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sábado, 5 de junio de 2021

ADVERTENCIA DEL PRESIDENTE DE MICROSOFT SOBRE LA I.A.: "LA NOVELA 1984 DE ORWELL PODRÍA SER UNA REALIDAD EN 2024"

Apunta a China y sus inmensos desarrollos. Por qué lo ve peligroso.

Brad Smith, presidente de Microsoft. Foto Microsoft. 04/06/2021 13:14

“Si los legisladores no protegen al público de la inteligencia artificial (IA), la vida tal y como la describe George Orwell en su novela 1984 podría llegar a ser así en 2024”, advirtió el presidente de Microsoft Brad Smith.

Smith se refirió al uso cada vez mayor que hace China de la inteligencia artificial para monitorear a sus ciudadanos, de ahí el paralelismo con la novela publicada en 1949 por el escritor británico donde hay un “Gran Hermano” que vigila a toda la población.

Smith, quien además de presidir Microsoft es su director legal y técnico, dijo que "será difícil seguir estando al día" ante el rápido avance de dicha tecnología, en declaraciones a BBC. "Si no promulgamos leyes que protejan al público en el futuro, nos encontraremos con que la tecnología avanza y será muy difícil ponernos al día", advirtió con preocupación Smith.

"Recuerdo constantemente las lecciones de George Orwell en su novela 1984", la novela en la que el Estado puede ver lo que hacen sus ciudadanos todo el tiempo.

Smith se refirió a “la ambición de China” en tanto apunta a “convertirse en el líder mundial en inteligencia artificial para 2030”. Lo cierto es que por su infraestructura, el país asiático tiene recursos de sobra para desarrollar un sistema inmenso de vigilancia, muy cuestionado por entidades de todo el mundo y sobre todo la Unión Europea.

De hecho, en 2019, China superó a EE.UU. en el número de patentes obtenidas por instituciones académicas para la innovación en tecnologías de IA. El 54% de los 770 millones de cámaras CCTV del mundo se encuentran en China, según una investigación de Comparitech.

Las declaraciones de Smith tienen un contexto: este jueves, investigadores de la Academia de Inteligencia Artifical de Beijing (BAAI, en sus siglas oficiales en inglés) dieron detalles sobre la segunda versión de Wu Dao, un modelo de Inteligencia Artificial (IA) multimodal diez veces más grande que GPT-3, la más grande hasta la fecha, y capaz de soportar 1.75 billones de parámetros. La BAAI anunció el lanzamiento de su nuevo modelo de aprendizaje profundo Wu Dao 2.0 en su conferencia anual este martes, según informa Engadget, unos meses después de la presentación de la primera versión del modelo, en marzo de este año.

La Academia develó que el modelo fue entrenado con 1,75 billones de parámetros, diez veces más que el modelo de OpenAI, GPT-3, lanzado en mayo de 2020, y hasta ahora "el modelo de lenguaje más grande y avanzado del mundo", según aseguró en septiembre Microsoft, cuando se alió con OpenAI para llegar este modelo a sus soluciones.

El modelo chino es multimodal, lo que supone que puede realizar varias tareas a la vez. Como recogen en Endgaget, este puede escribir ensayos, poemas y coplas en chino tradicional, así como crear textos alternativos en base a una imagen estática e imágenes de carácter cercano al fotorrealismo según descripciones hechas en lenguaje natural.

La BAAI también demostró que la IA puede generar ídolos virtuales ayudado por el chatbot social de Microsoft en China, Xiaolce, además de predecir las estructuras en tres dimensiones de proteínas.

Para entrenar al modelo en tantos parámetros y con tanta rapidez, informa Engadget, los investigadores desarrollaron un sistema de aprendizaje de código abierto denominado FastMoE. Este funciona en PyTorch y es similar al Mixture of Experts de Google, aunque tiene mayor flexibilidad debido a que permitió entrenar a la IA en GPUs convencionales y en supercomputadoras, y se puede ejecutar en hardware estándar.

La Academia indicó en la conferencia que los modelos grandes y los ordenadores de gran computación son el futuro de la Inteligencia Artificial. El presidente de BAAI, el Dr. Zhang Hongjiang, indicó que están construyendo "una planta de energía para el futuro de la IA, con mega datos y gran poder computacional", y que con ello pueden "transformar los datos para alimentar las aplicaciones de IA del futuro".

domingo, 30 de mayo de 2021

UCRONÍAS Y VIAJES A MARTE: LA CARRERA ESPACIAL TIRA DEL CARRO DE LA INNOVACIÓN

30 de mayo de 2021. Sebastián Campanario. PARA LA NACION

¿Qué hubiera pasado si un determinado suceso del pasado no hubiera ocurrido, o si se hubiera desarrollado de otra manera? La “historia contrafactual” tiene una amplia tradición en la academia, con promotores como Niall Ferguson, y también da el pie para un género literario donde brilló Philip Dick con su novela El hombre en el castillo. En este libro de 1962 –y en la serie homónima de Amazon de 2015– se especula con el devenir histórico alternativo si Alemania y Japón ganaban la Segunda Guerra y se repartían a los Estados Unidos en dos partes.

Otra obra ucrónica más reciente, Para toda la humanidad (2019, Apple TV) se plantea un contrafáctico interesante: qué hubiera pasado si la Unión Soviética llegaba primero con una misión tripulada a la luna. Probablemente toda la trayectoria geopolítica posterior (incluyendo la debacle de la URSS) se habría alterado, lo que muestra lo medular que resultan en la sociedad moderna los hitos espaciales. ¿Qué pasaría si China llegara antes que Estados Unidos con humanos a Marte? ¿Marcaría eso el final del siglo de dominio americano?

En un libro lanzado en 2019, a los 50 años de la llegada del hombre a la Luna, Un paso gigante, el periodista de la revista Fast Company Charles Fishman repasa el legado de “externalidades tecnológicas” que dejó el programa Apollo en los 60 y 70, con avances que se pensaron en primer término para llegar a la Luna pero luego tuvieron un impacto enorme en la tierra. Así como en el campo de la innovación se habla de “moon-shots” (tiros a la luna) para caracterizar a una meta grandiosa, su contraparte “earth-shots” sirve para evaluar cómo esas fronteras tecnológicas que se van corriendo impactan en la Tierra.

Fishman cuenta que a principios de los 60, cuando se inició el programa Apollo, que en su cenit ocupó a más de 400.000 personas (fue por lejos el trabajo colaborativo más ambicioso de la historia de la Humanidad), los Estados Unidos eran un país “tecnológicamente naif”. La carrera espacial fue el origen de invenciones como los filtros de agua, el GPS o componentes claves que hoy usan las cámaras de los celulares.

Pero hay una avenida de innovación vinculada a aquel proceso que realmente “lo cambió todo”. La NASA fue, durante más de una década, el único cliente de la naciente industria de los microchips. Este monopsonio permitió que pudiera crecer desde su fragilidad inicial un sector que luego tomó la velocidad de la famosa “Ley de Moore” y propició la revolución de las computadoras personales, internet, celulares, etcétera.

Con más de 50 despegues programados solamente en los Estados Unidos, 2021 apunta a ser, por la densidad de misiones y la cantidad de novedades, el año más importante para la carrera espacial desde 1969. El plato fuerte se dio en febrero con la llegada simultánea de tres misiones no tripuladas a Marte (de los Estados Unidos, de China y de Emiratos Árabes). Hay pasos claves en el Programa Artemis (que volverá a poner humanos en la Luna desde 2024), iniciativas para llegar más cerca del sol, desviar asteroides y poner en órbita telescopios infinitamente más poderosos que los actuales, entre otros hitos.

En paralelo, la agenda de la cultura pop acompaña con un récord de series y películas de esta temática: en octubre, Tom Cruise viajará al espacio para rodar la primera película de ficción filmada completamente fuera de la Tierra. Como ocurría con quienes pasaron su infancia en los 70 rodeados de posters de naves espaciales en sus habitaciones, lo nerd vuelve a ser cool (y esto no es nada trivial, por ejemplo, para la selección de carreras universitarias)

En este contexto, muchos científicos especulan acerca de cuáles serán las tecnologías que hoy se están empujando “al límite” y que tendrán un impacto en la Tierra del nivel de lo que fue la revolución digital.

“Un área donde veo corrimiento de frontera es en robótica e inteligencia artificial por las misiones no tripuladas a lugares cada vez más lejanos, donde tienen que tomarse decisiones autónomas cada vez más sofisticadas”, cuenta Alejandro Repetto, CTO de Inipop y experto en diseño de futuros. “Lo vemos con todas las iniciativas de Marte, con sensores, robótica y procesado que luego decanta directamente en autos, aviones o electrodomésticos en la Tierra”.

“El otro tema fuerte, que impulsa mucho Elon Musk, tiene que ver con que para poner personas en Marte hace falta producir agua y alimentos en ambientes muy extremos”, continúa Repetto. “Ese tipo de logros son los que luego permitirían plantar soja en el Sahara”, agrega.

Prácticamente todas las tecnologías exponenciales actuales tienen proyectos vinculados a la exploración espacial que empujan sus fronteras. Los contratos inteligentes anclados en blockchain resultan ideales para proyectos logísticos ultrasofisticados, como el minado de asteroides; o la construcción de bases espaciales (además de que los satélites se usan como nodos de esta arquitectura de software). De hecho, la empresa Planetary Resources (de minería de asteroides) fue comprada por ConsenSys (una compañía de blockchain).

El ida y vuelta con la biotecnología también arde. En línea con lo que contaba Repetto, la NASA tiene toda una tradición en transferencias que se aplican tanto a mejora del agua como a mitigación del cambio climático y desafíos alimentarios. La científica Clara Rubinstein cita por ejemplo el caso de la “astropatología”, una subdisciplina emergente que usa algoritmos que se utilizan para identificar cuerpos celestiales en el espacio para hacer lo propio con células patógenas en pacientes con cáncer.

Para el físico ruso Andrei Vazhnov, “hoy en día se volvió más difícil de distinguir aplicaciones terrestres de las espaciales. Por ejemplo, mucho de dinamismo reciente en la industria espacial fue gracias al mercado de lanzar miles de satélites de bajo costo. Estos, si bien es una tecnología espacial, tienen aplicaciones directamente terrestres para provisión de internet o agricultura de precisión”.

Sin embargo, agrega Vazhnov a La Nacion, “creo que en el futuro puede haber casos que en sí tienen un potencial impresionante. Por ejemplo, el SpaceShipTwo de Virgin Galactic esta originalmente pensado como vehículo para turismo espacial pero una vez que los costos bajan puede ofrecer vuelos de ciudad a ciudad con velocidades orbitales.”.

Otras tecnologías “de ciencia ficción” que se planean para la década que viene contemplan, por ejemplo, motores para viajar varias veces más rápido que con los actuales y aspirar, en un futuro, a llegar a algún exoplaneta.

Si queremos conocer algún día una civilización alienígena, tal vez estos viajes largos serán indispensables; porque como dice el chiste de astrónomos “la mejor prueba de que allá afuera hay vida inteligente es que nunca visitaron la Tierra”.

martes, 5 de enero de 2021

FUROR EN LOS 80. SUBASTAN EL AUTO FANTÁSTICO

Se trata de un Pontiac Firebird Trans Am que tiene todos los detalles de KITT.

Subastan el Auto Fantástico de David Hasselhoff.

05/01/2021. Clarín.com Autos

Fue sin lugar a dudas el auto que desveló a muchos niños en los años 80: un deportivo de dos puertas, de color negro y con una tira de luces rojas sobre el capó que se prendían y apagaban en secuencia.

Era el inconfundible Auto Fantástico, cuyo control solo podía ser ejercido por dos personajes: Michael Knight, que encarnaba David Hasselhoff, o KITT, la computadora que le daba sentido al nombre de la serie.

Ahora, este Pontiac Firebird Trans Am modificado para la tira televisiva pero completamente funcional sale a subasta con la promesa incluida de que el propio Hasselhoff hará entrega del vehículo a quien gane la puja.

Las ofertas se recibirán hasta el 23 de enero pero al ritmo que vienen habrá que desembolsar más de un millón de dólares para hacerse con el lote.

Se trata de una serie de objetos que el actor saca a subasta bajo el nombre de The Hoff Auction, en el que se pueden encontrar numerosos artículos del actor relacionadas con las series que protagonizó, incluida también de Baywatch.

Aunque claramente el objeto más destacado es el Pontiac negro, cuya ficha publicada por Live Auctioneers, la casa que se encargará de la subasta, afirma que el auto pertenece a Hasselhoff y que a pesar de las modificaciones es completamente funcional.

Eso seguramente hará referencia a que el auto funciona en perfectas condiciones para ser usado como cualquier automóvil pero que, claro está, no cuenta con la avanzada inteligencia artificial de KITT que se anticipó en el tiempo con la conducción autónoma.

Por las imágenes difundidas, el auto luce idéntico al de la serie de TV, con todos los detalles, desde la carrocería de fibra de vidrio pintada de negro, que hace juego con las llantas de dos tonos, como la inconfundible luz dinámica en rojo que anunciaba que KITT entraba en acción.

Por dentro también relucen los accesorios del Auto Fantástico: el tablero futurista para los años ochenta, con indicadores digitales o el volante sin aro que en su centro luce el logo de Knight Industries Two Thousand (de ahí provienen las siglas de KITT), compañía que utilizaba al prototipo negro para para imponer la ley y el orden.

De cualquier manera, ya tiene el interés del público: hasta el momento, la oferta más alta ha llegado hasta los 975.000 dólares y todavía quedan más de dos semanas para que finalice la subasta.

No se aclara dentro de la información que brinda la empresa de subastas, pero se deduce que la unidad en cuestión sea una de las réplicas originales que se usaron para rodar la serie.

El Auto Fantástico en Mar del Plata

Otra réplica del Auto Fantástico tuvo su participación, junto a David Hasselhoff y a Emilio Disi, de una desopilante campaña de la provincia de Buenos Aires para promocionar la temporada de verano 2012-2013.

El breve comercial arranca con KITT por la ruta 2 hasta que estaciona en una playa de mar del Plata. Hasselhoff baja del vehículo pero en su rol de Mitch Buchannon, el personaje de ficción de Baywatch y comienza a correr emulando a la presentación del extinto programa, pero con paisajes de playas marplatenses.

martes, 29 de diciembre de 2020

EL SOLDADO DEL FUTURO, ¿PASTOR DE UN REBAÑO DE ROBOTS?

 

Inteligencia artificial y el futuro de la guerra. ¿Hasta dónde llega hoy? ¿Y qué podemos esperar?

La Vanguardia. 28/12/2020. Clarín.com. Mundo

Los ejércitos integran regularmente las innovaciones tecnológicas para mejorar sus capacidades y tratar de dominar a sus adversarios. La inteligencia artificial (IA) no constituye una excepción a la regla y es objeto ahora de gran interés. China publicó en julio del 2017 el Plan de Desarrollo para la Nueva Generación de Inteligencia Artificial con el objetivo de convertirse en el 2030 en la principal potencia mundial en ese ámbito. Estados Unidos respondió en febrero del 2019 anunciando el lanzamiento de la Iniciativa de Inteligencia Artificial Estadounidense. De hecho, más de treinta países, incluidas las principales potencias militares, proponen hoy una estrategia nacional o iniciativas para aprovechar las oportunidades que ofrece esa prometedora tecnología.

Sin embargo, este entusiasmo suele causar preocupación entre el público en general. Por influencia de películas como Matrix o Terminator, el ciudadano corriente se pregunta si las máquinas no acabarán desempeñando un papel cada vez más dominante en el campo de batalla, limitando inexorablemente el lugar del hombre y deshumanizando la guerra. ¿Serán los avances en IA tan impresionantes que anularán el arte de la guerra y nos llevarán inexorablemente al Armagedón?

El primer escollo que debemos superar en los debates sobre la IA es la definición de la tecnología. Dada la gran diversidad de aplicaciones, no hay todavía consenso sobre ese punto. Por lo tanto, nos referiremos aquí a ella sencillamente como los programas informáticos de mañana. Esa tecnología es reciente y debemos distinguir entre lo que ya puede hacer y lo que podría llegar a lograr. La IA débil, que es una realidad en algunos ámbitos, resuelve problemas específicos y limitados. Una IA fuerte —que, a día de hoy, es sólo una promesa— sería capaz de llevar a cabo el conjunto de las tareas realizadas por los humanos.

Actuales aplicaciones militares

En el terreno militar, existen ya numerosas aplicaciones. Probablemente la más destacada sea el proyecto Maven. A los operadores estadounidenses que explotan imágenes y grabaciones recogidas en los teatros de operaciones les resulta imposible verlas todas de lo imponente que es el volumen de datos. Solamente un 15% del catálogo de inteligencia ha sido procesado previamente de ese modo. Maven es un algoritmo creado para alertar a los operadores cuando en las imágenes aparecen objetos de interés, como un vehículo o individuo específico.

Para la comunidad militar estadounidense, el interés de Maven es doble. Por una parte, sirve para acumular una gran experiencia en el aprendizaje de la utilización de la IA en un contexto operativo. La importancia que debe concederse a la calidad de las bases de datos que alimentan el software es subrayada, por ejemplo, por los generales estadounidenses. Por otra parte, la IA simplifica enormemente el procesamiento, la clasificación y el análisis de la ingente cantidad de datos recogidos.

Tal es hoy su principal contribución en el mundo militar. Ofrece la posibilidad de explotar con fines de defensa y seguridad el enorme caudal de información generado por la revolución digital. No es un arma decisiva en el campo de batalla. Es comparable más bien a otros inventos como la electricidad o el motor de combustión, que dieron lugar a una revolución industrial una vez consolidado su desarrollo y suscitaron evoluciones en la organización de las fuerzas armadas.

Su campo de aplicación puede extenderse al control de los datos físicos. Es posible anticipar ciertos fallos del equipo siguiendo la evolución de parámetros como la temperatura o el consumo de aceite de los motores o las turbinas. Si podemos anticipar cómo funcionan las piezas de los vehículos, aviones o barcos, resulta más fácil planificar los aspectos logísticos de una maniobra.

La profundización de las tácticas actuales

Las actuales aplicaciones militares de la IA son todavía limitadas, pero podrían desarrollarse rápidamente a corto y medio plazo. Podrían contribuir a desencadenar una nueva revolución en los asuntos militares (RAM). Definimos la RAM como un cambio en el ámbito de la táctica debido a la introducción de una nueva tecnología que suscita la creación de conceptos originales, el establecimiento de nuevas organizaciones y el desarrollo de equipos innovadores. Las máquinas podrán transferir instrucciones a la velocidad de la luz con fines de identificación, predicción, decisión o acción

La RAM generada por la IA prolongaría la ampliamente descrita en la década de 1990. Tras la rápida victoria de Estados Unidos y sus aliados sobre los ejércitos iraquíes en 1991, muchos expertos se preguntaron por el papel de las tecnologías de la información en ese triunfo. Se impuso entonces un modelo. Cubriendo el campo de batalla con sensores y combinando los datos que pudieran recoger, el jefe de las fuerzas tendría una visión instantánea del dispositivo enemigo. Y podría entonces actuar de la forma más apropiada para maniobrar o dirigir el fuego y destruir las posiciones enemigas.

La introducción de la IA podría fortalecer y ampliar ese modelo. De entrada, siendo capaz de tener en cuenta datos mucho más variados y diversos que la posición de las diferentes tropas enemigas para elaborar una situación táctica. Su radio de acción es mucho más amplio. Los operadores podrán alimentar los algoritmos codificando los procedimientos, las doctrinas contrarias o el modo de dirigir, de razonar, de los generales enemigos.

Las ciencias humanas se movilizarán para tener en cuenta parámetros psicológicos, constantes culturales, elementos sociológicos o capacidades económicas. El valor de los datos ya no será instantáneo, como en el caso de los sensores que barren el campo de batalla. Al dotar de sentido el pasado, podrían anticiparse mejor al futuro por inducción. La niebla de la guerra se despejaría más o menos según las circunstancias.

Además, la velocidad de ejecución de los algoritmos capaces de procesar y mejorar inmediatamente los datos recibidos dictará el ritmo de ejecución de ciertas tareas. Las máquinas podrán transferir instrucciones a la velocidad de la luz a otras computadoras u operadores con fines de identificación, predicción, decisión o acción. El cerebro humano se verá sometido a una competencia cada vez más mayor, y la potencia de los procesadores se convertirá en la nueva vara de medir.

Disponer de una superioridad informática constante sobre el adversario proporcionará la ventaja de poder actuar y reaccionar más rápidamente a los acontecimientos. No cabe duda de que el ritmo de las operaciones vendrá dictado por el bando que posea la IA más potente. El ataque podría verse favorecido en el futuro.

Más robots en el campo de batalla

Por tanto, da la impresión de que la IA débil amplificará en un primer momento las orientaciones estratégicas ya tomadas en el marco de la RAM en los noventa. ¿Qué pasará cuando se confirmen los progresos de la IA, cuando sus rendimientos sigan aumentando significativamente? En primer lugar, es probable que otras tecnologías se desarrollen al mismo tiempo. Nanotecnologías, biotecnologías, armas de energía dirigida o dispositivos hipersónicos se beneficiarán de los avances de la IA y serán cada vez más indispensables en el campo de batalla, lo que a su vez estimulará su desarrollo.

Semejante efervescencia podría finalmente dar lugar a lo que los historiadores militares llaman una revolución militar (RM). Ese concepto designó en un principio el modo en que la aparición de la artillería y la renovación de la infantería en el campo de batalla condujeron en el siglo XVII a la creación de instituciones especializadas para producir armas y mantener a los soldados en campaña. Los estados, los únicos capaces de hacer frente a tales gastos, se vieron reforzados. De modo que una RM remite a transformaciones cualitativas en la estructura de los ejércitos y en la forma en que luchan, unas transformaciones que conducen a cambios políticos y sociales. Las RM tienen un alcance mucho más profundo que las RAM

La próxima RM podría verse desencadenada por la adopción cada vez más generalizada de la IA/automatización en los ejércitos. Ya en marcha para muchas otras funciones, esa automatización podría tomar ante todo la forma de un drone de combate tipo loyal wingman (compañero leal). Modelos como el Valkyrie XQ-58A estadounidense ya están en desarrollo. El concepto es sencillo: un robot se asocia estrechamente con un hombre a cargo de un sistema de armas (como un avión de combate, un vehículo blindado o incluso un buque).

El robot tiene una autonomía cognitiva limitada. No piensa por sí mismo, pero responde a las intenciones de su dueño. Está equipado, por ejemplo, con una reserva de municiones, puede activar sensores suplementarios, puede incluso suministrar energía al sistema de armas dominante para que cumpla su misión durante más tiempo. De modo general, amplifica los recursos de que dispone el guerrero al que acompaña.

Sin embargo, el compañero leal quizá sea reemplazado en una o dos generaciones. El perfil de su sucesor podría depender de la decisión de privilegiar o no la automatización a ultranza. Existen en este sentido dos teorías opuestas: los defensores de una guerra de nuevo cuño y los humanistas militares.

Para los primeros, la IA ofrece oportunidades incomparables que hay que explotar al máximo. Captando con suma rapidez una situación táctica, tomando decisiones óptimas basadas en modelos probados, dirigiendo otras plataformas automatizadas, la IA puede animar robots que actúan de manera concertada en el espacio y el tiempo, realizando instantáneamente la maniobra más adecuada. La hiperguerra, donde desaparecería el proceso humano de toma de decisiones, o la guerra a la velocidad de la luz, impulsada enteramente por las nuevas tecnologías, sería en semejante escenario la norma.

Los defensores del humanismo militar se oponen a ese tipo de guerra de la que el hombre quedaría parcialmente excluido. Su rechazo puede estar motivado por el temor al desarrollo de contramedidas eficaces que volverían inoperantes a los robots, por el riesgo de una pérdida de control de las máquinas, por la idea de que la profesión de soldado perdiera su carácter heroico o por el rechazo de la posibilidad de que la muerte venga dada por algoritmos y sin intervención humana asumida.

De modo que podría extenderse otra forma de automatización para satisfacer en parte a los detractores de la automatización completa. El soldado del futuro podría ser el pastor de un rebaño de robots especializados.

Podría asignar a cada máquina una tarea particular o, por el contrario, concederle cierta autonomía en el marco de su misión, una autonomía mucho más importante que en el caso del compañero leal, para concentrarse él en las operaciones esenciales.

Uno o más robots se encargarían de vigilar una amplia zona con autorización previa, por ejemplo, para destruir cualquier ingenio hostil que entrara en ella. Liberado de numerosas tareas, el pastor estaría mejor capacitado para enfrentarse a otros acontecimientos imprevistos, utilizando al máximo su adaptabilidad y creatividad. Y, sobre todo, el lugar del hombre se mantendría dentro del círculo de decisión y acción.

Quizás el criterio decisivo para decidir cuál de esos modelos prevalecerá finalmente sea la eficacia de cada uno de ellos en el combate. En cualquier caso, la primera consecuencia de la difusión del par IA/automatización será la reducción del número de guerreros.

Los robots no sustituirán a todos los soldados, cuyos rendimientos se verán sin duda aumentados por el añadido de prótesis y otros implantes; pero probablemente se encargarán de la parte más peligrosa de las misiones, como la entrada en primer lugar en una zona de alta letalidad.

El ethos del guerrero humano podría evolucionar con su nuevo papel. La posibilidad de distanciarse físicamente de los lugares donde la violencia es más extrema modificará las expectativas. El soldado ya no será considerado como un héroe únicamente por el hecho de poseer determinados recursos morales para hacer frente a la brutalidad de la guerra. Disponiendo de superioridad tecnológica, su heroísmo se definirá también por la capacidad de dominar la violencia, de usar el nivel de fuerza adecuado en función de las circunstancias.

El soldado del futuro podría ser el pastor de un rebaño de robots especializados. Podría asignar a cada máquina una tarea particular o, por el contrario, concederle cierta autonomía en el marco de su misión

En el curso de los últimos años, con la multiplicación del uso de drones, se han señalado con frecuencia las consecuencias políticas de la automatización militar. Algunos expertos consideran que el costo político o económico de la guerra podría reducirse significativamente una vez que se afirmara la superioridad tecnológica de un bando.

Sin embargo, eso supone olvidar que el enemigo siempre dispone de un voto para la guerra. Quizá ceda en el campo de batalla, pero puede adaptar su respuesta desplazando el teatro de la guerra. Golpeando con habilidad, puede aumentar el costo de la guerra para su adversario, ya sea desde el punto de vista humano (tomando represalias contra los ciudadanos del adversario), económico (actuando contra sus intereses) o simbólico (obligándolo a actuar al margen de las normas del derecho internacional o humanitario). La automatización no podrá evitar por completo semejantes respuestas.

En última instancia, lo que más probabilidad tiene de transformarse en caso de revolución militar es la relación del ciudadano con la guerra. Maquiavelo condenó severamente a los condottieri, mercenarios al servicio de las ciudades italianas, puesto que libraban, en su opinión, una parodia de la guerra y atenuaban el espíritu militar de los habitantes de las ciudades.

Vio en ese fenómeno una explicación del fracaso de las ciudades Estado durante las guerras italianas del siglo XVI. Un proceso similar podría repetirse de prevalecer en los ejércitos una autonomización excesiva. De ceder una parte de su seguridad a los algoritmos, el ciudadano del futuro podría expulsar la guerra de su horizonte, dotar de gran autonomía a las instituciones encargadas de la defensa... y arriesgarse a un duro retorno a la realidad en el caso de que fracasaran sus robots militares.

¿Y después?

La cuarta y última etapa del desarrollo de la IA quizá sea la llegada de una IA fuerte. No cabe duda de que semejante acontecimiento desencadenaría una mutación en la relación entre el hombre y la guerra, equivalente a un cambio de civilización. Algunos futurólogos como Alvin Toffler han considerado que la sociedad humana sólo ha conocido tres mutaciones en el curso de su historia: la revolución agrícola, la revolución industrial y, por último, la revolución de la información.

Kenneth Payne, investigador del King’s College de Londres y experto en la relación entre la IA y la estrategia, reduce a dos el número de mutaciones. La primera habría ocurrido hace unos cien mil años cuando las transformaciones cognitivas llevaron a la humanidad a conquistar el mundo. En esa época habrían aparecido los fundamentos de la guerra tal como la conocemos. Según Payne, una segunda mutación se producirá con el desarrollo de la IA, que impondrá nuevos patrones cognitivos y una nueva forma de librar la guerra.

Las IA débiles ya participan en la toma de decisiones. Es posible seleccionar modos automáticos de disparo, por ejemplo, en sistemas de defensa superficie-aire (como el Aegis) capaces de decidir solos qué objetivos priorizar. La auténtica ruptura se producirá cuando una IA fuerte pueda ofrecer una ayuda a la decisión en materias estratégicas, teniendo en cuenta de manera exhaustiva una considerable cantidad de datos procedentes de ámbitos cada vez más vastos.

Es probable que una IA razone de forma diferente a los humanos. Estos están sometidos en su elección a la fatiga, la presión del grupo o a importantes sesgos culturales. Además, la facultad de juzgar del ser humano depende de su deseo, su cuerpo, su conatus, por usar el término de Spinoza. No se corresponderá nunca con una racionalidad pura. La de la IA tampoco alcanzará semejante grado de perfección, pero podrá acercarse a él aplicando estrictas reglas de lógica.

Dibujará caminos originales para alcanzar los objetivos asignados. Y ya lo hace: Lee Se Dol, campeón coreano de go, quedó desestabilizado durante una partida contra el programa AlphaGo por un movimiento de la máquina. La probabilidad de que un hombre realizara esa jugada se calculó en una entre 10.000, de lo incongruente que parecía. Ese movimiento permitió al software derrotar a su adversario humano.

No cabe duda de que ese enfoque cognitivo diferente, más lógico, completo y sistemático que el del hombre cambiará nuestro enfoque de la guerra. Desde luego, no abolirá por completo el azar o la incertidumbre. Sin embargo, a medida que la IA se vaya haciendo fuerte, reducirá la libre actividad del espíritu que caracteriza a la acción militar en la trinidad clausewitziana.

El manejo del entendimiento puro, la encarnación de lo político en esa misma trinidad, que comprende también al pueblo, se extenderá a la esfera militar a través de las máquinas que actúan a ese nivel. Podría ocurrir entonces que las conexiones entre lo político y lo militar se simplificaran, se hicieran mucho más cercanas.

Las dos entidades emplearían un método común para lograr un objetivo compartido. El uso de la violencia se ajustaría definitivamente al nivel suficiente para satisfacer las necesidades políticas. La guerra podría entonces no tener ya una gramática propia, una dinámica específica. Tras ello, los soldados, los generales, verían disminuir su utilidad.

El desarrollo de la IA está todavía en sus albores y sigue siendo incierto. La historia de la IA está salpicada ya por numerosos fracasos. Algunos de los caminos explorados en la década de 1970 y a finales de la de 1980 han resultado ser callejones sin salida, y pesaron muchísimo sobre las investigaciones de esa época. No obstante, reflexionar sobre sus aplicaciones potenciales puede ayudarnos a prevenir ciertos abusos o catástrofes.

En la actualidad, el observador se encuentra en una posición similar a la de un testigo del siglo XVI al que se pidiera que intentara formular las consecuencias de la introducción de la pólvora en el futuro de la guerra. Al corriente de los inventos de Leonardo Da Vinci y con un poco de imaginación, ese testigo habría podido imaginar que cada soldado acabaría disponiendo de armas individuales que usarían la pólvora para enviar proyectiles (los fusiles), que sus efectos podrían ser cada vez más destructivos (cañones con calibres cada vez más grandes). El límite se alcanzaría cuando el poder de destrucción fuera tan importante que pusiera en peligro la supervivencia de la especie humana (bombas atómicas, aunque sepamos que la tecnología es diferente).

Es posible concebir un proceso similar con la IA. La automatización se extenderá por los ejércitos; sobre todo, entre los soldados, que podrán apoyarse en los robots para cumplir sus misiones.

La ayuda a las decisiones abrirá enormes oportunidades a los combatientes y a los encargados de tomar decisiones, y propondrá formas originales de alcanzar los objetivos que decidan fijar. Ahora bien, si los progresos de la IA continúan, la aparición de una IA fuerte, o incluso de una superinteligencia, podría poner en peligro el destino de la humanidad a largo plazo. De modo que a ella le corresponderá establecer barreras tecnológicas, conceptuales, operativas y organizativas para limitar la probabilidad de nuestra extinción, a la manera de los estrategas nucleares.

Por Jean-Christophe Noël (*). La Vanguardia

* Investigador asociado del Centro de Estudios de Seguridad del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).

domingo, 16 de agosto de 2020

RAY BRADBURY. EL POETA QUE VIÓ EN MARTE EL MUNDO DEL PRESENTE

Esteban Ierardo. 15 de agosto de 2020

Las estrellas y los cohetes siempre fascinan. Las distancias espaciales agrandan la mente. Tal vez por eso, uno de los rasgos principales de la literatura de Ray Bradbury (1920-2012), de cuyo nacimiento se cumplen cien años la semana próxima, es la mirada crítica sobre nuestro mundo a través de su duplicación en Marte. En la vastedad del espacio, Bradbury encontró angustia y soledad, pero también se zambulló en la inmensidad cósmica y en el planeta rojo para elaborar "cuentos con propósitos morales".

Siempre se lo encasilla en la ciencia ficción, pero su universo imaginativo no se ancla en la especulación científica futurista. Desde sus colaboraciones en la revista pulp Planet Stories, descolló sobre todo en la literatura fantástica. Solo concedió que su novela Fahrenheit 451, de 1953, podría ser incluida en un imaginario de science fiction. La fuerza de sus historias, con intenciones moralizantes y mediadas por lo fantástico y poético, ponen en evidencia los peligros del exceso tecnológico, la deshumanización, el belicismo, el hombre amenazado en su libertad, la repetición de una mentalidad regresiva y alienada, el deterioro de la imaginación en la cultura de la mecanización y el racionalismo no autocrítico.

Crónicas marcianas (1950), la primera perla de su estrategia narrativa, rebosa ya escepticismo respecto al camino tecnocientífico que, en su devenir sin límites, socava civilizaciones y personas. Se trata de un libro arquetípico en el que la visión crítica, a horcajadas de la imaginación, embiste contra el racismo y el extermino de ecosistemas y pueblos nativos. Borges tradujo y prologó la primera edición de Minotauro, en la que se pregunta: "¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?".

Bradbury no conoció la educación formal. Fue un autodidacta. Su escuela fueron las lecturas en una biblioteca pública, mientras vendía diarios en la calle. En su creación literaria cultivó distintos géneros, además de lo fantástico, desde prosas policiales hasta las de tenor realista y costumbrista. También trabajó como guionista en numerosas películas y series de televisión. Escribió además poemas y ensayos. Y tuvo sus experiencias teatrales en Los Ángeles y Nueva York. Leviathan 99, a pesar de su condición de ópera, fue escrita como obra de teatro. En 1969 presentó en el Royce Hall de la Universidad de California de Los Ángeles su cantata Christus Apollo, con texto leído por Charlton Heston y música de Jerry Goldsmith para orquesta, coro y soprano; y escribió Madrigales para la era espacial (1972) con música del argentino Lalo Schifrin.

En Zen en el arte de escribir, Bradbury observa que escribir es ser libre de las exigencias del mercado o de los "círculos de vanguardia". El escritor debe buscar una "alimentación deliberada" que es la lectura, tanto de la "alta cultura" como de la "cultura de masas" con sus cómics. La alimentación creativa en Bradbury comienza en 1932, a sus doce años. Entonces lo asombra el mundo futurista y espacial de Buck Rogers, la novelística de Edgar Rice Burroughs, el programa radial nocturno El mago Chandu o el personaje de feria el Señor Eléctrico.

Nacido el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, Bradbury recordaba sus días infantiles como un "pasado sensorial" en el que todo lo que sentía como niño "de alguna manera era verdad". Los relatos bradburianos impresionan por su fluida narrativa "cinematográfica". De hecho, se autopercibía como "hijo del cine", y no dudaba en afirmar que sus cuentos eran guiones porque "cada párrafo es una toma". Fue guionista de Moby Dick, la versión fílmica de John Huston de la célebre novela de Herman Melville, en 1956. Y escribió el guión cinematográfico de su novela La feria de las tinieblas (1962).

Además de las mencionadas Crónicas marcianas (que acaban de ser reeditadas en la colección Esenciales del sello Minotauro), entre sus grandes libros de cuentos también están Las doradas manzanas del sol (1953), El país de octubre (1955), Remedio para melancólicos (1955). Y, sobre todo, El hombre ilustrado (1951). Aquí se encuentran algunos de sus relatos modélicos, entramados a través de la historia de un hombre solitario que vaga con el cuerpo cubierto de tatuajes-ventanas que se abren a una red de historias paralelas.

En "La pradera" unos niños juegan en el Cuarto de la Vida Feliz, una habitación que permite el traslado virtual a otros escenarios geográficos o históricos. Los niños se obsesionan con este juego de simulacros. Por eso su padre, George, decide el cierre definitivo del cuarto en la casa máquina, para que sus hijos no enajenen su libertad en dosis excesivas de tecnodependencia. "Nos hemos pasado los días contemplando el ombligo, un ombligo mecánico y electrónico", dice George. Pero los niños se resisten a perder su mágico juguete. Prefieren recibir golosinas virtuales antes que hacer las cosas por sí mismos. Abrumados, George y su esposa reclaman la ayuda de un psiquiatra, que aconseja el cierre de la sala virtual. Pero antes, en una imaginaria selva africana dentro del Cuarto de la Vida Feliz, los padres serán víctimas de la inesperada venganza de unos hijos desairados.

"La pradera" es un relato de anticipación. Antes de la aparición de Internet y lo virtual, ese cuarto de juegos sugiere el peligro del reemplazo del mundo real por la simulación del espacio tridimensional.

Falso orgullo

En "Lluvias continuas" unos astronautas quedan atrapados en un planeta Venus sumido en un aguacero continuo. En el simbolismo arcaico el agua es fuente de la vida, pero también es la inundación y lo que disuelve las formas. Este último rasgo prevalece en el relato, de modo que el agua es lo que socava y erosiona al humano, antes orgulloso y seguro de sí. "Unos pocos días bajo esta lluvia y uno ya no tiene ni cara, ni piernas ni manos", dice el narrador.

"Los desterrados" es emblemático de la literatura de Bradbury como defensa de los poderes de la imaginación. En el relato, una ley prohibió las obras de la imaginación libre hace casi un siglo. Los ejemplares de poderosas obras de ficción, desde Poe y Bierce hasta Stoker, Irvin, Blackwood, Lovecraft o Huxley fueron encerrados en los museos. Esos autores desterrados sobreviven a orillas de un mar seco en Marte. Unos astronautas de la Tierra llegan al Planeta Rojo con la misión de destruirlos. Son la marea invasora de la cultura de la ciencia y el progreso, de aquellos que "no quieren dejar nada sin clasificar"; de los que "carecen de la imaginación", "esos jóvenes del cohete, tan limpios, con sus escobas antisépticas y sus cascos como peceras"; los "sacerdotes de un nuevo culto", que ansían edificar, aun en la solitaria sequedad marciana, otra catedral de religión científica con sus dogmas de verificaciones empíricas, sus ritos matemáticos y sus ceremonias tecnológicas. El líder de la resistencia es Poe, que, a pesar de sus esfuerzos, "parecía el demonio de una oscura causa perdida, un general derrotado en una desastrosa invasión".

La intuición artística, libre del límite lógico, es parte de lo siniestro para la civilización unilateralmente racional. Por eso los invasores queman los ejemplares remanentes de las obras de los desterrados, de aquellos que ven más allá de las atalayas científicas. La libertad de la imaginación, entonces, arde en un fuego destructor. Recurso que Bradbury imaginó también en "Usher II", de Crónicas marcianas, donde la otredad maldita representada por una réplica de la Casa Usher de Poe en Marte es destruida por una gran hoguera. "Nada de libros, nada de casas, nada que pueda sugerir de alguna manera fantasmas, vampiros, hadas y otras criaturas de la imaginación", dispone la ley. También en Fahrenheit 451 (su gran novela, junto a El vino del estío, de 1957), la cultura escrita del pasado lleva a los hombres a pensar por sí mismos, y eso amenaza a una sociedad del control total, por lo que los libros son devorados por las llamas de especiales escuadrones de bomberos.

En "La mezcladora de cemento", Ettil Vrye asume que debe ser parte de la invasión del planeta Marte a la Tierra. Sabe que los terrestres han imaginado muchas invasiones marcianas. Todas fracasan. Ettil cree que la literatura prefigura la realidad, por lo que el nuevo intento de conquista debe de estar destinado también al fracaso. Cuando llega a la Tierra no lo esperan cañones, fuegos de metralla o misiles. Porque los terrestres reciben a los invasores con aplausos, hurras y fanfarrias. Ettil comprende: "hemos sido arrojados en esta civilización como un puñado de semillas, en una mezcladora de cemento. Ninguno de nosotros podrá sobrevivir. Nos matarán a todos, pero no con balas, sino con un amable apretón de manos. Nos destruirán a todos, pero no con cohetes, sino con un automóvil...".

Realismo político

Casi una meditación de realismo político: la mejor forma de dominar no es por la amenaza y la muerte, sino por un exceso de aparente cordialidad. La sociología de la manipulación que abriga el relato bradburiano se asemeja al Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie, un ensayo del pensador francés del siglo XVII que observa que la esclavitud es voluntaria. Nadie es dominado si previamente no lo consiente. Así, Ettil termina por entender que "la guerra es mala, pero la paz puede ser algo horrible".

En "Globos de fuego", también en El hombre ilustrado, Bradbury traslada a un escenario marciano la voluntad evangelizadora para reintroducir, como siempre, su indirecto aguijón crítico por la mediación de lo fantástico. Tal vez los nativos del Planeta Rojo aún viven en el pecado original, ignorantes de Dios. Es preciso entonces ayudarlos a ver la verdad. Para cumplir su misión, unos misioneros construyen una iglesia, con un órgano. El padre Pelgrine toca el instrumento. El ansiado encuentro se produce. Pero no es lo esperado: los marcianos que acuden al llamado de la música aclaran que han encontrado una vía de liberación y flotan como globos luminosos: "Tomamos esta forma de luz y fuego azul y comenzamos a vivir, para siempre en el viento, el cielo y las colinas, ya nunca orgullosos ni arrogantes, ni ricos ni pobres, ni apasionados ni fríos".

Los viejos marcianos son ahora inmortales, viven libres del pecado, emancipados de las pasiones violentas. Cada uno de ellos "es un templo en sí mismo". El Padre Pelgrine comprende: "No podemos levantar una iglesia para vosotros. ¡Sois la belleza misma!". Los globos de fuego marcianos enseñan una verdad más amplia: el camino a lo divino está en los muchos mundos, en la Tierra, en Marte, en todas partes. Y el cuerpo es también lo que puede ser transformado: de la pesadez orgánica hacia cuerpos-luz, una forma de espiritualización de la materia.

Pero el cuerpo puede ser también el de un androide, que refleja un camino de la inteligencia artificial no solo como red de algoritmos eficaces sino como una maquinaria para emular, e incluso superar, lo mejor del sapiens: la empatía, la comprensión, la sensibilidad. Así es en el "Canto del cuerpo eléctrico", de Fantasmas de lo nuevo (1969), en el que una abuela, en realidad un humanoide eléctrico, actúa como fuente de enseñanzas de la familia; es una colmena de abejas-pensamientos que poetizan el mundo. Una abuela con un cuerpo eléctrico (una expresión que procede de "Yo canto al cuerpo eléctrico" de Walt Whitman), es la máquina espiritualizada que transmite a sus nietos una visión más alta de la existencia.

Los opuestos, conciliados

Y el deseo de superación de los conflictos y de la reintegración flota también como libre modelo utópico en la hermosa narración "La dorada cometa, el plateado viento", de Las doradas manzanas del sol. Dos ciudades se refugian tras murallas. Una ciudad tiene la forma de un cerdo, la otra de una naranja. El mandarín de la ciudad-naranja asegura que el cerdo devorará la naranja. Entonces ordena reconstruir sus murallas con la forma de un garrote para golpear al cerdo. La ciudad-cerdo replica rediseñando sus muros con las llamas de una hoguera para quemar el palo agresor. Pero el conflicto impide el tiempo pleno del amor, de la pesca, la caza, la devoción familiar o la veneración de los antepasados.

Al final, los mandarines de las dos ciudades comprenden. La sabiduría es la unidad; la ignorancia, el enfrentamiento continuo. Así, las murallas de una ciudad adquieren la forma de una cometa dorada; las de la otra, la agilidad del viento. Las ciudades antes empeñadas en destruirse ahora serán La Ciudad del Viento plateado y La Ciudad de la Cometa Dorada. "La cometa quebrará la uniformidad de la existencia del viento y le dará sentido. Uno no es nada sin el otro. Juntos, todo es cooperación y una larga y prolongada vida".

La épica también brilla en la literatura de Bradbury. En "El tambor de Shiloh", de Las maquinarias de la alegría (1964), es inminente una batalla. Pronto, la guerra se encargará de robar miles de vidas. Los cañones vomitarán furia y enojo. Las plantas y los pájaros también serán víctimas de la violencia. Joby, un niño, espera junto a su tambor. Algo podría hacerle intuir que lo mejor sería evitar el riesgo, no participar en la tempestad de balas que se avecinan. Pero el general de su ejército lo visita, le dice que él dará las órdenes pero que Joby y su tambor marcarán el paso, por lo que debe saber que si golpea lentamente su instrumento "el corazón golpearía lentamente en los hombres". Solo el vigor de su tambor podría vestir con "una armadura de acero a todos los hombres".

En el relato "En una estación de buen tiempo", de Remedio para melancólicos, George Smith admira a Picasso. Encuentra al genio español en una playa. Con un humilde palito de helado, el artista dibuja sobre la arena un jeroglífico de imágenes de docenas de sátiros, toros, unicornios, ninfas. El artista se va y Smith recorre, una y otra vez, "el friso de arena", hasta que la marea sube y disuelve los dibujos en la playa, que solo sobrevivirán en su memoria.

Y como Smith, Bradbury hace de su escritura un acto de memoria: del humanismo y la poesía, de la imaginación y las doradas manzanas del sol. Y de la grandeza del espacio. Pero no el espacio como mera escenografía galáctica o marciana, sino como, primero, metaforización del espacio del conflicto en la Tierra, de la amenaza del exceso de técnica y racionalidad, de la alienación y la mutilación. Aquello que impide que la mente se expanda en el otro espacio, más allá de Marte y hacia lo nuevo y distinto, en el que los cohetes de Bradbury viajan dejando detrás su estela de fuego.

domingo, 10 de noviembre de 2019

EL FUTURO YA LLEGÓ. PORQUÉ LOS LÍDERES DEBERÍAN PENSAR COMO AUTORES DE CIENCIA FICCIÓN

La ciencia ficción aporta una mirada diferente sobre la evolución de la sociedad 
Crédito: Shutterstock
La literatura fantástica ayuda a modificar los marcos de referencia y les brinda herramientas a las organizaciones para adaptarse al cambio
Eugenio Andrés Marchiori. 9 de noviembre de 2019 

"Nuestra vida en el siglo XXI, más que cualquier cosa, va a pasar por las nuevas tecnologías, en especial la inteligencia artificial (IA) y la biotecnología. Para la mayoría de las personas la comprensión de estas tecnologías y de su potencial, para bien o para mal, viene de la ciencia ficción? Por eso creo que es el género artístico más importante de la actualidad y también debe ser el más responsable", decía en una entrevista Yuval Noah Harari, autor, entre otras obras, del libro 21 lecciones para el siglo XXI.

Son incontables las oportunidades en las que la ciencia ficción (CF) y el género fantástico se anticiparon a adelantos que luego serían parte de lo cotidiano. En 1818, Mary Shelley, autora de Frankenstein -considerada por muchos la primera obra de CF-, se anticipó a los trasplantes de órganos; en Un mundo feliz, Aldoux Huxley imaginó pastillas capaces de regular los estados de ánimo; en 1984, la célebre distopía de George Orwell, el autor introdujo al Gran Hermano y a la posibilidad del control masivo y omnisciente; en 2001: Una odisea espacial, Arthur C. Clarke muestra a los astronautas usando iPads y a HAL, una computadora inteligente; el mismo autor también predijo la posibilidad de la comunicación instantánea entre las personas sin importar dónde se encontraran; algo similar ocurre en la serie de culto Star Trek, en la que sus personajes usan teléfonos celulares; Julio Verne previó submarinos y viajes a la Luna. Los ejemplos de historias basadas en tecnologías que se anticiparon décadas a su aparición en el mundo real se podrían enumerar de manera indefinida.

Aunque solía ser solo una fuente de esparcimiento, hoy las grandes empresas se están interesando en el género. Compañías como Visa, Ford, Intel, Colgate, Pepsico, Samsung, Fox y muchas otras contratan a autores de CF para que imaginen su futuro, como si se tratara de una historia fantástica. Incluso lo hacen organismos militares como la OTAN y la Marina norteamericana. ¿Qué lleva a las organizaciones a contratar novelistas para que los ayuden a pensar en su futuro? Ari Popper lo llama "visualización corporativa".

Hace algunos años, Popper era el aburrido presidente de una empresa de investigación de mercado. Autor aficionado, se enroló en un curso de redacción de CF. Aunque estaba seguro de que no iba a poder ganar lo suficiente para vivir escribiendo novelas, la experiencia le produjo una epifanía. Popper pensó que, considerando que las empresas suelen gastar grandes cantidades de dinero tratando de predecir cómo cambiará el mundo, nada mejor que la CF para colaborar en esa tarea. Al poco tiempo abandonó su trabajo y fundó SciFutures, una empresa de consultoría que se dedica a escribir "prototipos de SF" para sus clientes. Para hacerlo, cuentan con una red de más de cien autores dispersos por todo el mundo.

La idea es tomar tendencias tecnológicas disruptivas como la IA, la realidad virtual, los hogares inteligentes, la robótica, los drones, los mercados sin intermediarios y otras, e imaginar historias positivas y novedosas para sus clientes basadas en estas. Para Popper, la práctica es útil por varios motivos:

Aporta claridad a la complejidad: para los que no son especialistas, es difícil abarcar la complejidad de las tecnologías emergentes. Creando historias se vuelven más cercanas, se personalizan y permiten tener una conexión emocional.
Genera propiedad intelectual: al crear una historia, nace un caso de uso específico de un aspecto de la tecnología.
Señala una visión de hasta dónde puede llegar la organización: la innovación disruptiva no es una línea recta, sino que es un proceso exponencial. SciFutures busca sacar a sus clientes de la linealidad.
La creación se realiza de manera colaborativa con los clientes. Popper relata el caso de una empresa de chocolate a la que le interesaba imaginar el futuro de su industria y relacionarlo con las impresoras 3D. El proceso creativo se realizó en varios pasos:
El cliente proporcionó información sobre su negocio.
Se hizo un taller con el cliente para cocrear historias futuristas.
Surgieron relatos utópicos y distópicos que fueron el material en bruto.
Se hizo llegar ese material a algo de una centena de escritores a nivel global para que escribieran cuentos en los que el futuro del chocolate y de las impresoras 3D fueran significativo.
Emergieron diferentes futuros posibles y se seleccionaron aquellos que mejor podrían ajustarse a un plan estratégico innovador.
SciFutures entregó como producto videos, comics o experiencias de realidad virtual para contarle al cliente cómo podría ser el consumo de chocolate empleando impresoras 3D.

La CF no es útil por ser predictiva, sino porque ayuda a cambiar el marco de referencia sobre el mundo. Así crea un lugar para cuestionar los modelos mentales y lleva a imaginar escenarios alternativos a aquellos que se encuentran arraigados en la memoria. Es probable que empresas como Kodak (irónicamente, sus técnicos fueron los inventores de la fotografía digital) o Blockbuster no hubieran desaparecido de haber permanecido abiertas a la fantasía.

La técnica de visualización corporativa (clásica en el caso de la inteligencia militar) es similar a la de escenarios empleada por Shell que le sirvió para predecir la crisis petrolera durante la década del '70. La idea era combinar hechos conocidos sobre el futuro -como tendencias demográficas, geografía, información sobre industrias, perspectivas económicas, opiniones de expertos y otras fuentes- para generar escenarios posibles. Para cada alternativa seleccionada, Shell tenía preparada una respuesta estratégica, gracias a lo cual tuvo una capacidad de reacción muy superior a la de sus competidores.

Los líderes empresarios tienen que estar atentos a los desafíos que la nuevas tecnologías disruptivas suponen para sus empresas. Deben ser capaces de cumplir tres condiciones básicas para el cambio. La primera es encontrar a las personas especiales en la empresa capaces de ir contra la corriente; la segunda es servir de escudo entre esas personas innovadoras y la resistencia natural de la organización; la última -y la más importante-, deben ser capaces de crear y de contar historias que movilicen a la organización.

El autor es profesor de la Escuela de Negocios de UTDT. Por: Eugenio Andrés Marchiori

viernes, 23 de agosto de 2019

BORGES 3.O: CÓMO Y PORQUÉ EL ESCRITOR SE ADELANTÓ AL SMARTPHONE


Para él la ficción avanza sobre la realidad. Cómo sus ideas funcionan con fuerza en tiempos de Google.
Daniel Mecca. 22/08/2019. Clarín.com  Cultura

Les propongo que imaginemos esta posibilidad: los nazis han derrotado a los aliados en la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos fue invadido y repartido entre los vencedores. En esta realidad los alemanes anexaron la costa atlántica bajo un régimen de terror, mientras que los japoneses han hecho lo mismo con la costa del pacífico. De repente, en este mundo, todos empiezan a hablar de un libro de ficción misterioso que trata de un mundo donde los americanos... han ganado la guerra.

La trama es de El Hombre en el Castillo, una novela de Philip Dick nítidamente borgeana. Como ha dicho Ricardo Piglia, en Borges —de cuyo nacimiento se cumplen 120 años este 24 de agosto— no opera la idea de cómo la realidad entra en la ficción sino, por el contrario, cómo la ficción penetra en la realidad. En otras palabras, cómo la ficción coloniza lo real. En este libro, así, el escritor estadounidense Philip Dick (conocido popularmente por Blade Runner) irrumpe con fuerza la idea de mundos alternativos y paralelos.

Universos paralelos, “descensos infinitos”, sueños dentro de sueños, libros virtuales que contienen todos los libros: todo apunta a indagar sobre el “Borges 3.0”, es decir cómo se vinculan sus ideas emblemáticas—sobre todo los de los años 40 con los libros Ficciones y El Aleph— en los tiempos de los smartphones, google, ebooks y las apps.

Veamos: la teoría de los universos paralelos plantea la posibilidad de infinitos universos simultáneos. Esto proviene de la física cuántica. Para no hacerla complicada: dentro de las leyes de la mecánica clásica –Newton mediante– se puede medir un valor único (digamos la trayectoria de una pelota de fútbol), pero en las partículas cuánticas es diferente: en lugar de tener una posición definida de la partícula en forma perfecta, se tiene una distribución de probabilidades ya que cada una puede estar en todos los lugares a la vez.

En otras palabras, cuando se hace la medición de las partículas microscópicas sólo se obtiene uno de todos esos estados posibles, pero las otras posibilidades que “desaparecieron” están ocurriendo en realidad en universos paralelos. Borges trabaja precisamente esta idea de El jardín de senderos que se bifurcan.

En este cuento, Borges narra la historia del espía del ejército alemán Yu Tsun quien, desde Inglaterra y perseguido por el implacable capitán Richard Madden, necesita comunicar a Berlín la ciudad que deben atacar. Acorralado por Madden, el protagonista idea su plan: encuentra en la guía telefónica el nombre de Stephen Albert, un sabio sinólogo cuyo apellido era igual a la ciudad que los alemanes debían bombardear. El plan era asesinarlo (finalmente lo fulmina de un balazo, con la única bala que tenía en el revólver). Los alemanes comprenderían el cifrado mensaje.

Veamos un poco más de la trama (ojo, sin entrar en spoilers): En los momentos previos a ser asesinado, el sabio reconoce que su asesino es bisnieto de un antiguo gobernador de China que había dejado todo para edificar un laberinto “donde se perdieran todos los hombres” y escribir una novela, El jardín de senderos que se bifurcan, la cual, tras publicarse, fue tratada de insensata ya que allí ocurrían todos los desenlaces, todas las posibilidades a la vez.

“Su antepasado ---le dice Albert a Yu Tsun-- creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo; en otros, yo, no usted; en otros, los dos. En este, que un favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto”.

Publicado originalmente en 1941, este cuento se adelanta 16 años a la llamada Interpretación de los muchos mundos. En rigor, el primero en hablar de "multiversos" (en vez de "universo") fue el filósofo estadounidense William James, en 1895, a quien Borges, efectivamente había leído (como así también a su hermano, Henry James). Esta idea de los universos paralelos también se usa en Rick and Morty, una serie que presente una visión punk, trash, de la astrofísica.

Pero pasemos a El Aleph, otro cuento clásico de Borges, incluido en el libro del mismo nombre de 1949. El texto parte de la muerte de Beatriz Viterbo —la mujer del Borges que es personaje del cuento— en una candente mañana de febrero. Ella era alta, frágil, muy ligeramente inclinada, de graciosa torpeza, como un principio de éxtasis.
El misterio, tras esa muerte , va a ocurrir en una casa de la calle Garay, en Constitución, donde vive el primo hermano de ella, Carlos Argentino Daneri. Beatriz Viterbo había muerto en 1929; desde entonces Borges no dejará pasar un 30 de abril, día de su cumpleaños, sin volver a esa casa.

En el sótano de la casa, en la parte inferior del escalón, hacia la derecha, hay una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Es "el Aleph". Al principio —dice Borges al ver este objeto— la creyó giratoria; luego comprendió que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño.

¿Era el Aleph un smartphone? Guillermo Martínez, autor del libro Borges y la matemática, razona ante Clarín que en realidad en el Aleph están todas las imágenes a la vez, simultáneamente, pero su enumeración, forzosamente, es sucesiva. Es un lugar que es todos los lugares. Así, la esfera (el Aleph) parece tornasolada por la simultaneidad de lo que aparece a la vista. En un teléfono celular podemos encontrar algunas imágenes -no todas a la vez- y en forma sucesiva. Es decir, sería otro tipo de sistema respecto a la “experiencia” que propone Borges. Pero el razonamiento puede invitar a otras analogías.

En el texto está latente lo que Beatriz Sarlo llama estructura en abismo. Escribe ella en Borges, un escritor en las orillas: “El Aleph posee esa propiedad escandalosa: punto que incluye todos los tiempos y todos los espacios, esfera abstracta y concreta, desafía a la percepción porque es un infinito. Sugiere además un dilema filosófico: si contiene todo espacio y todo tiempo, entonces debe contenerse a sí mismo, pero, si se contiene a sí mismo, debe contener otro Aleph que contiene también todo, incluido otro Aleph, y así sucesivamente, de modo tal que es un infinito en abismo, que obliga a preguntarse sobre la ilusión perceptiva (¿se puede captar el infinito por los sentidos?) y sobre la paradoja (¿cómo un infinito contiene a otro infinito?)”.

Parece todo un delirio, ¿no?, pero esta idea de un punto que contiene otro punto la podemos ver cotidianamente. ¿Dónde? En la navegación en Internet (y, por tanto, en los smartphones): navegar implica un link dentro de otro link dentro de otro link, y así. Esta idea se ve con claridad en un cuento de Borges como Las ruinas circulares (un sueño dentro de otro sueño), o el poema Ajedrez. En este poema se lee al final: "Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía?".

Este razonamiento, reflexiona Guillermo Martínez, es un concepto antiquísimo, que viene ya de los gnósticos que tenían “dioses detrás de dioses”, como así también de Aristóteles y, más cerca en el tiempo, de Lewis Carroll y su Alicia en el país de las Maravillas. También está en la teoría literaria con la intertextualidad, o sea un texto dentro de otro texto. Y en el “descenso infinito” de las teorías de la matemática. Es decir son razonamientos antiguos que Borges hace propios —en su mundo universal y a la vez nacional— para crear ese artefacto extraordinario que es su obra.

Pero, en la web, además de lo sucesivo está la profundidad, la memoria. Lo googleado, digamos. Entonces podemos hablar del cuento Funes el memorioso, aquel personaje de Borges que puede verlo todo, que conserva la memoria del detalle. Dice: “Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez”.

Veinte frases increíbles de Jorge Luis Borges
Yendo más allá, utilizando siempre los rastros emblemáticos de Borges, Guillermo Martínez comenta que se podría implementar la idea del e-book que fuera como El libro de arena, en el sentido que describe Borges en dicho cuento y que contuviera todos los volúmenes de todas las bibliotecas.

El narrador, en este cuento, estaba en un cuarto piso de la calle Belgrano cuando oyó un golpe en la puerta. Abrió y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano.

"Vendo biblias", dijo de repente este hombre desconocido. Siguió: "Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese". Abrió la valija y lo dejó sobre la mesa. Era un volumen encuadernado en tela. ​El narrador lo examinó. Lo abrió al azar. Los caracteres le eran extraños. Las páginas, que parecían gastadas y de pobre tipografía, estaban impresas a dos columnas a la manera de una biblia. Llamaba la atención que la página par llevara el número (digamos) 40.514 y la impar, la siguiente, 999.

El vendedor le dijo: "El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna la última. No sé por qué están numeradas de ese modo arbitrario. Acaso para dar a entender que los términos de una serie infinita admiten cualquier número". El narrador lo dice así: quedé prisionero del libro. Ya no se asombra a la calle. Examinaba con una lupa el gastado lomo y las tapas. Comprobó que las pequeñas ilustraciones distaban dos mil páginas una de otra. Las fue anotando en una libreta alfabética, que no tardé en llenar. Nunca se repitieron.​​​

Sin embargo, el protagonista rechaza la posibilidad que se tratara de un artificio, de materia de la ficción. En otras palabras, la ciencia ficción, como en el aleph, perturba la realidad y la hace propia, nueva. Sea a través del formato e-books o en las distintas narrativas de lo digital, lo que ha empezado como imaginación, como ficción, hoy es la materia de lo que está hecho el presente. Parafraseando una idea de Borges, toda ficción es precursora de la realidad.

La ficción colonizando la realidad
Así llegamos a cómo en Borges la ciencia ficción interviene en la realidad. En El Aleph, este objeto está en el barrio de Constitución. ​En otro cuento, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius un misterioso mundo imaginario, citado en una enciclopedia, empieza a invadir la realidad de los narradores. Borges escribe entonces: "el contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles.  Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), 'idioma primitivo' de Tlön". Entonces dice que el mundo será Tlön y que él, Borges, no hace caso, y sigue revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no piensa dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne.

También vemos que el 29 de julio de 1953, Borges y su amigo Adolfo Bioy Casares prologan su antología Cuentos breves y extraordinarios. En el texto ‘Der Traum Ein Leben’ se cita un fragmento del libro Memorias de un bibliotecario (1955), de Francisco Acevedo, que habla de un diálogo entre este autor y su sobrino donde el pequeño le cuenta que lo vio en un sueño y le pregunta, ya en la vigilia, qué estaba haciendo ahí.

Se trata de un autor y un libro ficticios. Francisco Acevedo es el propio Borges: el escritor usa su segundo nombre y el apellido materno para ocultar la pista. Como verificación: en 1973, en una entrevista con María Esther Vázquez, Borges narra la misma anécdota, pero dice que es su sobrino. Está en el libro Borges, sus días y tiempo (Tajamar editores, 2009).

En El acercamiento de Almotásim (de Historia de la Eternidad, 1936) Borges desarrolla la historia de la novela The approach to Al-Mu’tasim de Mir Bahadur Alí. Bahadur es, otra vez, un personaje ficticio. La clave está en el contexto: Borges introduce esta ficción en un libro de ensayos sobre textos reales. Hace así la reseña verdadera de un libro imaginario. Y en "Examen de la obra de Herbert Quain” (Ficciones, 1944) hace una biografía de Herbert Quain y su obra. Es otro personaje de ficción, pero Borges va a producir un giro copernicano: le adjudica a Quain un cuento real, “Las ruinas circulares”... del propio Borges.

Un Borges 3.0 donde el futuro llegó hace rato.

viernes, 22 de marzo de 2019

CASI CIENCIA FICCIÓN. CIENTÍFICOS CREAN UN METAL LÍQUIDO QUE SE COMPORTA COMO EL DE TERMINATOR


El material, esperan, podrá ser utilizado para fabricar robots biomiméticos.
En Terminator, el metal líquido del T-1000 tenía características únicas.
20/03/2019 - 20:07  Clarín.com  Tecnología

Un grupo de científicos chinos logró crear un metal que se comporta de forma similar al del T-1000, el temible robot asesino interpretado por Robert Patrick en Terminator.

El material, por supuesto, está lejos de tener la compleja maquinaria que requiere un robot como el de la película protagonizada por Arnold Schwarzenegger, pero puede ser manipulado con imanes y utilizarse para completar circuitos. Sus desarrolladores, incluso, apuestan a que algún día puedan crearse robots similares a los organismos vivos.

La Sociedad Americana de Química publicó un video sobre el metal en acción, además de un artículo titulado Magnetic Liquid Metals Manipulated in the Three-Dimensional Free Space (Metales Líquidos Magnéticos Manipulados en el Espacio Tridimensional). El proyecto fue llevado adelante por científicos de la Universidad de Beihang en China.

Los investigadores añadieron partículas de hierro a una gota de galio, indio y aleación de estaño sumergida en ácido clorhídrico, indica el informe. "Una capa de óxido de galio se formó en la superficie de la gota, lo que redujo la tensión superficial del metal líquido", detalla el texto, añadiendo que esto es lo que le permite estirarse y moverse sin romperse.

"El material estirado verticalmente puede moverse horizontalmente con medio cuerpo en la solución y la otra mitad en el aire, lo que se asemeja a la naturaleza de un anfibio que camina erguido", explica el estudio.

Por sus atractivas propiedades, este material presenta una plataforma "fundamental y prometedora" para que los metales líquidos desarrollen aún más la actuación multifuncional en el espacio libre y, finalmente, conduzcan "a los robots blandos inteligentes y biomiméticos reconfigurables dinámicamente en el futuro".

CNET

domingo, 10 de marzo de 2019

CARTOGRAFÍA INTELECTUAL DEL SIGLO XXI: IDEAS PARA PENSAR UN MUNDO EN CAMBIO


En un escenario global cada vez más incierto, los desafíos del presente exigen nuevos enfoques y abordajes; aquí, un recorrido por el pensamiento de aquellos que mejor interpretan las paradojas de este tiempo

Hoy la estabilidad de fines del siglo XX se ve lejana e ingenua. Donde antes había consensos y una sensación de progreso global inquebrantable, nos encontramos ahora con confusión e imprevisibilidad. Si el pronóstico era el "fin de la historia", hoy la historia sigue viva y empuja a lugares impredecibles y preocupantes. El siglo XXI pone en jaque nuestras viejas categorías y narraciones. En esas fracturas aparecen quienes, imaginando y provocando, invitan a pensar un poco más.

El propio Francis Fukuyama tuvo que modificar sus pronósticos. Quedó atrás la argumentación hegeliana de que con el fascismo y el comunismo fuera del tablero ideológico, el liberalismo se convertiría en el nuevo orden mundial. Su último libro, Identity. The Demand for Dignity and the Politics of Resentment, intenta explicar por qué la predicción no se cumplió. Encuentra su respuesta en la creciente demanda de reconocimiento de individuos y grupos. Para Fukuyama, la necesidad de afirmar identidades particulares puede explicar desde el Brexit o el #MeToo hasta la Revolución Francesa o la filosofía kantiana. Hoy hay dos modelos conceptuales en pugna: la política identitaria, como deseo y búsqueda de reconocimiento, que choca contra los fundamentos liberales y supuestamente universales del consenso democrático.

En el fondo, Fukuyama reversiona un problema filosófico y ético que ya está en Platón: el conflicto entre la racionalidad y las pasiones. Y si bien desde Nietzsche y Freud conocemos las limitaciones de pensar al individuo como tomador racional y consciente de decisiones, los desarrollos en teoría del conocimiento y economía del comportamiento de los últimos años llevaron esas ideas a todos los campos académicos e intelectuales. En 2002 y 2017, los Nobel de Economía para Daniel Kahneman y Richard Thaler pusieron en primer plano la complejidad de nuestras decisiones. El libro Un pequeño empujón. El impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad, que escribió Thaler con Cass Sunstein en 2008, popularizó el debate de cómo los gobiernos deben relacionarse con los ciudadanos al debilitarse el axioma de racionalidad.

No tan racionales
Las consecuencias de esto van más allá de la economía y el gobierno. El último libro de Sunstein, On Freedom, se ubica en la intersección de la filosofía y las políticas públicas y explora los dilemas que surgen al considerar al individuo un ser no tan racional. La relación con debates candentes sobre el deterioro de la democracia y la interacción de gobiernos con la ciudadania no es tan lejana. En Cómo mueren las democracias, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt toman como punto de partida una diferencia central entre las amenazas que acechaban a las democracias en el siglo XX y las que lo hacen en el siglo XXI. En el pasado, sabemos, las democracias morían en manos de golpes militares. Hoy, en cambio, implosionan desde adentro, por deficiencias en la cultura democrática de sus políticos legítimamente electos. El populismo, entonces, no es un "otro" que viene desde fuera, sino la consecuencia de un conjunto de conductas antidemocráticas muchas veces pequeñas y cotidianas.

Quien se muestra pesimista respecto del futuro es el historiador Yuval Harari, que alcanzó fama internacional con la publicación de Sapiens. En su último libro, 21 lecciones para el siglo XXI, remarca que las armas nucleares, el cambio climático y la disrupción tecnológica son problemas globales que los gobiernos populistas y localistas no pueden solucionar. En el ámbito tecnológico, Harari ve el riesgo de que los beneficios de la inteligencia artificial y la edición genética lleven a sociedades divididas entre quienes tienen acceso a estas tecnologías y quienes no, con desigualdades previamente inimaginables.

Sus advertencias distópicas, que recuerdan al Huxley de Un mundo feliz, pueden parecer exageradas, pero en su crítica a nuestras limitaciones políticas retoma y potencia el mejor argumento de Sapiens: Si nuestro éxito como especie pasó por la capacidad de construir y sostener mitos colectivos como el dinero y las leyes, la crisis de esa capacidad en el siglo XXI es el verdadero peligro. Hoy las viejas historias colapsan y el cosmopolitismo carece de narrativa global. Las fisuras del liberalismo político y de la globalización económica dan lugar a populismos nacionalistas que, por definición, no pueden dar respuesta a problemas que afectan a la humanidad.

La utopía perdida
Muchas de estas preguntas aparecen en el libro Melancolía de izquierda. Marxismo, historia y memoria, del historiador Enzo Traverso. El punto de partida es cercano al de Fukuyama: con la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, los ideales de revolución y comunismo se convirtieron en sinónimos de represión y brutalidad. En la vereda opuesta, la protección del statu quo se volvió sagrada: como cambiar radicalmente es peligroso, debemos conformarnos con reformas graduales. Sin el comunismo, la izquierda, melancólica, quedó huérfana de teleología y de actor: La historia, antes aliada, ahora muestra que la imaginación utópica es imposible, al mismo tiempo que la figura del revolucionario cede a la figura de la víctima su lugar privilegiado en el imaginario de la izquierda. Pero el capitalismo y el liberalismo tampoco pudieron dar las respuestas prometidas, e invitaron a que la atención se centre, con un prisma nacional y étnico, en el pasado. Negados tanto el comunismo soviético como el cosmopolitismo liberal, un mundo sin utopías mira hacia atrás. En la interpretación de Traverso, lo que debemos buscar ante el auge de los nacionalismos no es, como para Harari, la recuperación del globalismo, sino la de la izquierda.

Uno de los intelectuales que más insistió en que las soluciones graduales dentro del sistema no alcanzan fue Slavoj Zizek. A sus ideas suma ahora la reflexión sobre el rol que la ciencia y el desarrollo tecnológico tienen en la regulación de la vida, enfatizando que el control social no necesita hoy de un régimen totalitario explícito, porque ya estamos siendo manipulados y regulados cuando seguimos nuestros deseos a través de sistemas digitales. La única salida, en su opinión, es la salida radical. En su último libro, Like a Thief in Broad Daylight. Power in the Era of Post-Human Capitalism, remarca que esa rebelión ya está sucediendo delante nuestro: tiene sentido que, ante un sistema invisible, la resistencia también lo sea.

La descripción de Zizek se asemeja a la que hace el filósofo Byung-Chul Han. En 2010, en La sociedad del cansancio, vinculaba el aumento de enfermedades mentales con la demanda de eficiencia a los individuos. En un mundo tecnológico de producción inmaterial, sostenía que cada persona es en sí misma un medio de producción. El paradigma de la lucha de clases queda viejo porque los individuos, bajo una retórica de positividad y proyectos de vida, son amos y esclavos a la vez. Esta violencia sistemática se manifiesta más allá de la salud: En La agonía del Eros sostiene que lo más íntimo de la humanidad se ve alterado y que en una sociedad dominada por el narcisismo es imposible desear, porque es imposible entregarse al otro. En 2013, con En el enjambre, Han remarca que las redes sociales agrupan a los individuos en multitudes virtuales aisladas y carentes de sentido: la hipercomunicación digital no nos acerca, sino que nos deja solos en medio de un ruido incoherente.

En las antípodas de estas interpretaciones aparece Steven Pinker, a quién Zizek describió como su enemigo. Su último libro, En defensa de la Ilustración, plantea que es simplemente más realista ser optimista que ser pesimista, y funda esto sobre evidencia estadística de, entre otras cosas, aumento de la esperanza de vida, disminución del número de guerras y cantidad decreciente de personas bajo la línea de pobreza. Según Pinker, que la humanidad sea hoy más sana y rica que nunca no condice con el tono negativo de los medios de comunicación y con las opiniones pesimistas de los intelectuales progresistas que, en sus palabras, "odian el progreso". En contra de ellos, propone defender lo que reconstruye como los principios básicos de la Ilustración: la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso. Debemos buscar explicaciones racionales de las cosas y que sea la evidencia, y no el dogma o la tradición, lo que nos diga si son verdaderas. Y debemos apuntar siempre al bienestar y felicidad de los seres humanos, por encima de valores abstractos como la nación y la religión.

Nuevas oportunidades
También hay optimismo en las ideas de Kai-Fu Lee, líder global en inteligencia artificial y su principal referente en China. Para él, con la automatización del empleo entrará en crisis el trabajo como elemento fundacional de nuestra identidad. En su libro, AI Superpowers. China, Silicon Valley, and the New World Order, Lee ve en esto una oportunidad para que las sociedades encaren un cambio cultural profundo. Liberados de tareas rutinarias, podemos ver quiénes somos: las máquinas no pueden ser ni empáticas ni creativas. En esa diferencia hallamos una definición más plena de nuestra identidad y del camino que deberían tomar nuestras sociedades. En un mundo sin trabajo, harán falta políticas públicas que den prestigio y remuneración a empleos y actividades como el cuidado de personas, la docencia y el voluntariado en una diversidad de rubros, todo lo que implique el contacto cara a cara y el fortalecimiento de comunidades, tareas que las máquinas no pueden hacer. Agrega, además, un vaticinio geopolitico: Estados Unidos ya no es el único líder de innovación tecnológica; China le pisa los talones y tiene a disposición mayor cantidad de datos para trabajar. La descripción de Lee pone de manifiesto que ya existe otro modelo distinto del occidental liberal y democrático tradicional y de su versión populista o nacionalista-étnica. Tal vez el "otro" de la democracia occidental no sea el populismo, sino China.

Demandas insatisfechas
Sin consensos globales, se vuelve urgente para las democracias liberales demostrar que pueden resolver problemas. Y si pensamos hoy en demandas insatisfechas, nada pone más en jaque a nuestras sociedades que el feminismo. La explosión de los últimos años se constata, por ejemplo, en que uno de los libros más leídos sea El cuento de la criada de Margaret Atwood, publicado en 1985. Si bien parte de la razón radica en su adaptación televisiva, su éxito sugiere razones más profundas: ¿por qué nos interpela el relato de June Osborn? Una posible respuesta está en las ideas de Virginie Despentes. Su libro de 2006, Teoría King Kong, impactó fuertemente por hablar sin reservas de temas como la violación, la prostitución, los deseos reprimidos o la pornografía, poniendo sobre la mesa cosas que suelen estar escondidas. En consonancia, Despentes celebra la presencia creciente de las jóvenes en el espacio público: pone de manifiesto una clave de cambio y por eso es fundamental que sean las mujeres quienes narren su historia en sus propios términos. El contacto con la ficción de Atwood es fuerte: el acto más profundo de rebeldía de June es contar su historia, algo que la República de Gilead niega a las mujeres.

El silencio femenino es el eje central de Mujeres y poder. Un manifiesto, reciente libro de Mary Beard. Partiendo de que para combatir la misoginia hay que explicarla, el libro analiza la relación entre la voz de la mujer y la esfera pública, y cómo las características masculinas del debate tienen contrapartida en el silencio femenino. Beard retrotrae las raíces culturales de esto a la Antigüedad, y recuerda cuando Telémaco calla a Penélope en la Odisea. La exclusión de la mujer sigue vigente en el siglo XXI, con la voz femenina limitada para expresar autoridad, ámbito reservado para varones. Beard reclama que se escuche a las mujeres, pero advirtiendo que, como la codificación del poder es masculina, la trampa es que nunca sea suficiente el esfuerzo femenino por adaptarse al statu quo público. Lo que debe cambiarse son los códigos, y sugiere algo interesante: comprender el poder mismo no como una posesión, sino como una acción o un verbo. Con 3000 años de inequidad, el primer paso es hablar sobre estos temas y aumentar la conciencia cultural.

En el siglo XXI, la estabilidad que nos atrevimos a imaginar hace treinta años cruje por todas partes. A la crítica de lo viejo se suman la incertidumbre respecto del futuro y la insatisfacción con el presente. Nos desafía la política identitaria, la mirada nacional y étnica, las conductas populistas y las demandas no satisfechas. Y mientras algunos buscan reencontrar las utopías o salir radicalmente del sistema, crecen modelos distintos y alternativos desde lo político, económico y cultural. Ante este panorama, y parafraseando a Antoine de Saint-Exupéry en Viento, arena y estrellas, una sola cosa parece cierta: el mundo de hoy no puede ser explicado con el lenguaje del mundo de ayer.


Fuente: LA NACION. 10 de marzo de 2019

Por: Iván Petrella y Pablo Marzocca
Pablo Marzocca es licenciado en Filosofia de la Universidad de Buenos Aires; Iván Petrella es Ph.D. en Religión y Derecho de la Universidad de Harvard