
llama el “capitalismo de la vigilancia”. En China, habiendo un Estado
autoritario, de partido único, pueden ir más lejos. Nosotros, en democracia,
tenemos posibilidades de bloquear este fenómeno. Pero si fingimos que todo va
bien, corremos el riesgo de encontrarnos en situaciones similares a la de China
–¿No es ya demasiado tarde?
–Probablemente. Pero ante el
ejemplo de China deberíamos reaccionar. Es una tendencia global, porque China
ya vende a Occidente estos instrumentos de control.
–En tu libro señalás que hasta
les venden a la policía y a los militares de Estados Unidos, su rival
geopolítico, videocámaras de reconocimiento facial.
–Sí, Estados Unidos es el
principal comprador. Pero si un gobierno compra videocámaras de reconocimiento
facial, ¿quién garantiza que no las use para controlar? ¿Qué anticuerpos
tenemos los ciudadanos contra esto? Uno corre el riesgo de encontrarse en la
misma situación de los chinos; es decir, de ser sometido al control.
–¿Qué papel juega Europa en
todo esto?
–Europa corre el riesgo de
encontrarse en medio de esta guerra de la vigilancia entre China y EE.UU.
Pensemos en la cuestión de las infraestructuras de red, el 5G: o Europa logra
tener una posición suya o empresas suyas que pueden hacer este trabajo o
corremos el riesgo de volvernos un terreno de batalla.
–¿A cuál de las dos potencias
ves como la ganadora en este enfrentamiento geopolítico?
–Es imposible saberlo. Por
otra parte, las dos economías están muy interconectadas. Con las sanciones, los
impuestos y el bloqueo a las empresas norteamericanas de vender los productos a
empresas chinas, Trump no le hizo en realidad un favor a nadie. También las
empresas norteamericanas protestaron. Tanto es así que la Cámara de Comercio de
EE.UU. hace unas semanas advirtió que el desacople de las dos economías es un
baño de sangre para nosotros, significa un montón de puestos de trabajo en
riesgo. Porque desde el momento en que la empresa norteamericana que produce
semiconductores, que China necesita porque no los produce de alta calidad, no
los puede vender, se queda sin clientes o se le reduce a la mitad la ganancia.
Pero es difícil salir de esta situación de enfrentamiento, no veo un evento que
pueda concluirla. El riesgo verdadero es que en algunas zonas, como las del mar
chino meridional, este choque dialéctico se convierta en un choque casi
militar, porque ahí está lleno de naves de guerra. Y es un mar disputado por
muchísimas naciones.
–En este choque comercial,
China parece haber tomado ventaja conquistando África, continente que está
siendo “colonizado”, pero también América Latina.
–Sí, China cuenta con una
ventaja: tiene mercados sobre los que puede experimentar. Por ejemplo, Huawei
comenzó a experimentar más sobre el mercado latinoamericano vendiendo celulares
a bajo precio. Luego fue aumentando la calidad y entró en mercados más maduros,
como el europeo. En el libro cuento que muchas empresas chinas que se ocupan de
reconocimiento facial perfeccionan sus productos en África, porque la
identificación es más difícil con rostros de color. Y lo hacen sobre la base de
un chantaje, de una relación de fuerza que tienen con los países africanos:
China les presta plata, pero después les pide experimentar sobre la población.
Y este poder económico que ganó China se debe al desempeño occidental en muchas
partes del mundo. China se presenta no ya como una potencia colonial, aunque en
verdad de algún modo lo es. Donde no llega el FMI llega el fondo de la Vía de
la Seda con sus préstamos. En África, además de llevar inversiones, China lleva
grandes contingentes de chinos y esto es un problema: muchos gobiernos
africanos empiezan a sentir recelo, porque dicen “bien, financiás la
construcción de caminos, pero si después los construyen los chinos, mi
población, que es la que usa estos caminos, sigue sin crecer económicamente”.
–En la Argentina, los chinos
están construyendo una base espacial en la Patagonia.
–Exacto. Lamentablemente,
China tuvo la oportunidad de moverse gracias al hecho de que Occidente ha
desacelerado su visión de futuro. Esto queda patente cuando Biden dice “hemos
vuelto”, mientras que China habla de futuro.
–China ya fue y volvió.
–Sí. Es un enfoque distinto:
en su último discurso, el presidente chino Xi Jinping dijo que había que
implementar la física cuántica. Ante esta visión de futuro, Occidente aparece
descolocado. Con la pandemia hemos dicho que “nada volverá a ser como antes”,
pero Biden está planteando volver a la Guerra Fría. Sin embargo, hoy todo es
distinto. De hecho, la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés
Emmanuel Macron le dijeron a Biden que esperara un poco: ¿cómo podés hoy no
dialogar con China? Hay que encontrar un modo. Para mí el mejor es el de
Alemania, primer socio comercial europeo de China: hay que hacer negocios, pero
también tener la fuerza de decir que en relación a los derechos humanos hay
cosas que no van. Este se reveló el método más pragmático. Espero que también
lo siga el nuevo primer ministro italiano, Mario Draghi.
–¿Cómo juzgás el rol de China
en la pandemia?
–Desde el punto de vista
interno, la pandemia reforzó muchísimo el liderazgo de Xi Yinping porque lo que
le faltaba al pacto social entre el Partido Comunista Chino (PCC) y la
población era la cuestión de la salud. Mi tesis es que China funciona porque
hay un pacto entre el PCC y la población, que cede algunos derechos a cambio de
progreso, porque la verdad es que en el pasado sufrió hambre. Deng Xiaoping
decía que el primer derecho humano de los chinos es la supervivencia. Pero en
verdad durante las dinastías imperiales la tarea del emperador era la de
asegurar el bienestar de la población. Cuando esto no ocurría, había revueltas,
revoluciones, la revocación del mandato. Creo que esto es lo que también está
vigente hoy. La pandemia lo reforzó, porque hoy el Estado chino puede decir “no
solo les permitimos seguir creciendo, sino que también les salvaguardamos la
salud”. Además, es innegable que China salió de la pandemia en virtud de sus
características principales: todo lo que cuento en el libro fue puesto en
práctica durante la pandemia. Usó vehículos autónomos para transportar a
médicos y a alimentos; asistentes de voz para quitarle trabajo a los hospitales
que lograban hacer 300 llamados en 5 minutos. Llamaban para preguntar cómo
estaban los pacientes, todo con Inteligencia Artificial. Esto les permitió no
cargar demasiado a los hospitales y evitar largas filas.
–Muy distinto de lo que pasó
acá en Italia.
–El error en Italia fue que
los positivos iban al hospital en lugar de quedarse en casa. Por otra parte,
China superó el Covid con la movilización de masas, que es una característica
de la era maoísta, que hoy sigue viva: en el momento en que el PCC da
indicaciones que son consideradas para el bienestar colectivo, la población
avanza como un tren, nada la detiene. De hecho, en China el lockdown funcionó
no porque si salías de casa te disparaban, sino porque hay un sistema de
valores distinto. El bienestar colectivo es superior al bienestar individual.
Si yo quiero irme a esquiar, no voy, porque así pongo en riesgo la vida de
muchas personas. Digamos que un Estado autoritario, en este caso, facilitó las
cosas. También la información, por ejemplo, era única. No había “no vax” [como
se llaman los que se oponen a las vacunas], negacionistas ni diez virólogos que
decían cosas distintas. Había un grupo de científicos que dictaba la línea y
todos se atenían a eso.
–Crearon una vacuna en tiempos
récord, además.
–Sí, hicieron una vacuna en
muy poco tiempo y la están dando a todo el mundo. Creo que ahora es la vacuna
más difundida en el mundo y, claro, después pedirán la cuenta. Si te doy una
vacuna a bajo precio, pero que te resuelve el problema de la pandemia, cuando
te pido construir un dique o un aeropuerto, no se lo vas a dar a Estados
Unidos. Se trata de llamada “vía de la Seda sanitaria”, con la que China
transformó momentáneamente ese proyecto en su provecho. Porque todo el material
médico que necesitábamos está hecho en China, así que ellos tienen esta gran
fuerza. Además, a nivel interno son el único país que crece porque ellos
hicieron un lockdown total, incluso las fábricas, que dicen que es el único
modo para salir de esta situación. Y después, cuando reabrieron, dijeron
“compren”: es la fuerza de tener 1400 millones de habitantes, de los cuales 400
o 500 millones son considerados clase media y por lo tanto de gran capacidad de
consumo. En lugar de irse afuera para gastar, gastaron todo en casa y pudieron
recuperarse.
–¿Cómo definirías tu relación
personal con China, que evidentemente te fascina, pero también la ves como un
monstruo?
–Es como estar enamorado de
una mujer malvada. Lo que me gusta mucho de China es el hecho de que es un
mundo en el cual, cada vez que te parece que entendés algo, se te abre de
pronto un abismo de incomprensiones porque tienen un sistema cultural, de
valores y filosófico totalmente distinto del nuestro. Y tratar de entrar en
contacto con China, sacándose todos los prejuicios, de todos modos te abre a un
montón de interrogantes. Los temas que analicé, entre ellos esta suerte de Gran
Hermano, por ejemplo, se desarrollan en una lógica de cultura de vigilancia en
la que el controlado se vuelve casi un controlador. Es como una espiral que
desde el punto de vista del individuo te plantea un dilema o una dificultad.
Pero, en general, lo que me gusta de China es que te obliga a razonar, a tratar
de entender mejor. Es un país con una historia muy vasta y hay mucho que
estudiar.
–¿Cómo ves el intento de
acercamiento del papa Francisco, que dice que quiere ir a China y que firmó en
septiembre de 2018 un histórico acuerdo para solucionar el complejo tema de la
designación de obispos, que fue renovado, pese a que allá no hay libertad
religiosa?
–Los problemas con este
acuerdo para mí vienen más del interior del Vaticano que de China. Suelo decir,
un poco como provocación, que el PCC y el Vaticano son las dos organizaciones
más parecidas que existen en el mundo. Las dos tienen una serie de liturgias,
las dos tienen secretismo porque hay una serie de cosas que no se saben y las
dos tienen una inspiración “evangélica”: así como China intenta convencer a
todos que son tranquilos, etc., el Vaticano tiene la tarea de fidelizar a la
población. El acuerdo que firmaron sobre la designación de obispos para China
es perfecto, porque le permite presentarse al resto del mundo como alguien que
hizo un acuerdo con la Iglesia, lo que atempera las críticas en relación al
tema de los derechos humanos. Y al Vaticano le permite intentar evangelizar una
población vastísima, que además tiene unos vacíos de identidad gigantescos:
encuentra un terreno fértil porque mucha gente en China, donde en 40 años
parece que pasaron tres eras geológicas, del maoísmo pasó al capitalismo, y ahora
a Xi Jinping. Por lo tanto, muchos buscan ideales y puede ser que los
encuentren en la fe. Para mí este acuerdo es conveniente para los dos. El
problema es que es secreto y no sabemos específicamente de qué se trata. Los
únicos problemas pueden venir del interior del Vaticano. Sabemos que el papa
Francisco tiene bastantes enemigos y entonces hay que ver. Pero en septiembre
pasado renovaron el acuerdo.
–¿Pensás que el Papa logrará
ese gran deseo de viajar a China?
–Creo que sí, que es posible. Sería un éxito clamoroso también para China.
PRESENTACIÓN DEL LIBRO EN LAS EDITORIALES
“El futuro posible en China
podría ser el siguiente: la enorme población del país se reunirá como una
verdadera gran familia en una gran máquina gestionada por el gobierno”. El
autor de esta frase es Han Song. No es un sociólogo, no es un político, es un escritor
de ciencia ficción, alguien acostumbrado a realizar predicciones imaginarias,
de cumplimiento improbable.
Como demuestra Espejo rojo, Han Song acertó. El descollante desarrollo tecnológico de China, a la par que mejora las infraestructuras y es un elemento clave en el crecimiento de la economía de las últimas dos décadas, es también, y sobre todo, un formidable aparato de control social. Los smartphones han hecho la vida más fácil, pero permiten hacer un seguimiento minucioso de la actividad de los ciudadanos; los puntos que se asignan según el cumplimiento de las leyes, aseguran un mayor apego a las normas y automáticamente generan listas negras, personas marcadas y señaladas; las ciudades inteligentes son una proeza de la planificación y el bienestar, y tienen implícito un sistema de vigilancia y castigo. No hay progreso que no conlleve una mayor intromisión del Estado en la esfera privada.
Simone Pieranni escribió lo que probablemente sea el mejor libro para entender la China actual. Analiza las políticas del presente y las relaciona con una cultura varias veces milenaria, que filosóficamente no está reñida con las prácticas actuales. Y nos alerta sobre la deriva autoritaria que puede tener el uso intensivo de la tecnología en manos del Estado de grandes conglomerados privados. En China y en cualquier otro país del mundo.